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La llevaba en brazos, con una cadena al cuello y el hocico atado con una soga que le impedía ladrar. La reacción de los vecinos fue inmediata y el caso terminó con una sanción judicial.
La escena fue tan cruda como desesperante. Una pequeña perra de pelaje negro era trasladada por las calles de Villa Regina sin poder emitir un solo sonido. Tenía una cadena al cuello y el hocico atado con una soga apretada que le impedía ladrar o defenderse.
El hombre que la llevaba en brazos aseguraba que el animal se lo había dado un sobrino. Pero para los vecinos que presenciaron la situación, eso no justificaba el evidente maltrato. Una mujer le exigió que la soltara. Ante la negativa, intervinieron y lograron arrebatarle la perra para ponerla a resguardo.
La indignación no quedó solo en el barrio. El caso llegó a la Justicia y la jueza de Paz local condenó al hombre por una infracción al Código Contravencional de Río Negro por maltrato animal. La sentencia impuso una multa económica y dispuso que el dinero sea destinado a una entidad dedicada a la protección y el cuidado de animales.
Para acreditar el hecho, se valoró una fotografía incorporada a la denuncia donde se observa al animal con el hocico maniatado. También fueron determinantes las declaraciones de las testigos, cuyas versiones resultaron coherentes y coincidentes en los puntos centrales.
El acusado no presentó pruebas en su defensa. Con esos elementos, el tribunal consideró acreditada tanto la materialidad del maltrato como la responsabilidad directa del hombre.
El fallo recordó que el Código Contravencional provincial contempla el maltrato animal cuando los hechos no alcanzan la gravedad de delito prevista por la ley penal nacional. En esos casos, los Juzgados de Paz pueden intervenir y aplicar sanciones como multas, amonestaciones, trabajo comunitario, pautas de conducta e incluso arresto, según la gravedad.
La normativa, vigente desde septiembre de 2022, amplió las herramientas para abordar conductas que afectan la convivencia social y reforzó la protección de los animales como seres sintientes.
El caso dejó una señal clara: la intervención vecinal fue clave para frenar el maltrato y la Justicia actuó con una sanción concreta. Una historia que comenzó con una imagen desgarradora y terminó con una condena.