Se cumplió el martes el 83 aniversario del nacimiento de Osvaldo Soriano, gran escritor que vivió en Cipolletti. Vecinos le rindieron un homenaje muy merecido.
No se olvida la figura y la obra del escritor Osvaldo Soriano en Cipolletti. Por eso, con motivo de un nuevo aniversario de su natalicio, lectores, literatos y vecinos se dieron cita este martes para homenajearlo en el predio de Aguas Rionegrinas, donde se encuentra la vivienda que habitó el autor de "Triste, solitario y final" en su juventud.
Ni los años, ni las furias, ni las penas, ni tampoco la calma afectan el recuerdo que los cipoleños mantienen de Soriano, uno de los mejores escritores argentinos de todos los tiempos, quien por una gracia del destino tuvo a bien, acompañando a su familia, vivir en la ciudad, a finales de la década del '50 del siglo pasado.
En aquellos tiempos, el predio de calle Mengelle 456 pertenecía a la empresa estatal de Obras Sanitarias de la Nación, en la que trabajaba el padre de Osvaldo.
El muchacho que sería después escritor, además de un destacado periodista, no alcanzó a vivir muchos años en la ciudad, pero fueron suficientes para marcarlo tan profundamente que alguna vez llegó a afirmar que "soy de todos lados, pero más de Cipolletti".
Y es que su vida estuvo marcada signada por y traslados que lo marcaron profundamente y le dieron a su obra ese tono nostálgico a la vez que lleno de vitalidad que tanto cautiva a sus lectores. Que quedan agradecidos por las lágrimas de felicidad que dejan sus textos, y por las alegrías reales y las tristezas imaginarias que provocan.
Osvaldo Soriano nación un 6 de enero de 1943, en Mar del Plata, y falleció un 29 de enero de 1997, en la ciudad de Buenos Aires. Murió muy joven, con apenas 54 años de edad. Ahora, tendría, si aún viviera, 83 años. En su intensa vida, en la que conoció la persecución y el exilio, produjo narraciones magistrales, como la novela corta "No habrá más penas ni olvido" o el inolvidable cuento "El penal más largo del mundo".
Veteranos amigos cipoleños del escritor, lectores y escritores locales organizaron el homenaje de este martes. Fue un homenaje muy particular, porque, en lo esencial, constó de un trabajo de refacción y repintado del monolito que hace años recuerda la figura de Soriano, con el agregado de las palabras celebratorias y alusivas a la fecha que pronunciaron personas representativas de las letras y la cultura.
También se observó el estado en que se encuentra el viejo peral que Soriano supo rememorar con tanto sentimiento en un texto autobiográfico en que menciona a Cipolletti, refiriéndose al árbol como su Rosebud, es decir, como aquello que parece articular el destino y la verdad de una vida.
El primer párrafo de lo que narra no deja lugar a dudas. "La memoria lo agiganta todo. A mí me parecía que mi casa de Cipolletti era tan enorme que ocupaba una manzana pero al regresar, treinta y tres años después, encontré que no lo era tanto. Todo a su alrededor había cambiado, pero mi Rosebud seguía ahí. Es un peral añoso, de tronco bajo, al que me subía las tardes en que me sentía triste. Mi madre me buscaba por toda la casa, salía a llamarme al patio y aunque yo pudiera sentir su aliento ella no podía verme", expresa.
Afortunadamente, el peral resiste el paso del tiempo, achacoso, claro, pero remozado por los cuidados y retoques que le han dado especialistas en arbolado, agrónomos. Rosebud es el título mismo del relato y la palabra quedó codificada para todos os tiempos en esa genial película de Orson Welles que es "Ciudadano Kane".
En la actividad, en la que hizo de animador el escritor Santiago Ocampos, hablaron otros escritores cipoleños como el novelista Matías Stiep, el prosista, poeta y empresario Pascual Marrazzo, el poeta Fernando Russo, el custodio del patrimonio cultural Enrique Oehrens y la escritora y funcionaria municipal Carolina Pardo, además del ex referente bibliotecario Armando Lauretti, un apasionado de la obra del homenajeado.
En las intervenciones, se destacó la trascendencia que se espera tendrá la segura declaración de Patrimonio Histórico de la ciudad que se le dará a la casa donde vivió el recordado escritor, una iniciativa que se presentó el año pasado en el Concejo Deliberante y que se espera se apruebe durante las primeras sesiones de este 2026 del Legislativo local.
También se puso de relieve lo importante que resultaría, para mantener la memoria de Soriano, que se le destinará un espacio permanente en la Feria del Libro de Cipolletti, que bien podría llamarse Feria del Libro de Cipolletti "Osvaldo Soriano" a partir de las próximas ediciones. Son ideas que circulan y que persisten, porque ya se sabe perfectamente que el Rosebud de las letras está en la ciudad. Otros dicen que está también el Aleph.
En su ya citado texto Rosebud, el propio Soriano lo sugiere: "Al elegir un árbol para evocar mi infancia estoy mintiéndoles a los demás, pero detrás de esa mentira hay un hilo secreto que me conduce hacia mi propio Aleph. Podemos borrar o confundir las huellas de una vida, pero las llevamos a cuestas. En eso pensaba más de treinta años después en Cipolletti, al caminar sobre mis propios rastros en el jardín".