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Aumentan indemnización por el suicidio de un preso en la Subcomisaría de las 1200

En 2014 un joven de 18 años adicto se ahorcó en un calabozo. La Justicia condenó a la provincia al pago de una indemnización, pero el padre del muchacho reclamó que era poco.

La Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Cipolletti, integrada por los jueces Emilce Álvarez, Alejandro Cabral y Vedia y Marcelo Gutiérrez resolvió por unanimidad aceptar parcialmente un recurso de apelación que presentó Roberto Antonio Cares, padre Cristian, el joven adicto a las drogas y al alcohol que se suicidó en un calabozo de la Subcomisaría 79 de las 1200 Viviendas hace algo más de una década.

El hombre había presentado una demanda por daños y perjuicios contra el Estado rionegrino con el argumento de no haber ejercido una custodia efectiva del muchacho detenido, entonces de 18 años, para evitar el fatal desenlace.

Pretendía poco más de $1.8 millones, dado que reclamó el pago por daños psicológico, pérdida de chance y daño moral.

Sin embargo un fallo del juez Mauro Marinucci, titular del Juzgado Civil 9 de Cipolletti dictado en diciembre de 2023, hizo lugar parcialmente al requerimiento económico y condenó a la provincia a pagarle solo por daño psicológico $350.443,83, correspondiente al 50%, dado que a la víctima le adjudicaron el resto de la responsabilidad. El resto de los rubros los desestimó el magistrado por ausencia de pruebas.

Contra esa resolución se alzó Cares y también lo hizo la provincia, aunque luego el estado desistió de su impugnación.

Reclamos de la apelación

En su presentación formalizada por su abogado Máximo Castro Veliz, el progenitor manifestó que no estaba de acuerdo con el monto otorgado y el interés del 8% anual hasta hacerse efectivo, porque lo consideró escaso.

Objetó también la “distribución de responsabilidades” (culpas compartidas iguales) que se dispuso en la sentencia de primera instancia, y pidió declarar toda la culpa a la provincia.

Sostuvo que era “insuficiente el resarcimiento por el concepto de daño moral” (único otorgado) y cuestionó asimismo la desestimación del planteo por “pérdida de chance” (por verse privado de recibir en el futuro ayuda por parte de su hijo). En ese caso el magistrado consideró que no se presentaron pruebas para acreditar que el muchacho trabajaba o estudiaba. Por el contrario, quedó corroborado que era adicto y recorría el barrio delinquiendo para comprar drogas.

Mientras que la provincia negó su responsabilidad al reiterar que no se comprobó la responsabilidad de los policías que estaban de guardia y le adjudicaron culpas a la propia víctima. Destacaron que previo a conducirlo en la celda habían cumplido con el control en el que le retiraron todos los elementos riesgosos, como los cordones. Solo le habían dejado un pullover porque hacía frío. Con esa prenda se ahorcó.

Monto "escaso e insuficiente"

La Cámara de Apelaciones, con el voto rector del juez Gutiérrez, avaló lo resuelto por Marinucci al coincidir con los fundamentos expresados en el fallo.

No obstante y si bien reconoció que no se presentaron pruebas para acreditar el vínculo que había entre padre e hijo para sostener el reclamo por “daño moral”, aclaró que los poco más de 350 mil pesos que le impuso pagar a la provincia resultaba “escaso e insuficiente” y opinó que la cifra debía ser elevada, aunque no en la “medida pretendida” por Cares.

Sobre ese fundamento subió el monto a un millón de pesos, a lo que se deberá sumar un interés del 8% anual, tomado desde la fecha del hecho (6 agosto de 2014) y el fallo de primera instancia (29 de agosto de 2023). El cálculo arroja un total de 1.751.827, pero también habrá que agregarle los intereses moratorios posteriores, desde la fecha de la primera sentencia hasta la del efectivo pago.

Se ahorcó con un pullover

La madrugada del 6 de agosto de 2014, Cristian Cares, entonces de 18 años y con un serio problema de adicciones, fue demorado por generar disturbios en la vía pública en estado de ebriedad. Ya era conocido en esa unidad porque había ingresado en otras oportunidades por motivos similares.

El muchacho se encontraba muy exaltado, con actitudes violentas e insultando a los policías y fue ingresado a uno de los calabozos de la unidad. Pedía a gritos que lo llevaran al hospital porque le dolía una rodilla, que le habían golpeado al momento de su detención. Sin embargo la autopsia reveló que no presentaba una lesión que requiriera asistencia médica.

Alrededor de las 7 lo encontraron ahorcado con un pullover de su propiedad.