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Sandra, la ceramista cipoleña que apuesta a busca crear un espacio donde las personas puedan "encontrarse"

Lo que empezó como un sueño personal se transformó en un fenómeno de encuentro y creatividad. A través de talleres que unen gastronomía y cerámica, Sandra Riquelme logró construir una propuesta diferente.

En Cipolletti crece una propuesta que mezcla la merienda entre amigas con el arte de moldear y pintar cerámica. Se trata de los encuentros organizados por Sandra Riquelme, que transformó un sueño personal en un espacio de contención, creatividad y comunidad.

La cita es simple: tomar algo, comer de manera distendida y compartir un rato con amigas. Sin embargo, la propuesta no se queda ahí. A ese plan de tarde/noche se le suma una actividad que le da un sentido distinto al encuentro: pintar una pieza de cerámica.

Basta con ver el registro en sus redes sociales para visualizar que hay total coherencia entre la propuesta y quienes la integran. Sandra cuenta a LM Cipolletti que suele reflexionar sobre el lugar en el que está y, sobre todo, en lo que ha logrado en tan poco tiempo. En pocas palabras lo podría definir con "felicidad y orgullo" pero decide llevarlo a algo más amplio donde reconoce que ''De mi Tierra Cerámica" es un camino que recorre acompañada y relata "Me siento feliz de tener a mi gente cerca".

Sandra y su equipo en la previa de una "noche de cerámica".

Un giro después de la pandemia

El camino hacia la cerámica no fue casual. Después de muchos años dedicados a trabajar con niños como maestra jardinera, la pandemia marcó un quiebre en su vida. Su familia le consultó qué quería hacer ya que ellos estaban yéndose de la casa y le ofrecieron algo que siempre había querido y en lo que también había trabajado: la cerámica. Así comencé a hacer cursos, a estudiar y a descubrir este hermoso mundo", relata.

El taller nació casi por casualidad. "Un día, las amigas de mis hijos me preguntaron: "¿Por qué no pones un taller?". Así, de a poquito, se fueron sumando ellas, mi mamá, después la señora de mi ahijado, y hasta tuve una exalumna de jardín. Así nació mi taller: un espacio que me permitió encontrarme con la cerámica, compartir con otros y darle un nuevo sentido a esta etapa de mi vida". Ese acompañamiento en la etapa inicial lo destaca y en los eventos que hoy realiza, se lo confirman: "Qué lindo es ver toda la gente que te acompaña".

El punto de partida es un modelo internacional

La idea original comenzó a popularizarse globalmente en la década de 2000 en países como Estados Unidos y el Reino Unido bajo franquicias que combinaban una clase de pintura en lienzo con vino libre. Con los años, el público empezó a buscar experiencias más tridimensionales y táctiles. Así, los talleres independientes de cerámica adoptaron la fórmula, reemplazando los lienzos por arcilla o piezas listas para pintar. Luego de atravesar una pandemia, las actividades sociales, se modificaron por completo.

En el ámbito regional (con mucha fuerza en Argentina, Uruguay y Chile), la combinación de cerámica con gin, vino o meriendas explotó tras la pandemia. Sandra hace más de dos años, decidió apostar por esta combinación y así, trabajar por algo distinto en el norte de la ciudad.

Una idea que vió, resonó y concretó

Sandra se define como ''amante'' de los viajes y, justamente, fue en una de esas experiencias donde algo le resonó. Había ido a Buenos Aires y se enteró de que había una confitería donde, además de tomar algo y comer algo, te ofrecían una pieza de cerámica para pintar. Con el correr de los días, podías pasar a retirarla ya esmaltada. Y pensé: ¿por qué no hacerlo acá? Acompañado, además, de una linda tarde de té.

Como se suele ver y leer - en la mayorá de los casos-, cuando una persona decide emprender, la familia se acopla y acompaña. Afortunadamente, Sandra no es excepción y destaca que su familia fue un sostén fundamental desde el principio: "Siempre tuve a mi familia acompañándome, haciendo que este sueño se hiciera realidad".

Más que cerámica: un espacio de encuentro

Para ella, el objetivo va más allá de la técnica: "Más allá de hacer cerámica, busco crear un espacio donde las personas puedan encontrarse. Un lugar sencillo, nacido del barro, en el que puedan dejar atrás, por un rato, las preocupaciones, reducir el estrés y la ansiedad, y simplemente disfrutar. Conocer gente nueva y sentirse parte de un grupo", explica.

De cara al futuro, su plan es sostener y hacer crecer la propuesta: "Mi objetivo es seguir adelante con este proyecto y continuar con los talleres y los eventos que organizo los fines de semana, porque siento que la gente los necesita, los valora y también los busca".

Un plan de "lifestyle" que puede ser el inicio de algo más grande

La sobrecarga laboral del último tiempo ha generado, en consecuencia, la ausencia de espacios de ocio o de actividades de recreación pero, además, ha arrasado con el llamado "tiempo de calidad".

Jóvenes apuestan por propuestas que tengan un inicio y un fin con un compromiso previo. Es aquí donde este tipo de eventos nacen y crecen con fuerza. Un lugar al que se asiste sin necesidad de preocuparse por nada más que por ir. No obstante, otro de los fundamentos de esta creciente es que se establece un plazo temporal donde no se utilizan dispositivos electrónicos.

Además de generar la "pausa", este tipo de eventos destinados a compartir con amigos o familia son una excusa ideal para quienes quieren probar nuevos hobbies, algo que en el último tiempo, pareciera desaparecer.

Las piezas intervenidas pueden ser el puntapié para continuar o bien para que sea un recuerdo físico de un gran momento.