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Milanga loca: mamá de 73 años le llevó un sánguche al hijo preso, pero con un aderezo raro

Le había llevado comida a su hijo que está detenido por una causa de violencia de género. Pero al realizar la revisión los policías se encontraron con una sorpresa, que ya no es tanta.

Una mujer de 73 años fue a visitar a su hijo que está preso en la Comisaría 7ta de Cinco Saltos por una causa de violencia de género.

Como buena mamá se preocupó por su estado alimentario del muchacho, por lo que le llevó algo para comer, y entre otras cosas le preparó un sánguche de milanesa.

El personal de guardia de la unidad, en un trámite que es habitual, procedió a realizar un minucioso registro de los comestibles, para evitar el ingreso de sustancias y objetos no permitidos.

La sorpresa fue mayúscula porque detectaron que el emparedado en su interior no tenía los aderezos tradicionales, como mayonesa, kétchup o mostaza, sino que había una bolsa de nylon de color negro que resultó dudosa para los uniformados.

Las sospechas se confirmaron cuando, al abrir el envoltorio, encontraron que contenía una sustancia verde, que resultó ser marihuana, por un total de 10 gramos, aproximadamente.

El hallazgo fue informado a la Fiscalía Federal, desde donde se dispuso la imputación de la vecina por el incumplimiento a lo establecido en la Ley 23737, que sanciona la tenencia y venta de estupefacientes.

Por qué está detenido

El hombre a quien fue a visitar su mamá con el sánguche con marihuana tiene 47 años y está detenido en prisión preventiva por una causa de lesiones, amenazas con arma blanca en contexto de género. Los cargos se los formuló la jueza María Agustina Bagniole en una audiencia realizada el 19 de mayo último.

Los hechos fueron denunciados en la Comisaría 43 de Cinco Saltos, ubicada en el sector sur de la ciudad, pero como no tienen calabozos lo alojaron en la Séptima.

Drogas tras las rejas

El hallazgo de drogas entre familiares y conocidos que visitan a los presos en centros de detenciones provinciales se ha incrementado notablemente en los últimos meses. Tanto en cárceles como en comisarías han encontrado distintas sustancias disimuladas principalmente entre los alimentos. Cocaína, marihuana y pastillas secuestraron entre milanesas y fetas de jamón y queso. También lo intentaron dentro de envases de productos de higiene personal, como desodorantes o talco, o hasta en partes recónditas del cuerpo. Más allá de los detalles, la reiteración de hechos expone la circulación drogas que existe tras las rejas.

Un caso que llamó mucho la atención por la cantidad de mercancía descubierta ocurrió en mayo de este año en el Establecimiento Penal 2 de Cipolletti, donde le sorprendieron a una mujer de unos 40 años de edad que llevaba oculta en su vagina una bolsa con envoltorios que contenían cocaína, marihuana y casi un centenar de pastillas de clonazepam, un medicamento que causa efectos narcóticos. El procedimiento permitió secuestrar casi 80 gramos de estupefacientes, precisaron fuentes oficiales.

También fue sorprendente el operativo efectuado también en mayo, cuando en un control de rutina se destapó un escándalo, por el hallazgo de frascos con marihuana y cocaína, más de 170 atados de cigarrillos, celulares y chips, zapatillas nuevas e indumentaria con etiqueta. Todo lo encontraron escondido en entretechos y sectores restringidos, lo que evidenció un sistema organizado. El área de Enfermería había quedado bajo la lupa, como posible centro logístico del circuito ilegal. Allí, un interno considerado “de confianza” habría tenido un rol clave, aprovechando su movilidad dentro del penal para facilitar el ingreso y almacenamiento de sustancias y objetos. No se descartaba un esquema de connivencia más amplio.