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En la organización social Dignidad Rebelde hay mucha bronca contra el Estado, en todos sus niveles, por las acotadas cantidades de ayuda en materia de alimentos que están recibiendo para hacer frente a una demanda de comida cada vez mayor en las barriadas populares de la periferia cipoleña.
La gota que rebalsó el vaso de la paciencia se dio en las últimas horas. Y fue por un envío de la comuna de 20 módulos con productos alimentarios que se agradeció pero que no permite satisfacer los amplios requerimientos que a diario exigen los cinco comedores y nueve merenderos que posee la entidad.
La referente Lila Calderón cuestionó que el camión que habitualmente remite Nación con suministros no ha llegado.
"La mayoría de las personas que se vienen incorporando a los comedores y merenderos son vecinos que viven de changas, que por las restricciones de la cuarentena no han podido trabajar y generar sus ingresos", manifestó ayer Calderón.
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