{# #} {# #}
Una mujer del Alto Valle obtuvo la tutela legal de sus tres sobrinos, huérfanos de madre y con un padre que no presentó oposición a la resolución.
Desde hace siete años, una mujer de Cipolletti lleva adelante una tarea silenciosa y profundamente humana, el cuidar, educar y acompañar a tres adolescentes que la vida puso en su camino. Lo que comenzó como un gesto de solidaridad familiar se transformó en una verdadera maternidad del corazón.
Su prima hermana falleció en 2018, dejando a tres hijos, una niña de 12 años y dos adolescentes de 14 y 17, prácticamente solos. El padre, residente en una zona rural del Alto Valle, apenas mantenía contacto. Frente a esa realidad, ella no dudó y los recibió en su casa, los integró a su familia y asumió el rol que otros habían abandonado.
Durante estos años, su hogar se convirtió en el refugio que los chicos necesitaban para atravesar el duelo, continuar la escuela y reconstruir una rutina estable.
Con el tiempo, la situación requirió una respuesta institucional. Acompañada por la Defensoría Pública, la mujer presentó ante el fuero de Familia de Cipolletti una solicitud formal para obtener la tutela legal de los tres adolescentes. No se trataba de un reclamo patrimonial ni de un conflicto por la guarda, sino de una necesidad de formalizar una realidad cotidiana. Ella era quien garantizaba la alimentación, la educación, la salud y la contención emocional de los jóvenes.
En paralelo, la Defensora de Menores pidió que se privara al padre del ejercicio de la responsabilidad parental, argumentando un claro caso de abandono.
El padre de los tres hermanos, se presentó a la audiencia y no presentó oposición a la tutela y quita de sus responsabilidades.
Los informes del equipo técnico judicial fueron contundentes. El relevamiento social confirmó que los tres hermanos vivían en una chacra en buenas condiciones, rodeados de una familia comprometida y afectiva. También quedó asentado que el vínculo con el padre era prácticamente inexistente.
“Antes los visitaba de vez en cuando y ahora ya no. Los chicos no quieren saber nada de su padre”, señala uno de los documentos incluidos en el expediente.
La jueza convocó a los tres hermanos a una audiencia personal. Quiso escucharlos, saber cómo se sentían y qué deseaban. Sin titubeos, los adolescentes manifestaron su decisión de quedarse con su tía, a quien consideraban su figura de referencia, su familia, su hogar.
El padre, que asistió acompañado de una defensora oficial, no presentó oposición alguna.
Con todos esos elementos, el tribunal resolvió designar a la mujer como tutora legal, otorgándole facultades para representarlos en temas de salud, educación y actividades sociales, además de autorizarla a viajar con ellos fuera del país.
Simultáneamente, la jueza declaró la pérdida de la responsabilidad parental del progenitor, entendiendo que había incumplido durante años con sus deberes básicos de cuidado y acompañamiento.
Los tres adolescentes no presentaron oposición al respecto para quedarse con su tía.
La resolución judicial se basó en el principio del interés superior del niño, consagrado por la Constitución Nacional, la Ley 26.061 y los tratados internacionales de derechos humanos.
“El proceso dejó en claro que los adolescentes encontraron en su tía el sostén afectivo, educativo y social que garantiza su desarrollo integral. La tutela busca consolidar ese entorno estable y protegerlos de forma integral”, expresó la magistrada en el fallo.
Así, la historia de esta mujer del Alto Valle, que hace siete años eligió cuidar sin pedir nada a cambio, terminó reconocida por la justicia.