Un estudio global reveló que el 71% de los consumidores considera clave este factor al disfrutar un alimento. Entre los jóvenes, el porcentaje es aún mayor.
Durante años, chocolate, dulce de leche, vainilla y maní fueron algunos de los grandes protagonistas a la hora de elegir una galletita o un snack. Pero un nuevo factor empezó a ganar terreno y puede ser determinante desde el primer bocado: la textura.
Lo crocante, lo cremoso, lo esponjoso y, sobre todo, el contraste entre distintas sensaciones aparecen cada vez más asociados al disfrute de los alimentos.
Según Taste Tomorrow, el programa global de investigación de Puratos sobre tendencias de consumo en panadería, pastelería y chocolate, el 71% de los consumidores considera que la textura es un factor clave para disfrutar un alimento.
La tendencia es todavía más marcada entre las generaciones jóvenes. De acuerdo con los datos relevados para 2026, el 75% de la Generación Z y el 80% de los Millennials aseguran que la textura influye en sus antojos.
El dato muestra un cambio en la forma de experimentar productos que forman parte del consumo cotidiano.
La nueva tendencia no apunta únicamente a conseguir una galletita más crocante. Lo que empieza a despertar mayor interés es la combinación de diferentes texturas en un mismo producto.
Una cobertura que se quiebra y deja al descubierto un interior cremoso, una masa esponjosa con relleno o pequeños trozos que aparecen durante el bocado generan una experiencia diferente.
Así, la textura puede modificar lo que ocurre desde el primer mordisco hasta el final.
El cambio también empieza a impactar en el desarrollo de nuevos productos. Para las marcas, ya no se trata solamente de incorporar un sabor novedoso, sino de pensar cómo se siente el alimento al comerlo.
“Hoy el consumidor no elige solamente por sabor. También busca una experiencia que comienza en la textura”, explicó Melisa González, gerente de Marketing de Gaona.
La especialista mencionó como ejemplos el contraste entre la oblea y la crema de Sinfonía, la esponjosidad de las magdalenas rellenas y la crocancia de Crunchips.
Dentro de esta tendencia, lo crocante ocupa un lugar particular. Según las proyecciones de Taste Tomorrow, las búsquedas y conversaciones online vinculadas con la “crunch texture” crecerán un 19% durante 2026.
Sin embargo, el atractivo no está necesariamente en que todo sea más duro o crujiente. La clave está en el contraste: una superficie que se quiebra, un centro suave, un relleno cremoso o pequeños ingredientes que cambian la sensación en cada mordisco.
La textura aparece así como una herramienta para innovar en categorías que ya están instaladas entre los consumidores, como las galletitas, obleas, magdalenas y snacks.
Frente a sabores conocidos, una marca puede diferenciar un producto a partir de la experiencia que genera al comerlo, sin necesidad de alejarse demasiado de las combinaciones tradicionales.
“El sabor continúa siendo determinante, pero la forma en que se siente un alimento puede ser tan importante como su sabor”, señalaron desde Gaona.
El resultado es una tendencia que pone en primer plano algo que durante mucho tiempo quedó en segundo lugar: la elección de una galletita ya no dependería solamente de a qué sabe, sino también de qué se siente al morderla.