Del "no nos dejen solos", al "nos estamos muriendo". La angustia por ver el final de su tradicional emprendimiento muy cerca y desesperación por los empleados.
Bajo el título “no nos dejen solos”, una comerciante rionegrina al frente de una pequeña empresa publicó una dramática carta abierta en el que lanza un pedido de ayuda ante el riesgo de tener que cerrar por la crisis económica.
Se trata de María Alejandra Rodríguez, quién se animó a contar desde Viedma la apremiante situación financiera que atraviesa, en un nuevo y desgarrador relato proveniente de un sector muy afectado por la realidad del país. De hecho, en Cipolletti el último viernes un conocido emprendedor anunció vía LMC que bajara las persianas de su céntrico negocio a fin de julio tras liquidar toda la mercadería.
"Detrás de cada persiana que baja hay una vida de esfuerzo, una familia que se queda sin sustento y un pedazo de nuestra comunidad que se apaga", describió Rodríguez, quien aclaró que se vio obligada a redactar esas líneas "desde la desesperación más profunda, pero también desde la dignidad de quien jamás pidió nada y hoy necesita una mano".
La preocupación no solo es por el futuro de su familia sino también por el de los trabajadores a los que les brinda empleo, con quienes mantiene una relación afectiva tras tantos años de convivencia que excede lo laboral.
"Tengo un comercio con empleados que me acompañan desde hace muchos años. Ellos no son solo trabajadores; son parte de mi vida. Uno de ellos está a pasos de jubilarse después de una vida de trabajo, y el otro sigue peleándola conmigo día a día", reveló en uno de los pasajes más emotivos.
Rodríguez apuntó directamente contra el impacto de las políticas actuales y la falta de empatía de los organismos de control. "Hoy, el sistema actual nos está destruyendo. Las deudas nos ahogan, las puertas del Estado se nos cierran en la cara y las respuestas oficiales no llegan. Siento que nos soltaron la mano", lamentó.
En ese delicado contexto, la comerciante viedmense enfatizó que su prioridad absoluta es sostener las fuentes de trabajo y honrar sus compromisos comerciales, aunque reconoció que le está resultando imposible sostenerse.
"No quiero cerrar. No quiero dejar a mis empleados en la calle. Quiero pagar mis deudas, trabajar y salir adelante, pero ya no puedo sola. El ahogo impositivo y la falta de sensibilidad hacia las pequeñas empresas nos están empujando al abismo", sentenció en medio de la desesperación.
Sobre el final de su descargo, la propietaria decidió transformar su caso particular en un reflejo de lo que padecen cientos de pequeños empresarios en la región, exigiendo medidas de contingencia reales y urgentes a los distintos estamentos gubernamentales.
"Hago un llamado desesperado a las autoridades, al gobierno y a la comunidad entera: las PyMEs nos estamos muriendo en silencio. Necesitamos respuestas, herramientas reales de asistencia y que dejen de mirarnos como números. Por favor, no nos dejen solos", concluyó.
Karma, el bazar y regalería de Villegas y Roca según adelantaron sus propietarios a LMC dejará de funcionar el 30 de julio y hasta entonces liquidará los artículos para el hogar, indumentaria, mochilas y el resto mercadería a mitad de precio.
“Cerramos porque los costos han subidos y las ventas están deprimidas, lo que le pasa a varios comerciantes de la ciudad”, confiesan, con evidente desencanto sus dueños: María Virginia y Marcelo.
Con más de 10 años de trayectoria comercial y distintos emprendimientos, lamentan los nuevos patrones de mercado y una competencia desleal ante la irrupción de las ventas por internet.
“Karma tiene 3 años pero nosotros estamos hace 10 años en el comercio, en herramientas, indumentaria y decoración. La situación nos ha sobrepasado, en este momento no es rentable tener un comercio”, sentencian desilusionados.
“Hasta que no haya cambios y condiciones de comercio más parejas para todos y no tanto desfasaje, respecto al mercado por internet, será difícil. Digo esto al margen de que hayan cambiado las costumbres de los consumidores, creo que se está perdiendo un poco la esencia de la compra en sí. No es lo mismo salir a hacer una compra que comprar desde el teléfono en el baño de tu casa. Yo solo compro cosas que son complicadas conseguir acá en Cipolletti, prefiero ir al negocio y hacer la compra. Una lástima que se pierda esto”, reflexionan.