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Vecinos de la plaza del Arroba volvieron a manifestar su preocupación por los jóvenes que copan en espacio verde al anochecer. Chocaron un auto estacionado y el responsable escapó.
Las mañanas soleadas son muy placenteras para los vecinos que residen en torno a la plaza del Arroba, en el barrio Jorge Newbery de Cipolletti. Solo se escucha el canto de los pájaros y el chistido de los aspersores que riega el parque del amplio espacio verde, que tiene distintas opciones para pasar un lindo momento en familia.
La cuestión cambia cuando llega el atardecer, porque del remanso matinal pasan al infierno de aceleradas de escape libre y estallidos de motos y autos provocados por conductores que “tiran cortes” como para reafirmar su presencia.
Un cambio de 0 a 100. Quienes más sufren las andanzas de estos pilotos tan aficionados como inconscientes son quienes viven sobre las calles Roca y San Martín.
Son esas dos cuadras largas, de casi 110 metros, las elegidas por los pisteros. Y hasta tienen un circuito establecido que les permite dar una vuelta continua al empalmar por Pastor Bowdler y Río Negro.
En distintos sectores han colocado sobre el pavimento tachas reductoras de velocidad, pero faltan algunas piezas, por donde las ruedas pasan sin dificultades.
La clásica es pasar haciendo aceleradas a modo de presentación. Aunque también hay desafíos “mano a mano” en el que gana el más veloz.
En su mayoría participa autos que exteriormente parecen preparados, con suspensión algo más baja y otros accesorios de competición, además de vidrios polarizados y potentes equipos de sonido.
Los relatos de los damnificados brotan a montones y coinciden en la necesidad de mantener controles más estrictos y robustecer los atenuadores de velocidad, dado que no es la primera vez que el barrio se transforma en pista de carrera, a lo que se suma la plaza como epicentro de juntadas de jóvenes, donde se escucha hasta el amanecer música a todo volumen, se consume drogas y alcohol, se desatan feroces peleas y hasta parejitas mantienen encuentros sexuales.
“A la noche acá no se puede dormir, es un despelote total”, sostuvo un hombre mayor que se asomó al palier de su confortable vivienda, como todas del sector, cuando lo consultó este diario, en una breve recorrida realizada el jueves por la mañana.
Otro más pesimista agregó que “no queda otra que aguantar”, porque “no se puede salir a decirles que paren un poco la mano. No, esto es un descontrol”.
Esto no es nuevo. Cada tanto son noticia por este tema, y desde hace varios años. Las quejas que han presentado ante las autoridades suelen lograr resultados. La policía incrementa los recorridos y el municipio acentúa los controles de tránsito, acciones que tienen su efecto ya que obliga a la muchachada a buscar otro lugar donde reunirse.
Incluso el intendente Rodrigo Buteler asistió, junto a un jefe policial, a una reunión convocada por los vecinos por el mismo tema. Fue a pocos días de asumir el gobierno municipal. Entonces se dispuso que personal del área de Tránsito municipal junto con efectivos de la Policía acentuarían los controles sobre todo los fines de semana y hasta las 5 de la madrugada.
Cuando se despliegan los operativos es un alivio para el vecindario. Pueden dormir algo más tranquilos, sin el rugir y el estrépito de motores, ni gritos ni música al palo.
Pero la dicha dura poco, porque los controles poco a poco pierden la rigurosidad y las reuniones masivas se vuelven a repetir.
El martes alrededor de las 22 un auto que circulaba por San Martín entre Río Limay y Río Negro chocó a otro que estaba estacionado frente al domicilio de los propietarios y el conductor que ocasionó el incidente escapó.
Pasó a toda velocidad e impactó costado contra costado. El damnificado, un Toyota Etios, sufrió los daños en el lado del volante, con rayones y abollones a todo lo largo, afectando ambas puertas y guardabarros, por lo que requerirá una visita al chapista para dejarlo lindo como estaba. Y por su puesto, una buena suma de dinero.
Se presume que el otro auto también resultó con deterioros. No tienen datos de él, ya que cuando se asomaron tras escuchar el impacto, ya se alejaba. Mencionaron la posibilidad de revisar cámaras de seguridad para rastrearlo.
De cualquier modo lamentaron que se trató de un hecho más en el historial de suplicios que vienen padeciendo.
Reconocen que la plaza es atrayentes por el buen estado que presenta y que la disfrutan muchas familias y jóvenes que no generan desmanes. Tiene un parquizado prolijo y verde, juegos infantiles, una cancha de básquet y muchos bancos para reposar y tomar mate.
El drama comienza cuando llega el atardecer y el público cambia.
Una placera que recogía residuos en uno de los senderos del parque mientras sonaban los aspersores hizo un gesto de “no te imaginás” ante la pregunta sobre qué encuentra cuando toma su turno laboral.
Y lo dijo: “Acá aparece de todo, lo que se te ocurra. No te das una idea”. Enumeró botellas de bebidas alcohólicas, vasos, un sinnúmero de colillas de cigarrillos, vestigios del consumo de drogas y hasta profilácticos usados. Lo demás es mugre que dejan los mismos jóvenes.
Afortunadamente el personal municipal deja el lugar en condiciones para cuando concurren los más chicos.
Los robos y hurtos también preocupa a los vecinos del barrio Jorge Newbery. Cuentan que pese a las medidas de seguridad igual se meten a robar. Uno de ellos contó que en una oportunidad entraron a cinco casas. Por eso están atentos ante cualquier movimiento sospechoso y se comunican mediante un grupo de whatsapp para alertarse.
De hecho generó inquietud el recorrido que hizo el cronista de este medio. De inmediato se corrió la voz y hasta chequearon si efectivamente estaba realizando un trabajo periodístico.