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Las mujeres que desafían el frío polar en chacras del Alto Valle y antes de que amanezca ya inician ardua labor

Arrancan cuando la oscuridad aún domina el paisaje, con temperaturas bajo cero. Ejemplo de lucha, cumplen largas jornadas con compromiso y responsabilidad.

Mientras gran parte de la ciudad y la región aún duermen, con temperaturas bajo cero, en medio del frío polar, y cuando la oscuridad todavía domina el paisaje, ellas inician una exigente jornada laboral en las chacras de Allen.

Patricia y Miriam sí que saben de esfuerzos, de soportar estoicamente el frío para ganarse el mango de cada día. Bien tempranito las mujeres ya se encuentran trabajando en la recolección de podas, una tarea dura y clave para el desarrollo de la producción frutícola del Alto Valle.

Se trata de una labor que demanda esfuerzo físico, resistencia a las bajas temperaturas y largas horas de trabajo al aire libre. Pero Pato y Miriam afrontan estas condiciones con la misma responsabilidad y compromiso que cualquier trabajador rural, desempeñando una función indispensable para el sector.

Rompiendo barreras en las chacras

Históricamente, este tipo de tareas han sido realizadas en su mayoría por hombres. Sin embargo, cada vez más mujeres se incorporan a trabajos rurales exigentes, demostrando capacidad, fortaleza y dedicación.

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Cada vez más mujeres se incorporan a los trabajos rurales. Foto de archivo.

El ejemplo de Patricia y Miriam refleja una realidad que se repite en distintos puntos de la región: mujeres que se abren camino en actividades tradicionalmente masculinizadas y que contribuyen diariamente al crecimiento de la producción frutícola. Ojo no son las únicas y hay muchas mujeres pioneras en el rubro que vale la pena destacar y recordar a propósito de este nuevo caso que difundió el sitio El Diario de Allen.

Esfuerzo y compromiso en el Alto Valle

Más allá del frío extremo y las dificultades propias del trabajo de campo, ellas continúan cumpliendo una función esencial para el desarrollo de la actividad frutícola. Su esfuerzo cotidiano pone en valor el papel de las mujeres rurales, protagonistas silenciosas de una tarea que resulta clave para la economía regional.

Con dedicación y perseverancia, Patricia y Miriam representan a muchas trabajadoras que, día tras día, enfrentan las condiciones más adversas para sostener una de las principales actividades productivas del Alto Valle.