La emoción invadió a más de 100 familias que desde ahora cuentan con la posibilidad de conectarse al gas natural tras esperar más de 60 años.
Después de más de 60 años de espera, el barrio Puente 83 de Cipolletti cuenta con el servicio de gas natural. La obra, que demandó cerca de un año de trabajo, conecta al caño troncal a más de 190 familias que hasta hoy se calefaccionan con leña.
El encendido oficial estuvo a cargo de la empresa Camuzzi, con la participación de vecinos, autoridades municipales y provinciales. El acto se realizó en la vivienda de uno de los residentes, símbolo de una lucha vecinal sostenida durante décadas por el acceso a un servicio básico.
Hasta ahora, generaciones enteras de familias del sector convivieron con la leña, la garrafa y la calefacción eléctrica como únicas alternativas para pasar el invierno. La obra troncal cambia ese escenario y habilita, a partir de hoy, la posibilidad de tramitar la conexión domiciliaria en cada vivienda del barrio.
El Municipio y la empresa prestataria ya trabajan en paralelo para acompañar ese trámite, que representa el paso final para que el servicio llegue de manera efectiva a cada hogar. La expectativa oficial es que la mayoría de las familias pueda completar la conexión durante los próximos meses.
Para los vecinos más antiguos, la jornada tuvo un peso simbólico que excede la obra de infraestructura. Horacio Vila, vecino e integrante de la comisión autoconvocada que impulsó el reclamo durante años, dimensionó ante LM Cipolletti lo que significó para quienes no llegaron a verlo: "Este barrio tiene más de 70 años, mucha gente murió esperando este momento".
El recorrido hasta la inauguración no fue lineal. Durante mucho tiempo, los reclamos chocaron contra un esquema de gestión que dependía de la órbita provincial y no encontraba respuesta. "Nosotros somos una comisión autoconvocada, y a todos los gobernantes les llegamos con notas y quejas, pero nunca fuimos escuchados".
El cambio llegó cuando la gestión del servicio pasó a manos del Municipio, lo que permitió destrabar un pedido histórico. El vecino reconoció ese giro y valoró puntualmente la gestión actual: "Quiero destacar especialmente la gestión de Rodrigo, este chico que nos escuchó y nos cumplió con su palabra".
Con la obra troncal ya habilitada, el desafío inmediato pasa ahora por la escala doméstica: encontrar un instalador matriculado y afrontar el costo de la conexión interna. Vila resumió la etapa que se abre para cada familia: "falta solamente conectar a las casas, así que estamos buscando un gasista que nos haga precio".
El festejo en Puente 83 convive con una realidad que el propio intendente Rodrigo Buteler no evitó mencionar. Consultado sobre el estado general del servicio en la ciudad, el jefe comunal cuantificó un problema que excede a un solo barrio: "Hoy por lo menos hay 4.000 o 5.000 personas que no tienen gas en Cipolletti".
Según explicó, el cuello de botella no siempre es el financiamiento de la obra, sino un trabajo administrativo previo mucho menos visible: las mensuras y la documentación de dominio que deben tramitarse entre la provincia, el municipio y los propios vecinos antes de poder licitar cualquier tendido.
Buteler enumeró además los barrios que hoy quedan afuera de la red y que integran la lista de pendientes: "nos falta todavía, 2 de Febrero, Obrero A, Obrero B, un montón de barrios de la zona norte, como 2 de Agosto, 4 de Agosto". Y anticipó que la gestión encara ahora ese trabajo de fondo: "Tenemos que hacer un trabajo de papeles muy profundo para resolver eso".
Detrás del dato, el intendente planteó una definición de política pública que excede la coyuntura de esta obra puntual. Para Buteler, la desigualdad de acceso entre barrios de una misma ciudad es inadmisible: "Es muy injusto que una persona tenga resueltos todos los servicios y otra tenga que gastarse un sueldo para poder calefaccionarse con leña o con electricidad, no es justo".
La obra de Puente 83 se enmarca en el Plan Gas provincial, un programa que destina parte de las regalías petroleras y gasíferas a la construcción de redes domiciliarias en distintos puntos de Río Negro. Según se informó durante el acto, la iniciativa ya alcanza a cerca de ocho mil familias en toda la provincia.
El contexto en el que se inscribe ese plan no es menor: Río Negro integra la formación Vaca Muerta, uno de los principales polos de producción de gas y petróleo del país, y avanza en paralelo hacia la exportación de gas natural licuado desde su costa atlántica. Ese contraste fue el eje central de las definiciones del gobernador Alberto Weretilneck.
El mandatario provincial situó al Plan Gas dentro de esa estrategia energética más amplia: "Tenemos el Plan Gas en la provincia, que es la utilización de parte de las regalías de gas y de petróleo destinado a las obras de redes domiciliarias de gas, y estamos ya con cerca de 8.000 familias en toda la provincia".
Consultado puntualmente sobre la brecha entre el desarrollo hidrocarburífero regional y los barrios sin conexión, Weretilneck no eludió la tensión y la planteó en términos de coherencia institucional: "Una provincia que produce gas, que va a exportar GNL de su costa, tiene que tener el gesto y la actitud de que la mayor cantidad de vecinos y vecinas tengan gas".
El gobernador amplió esa idea con una definición que buscó cerrar el planteo: "Eso tiene un nombre, que es coherencia, entre lo que somos y también de cómo vive nuestra gente". La frase resume el argumento oficial frente a un reclamo que, según reconocieron las propias autoridades, todavía tiene miles de casos pendientes en la ciudad.
De cara a lo que viene, el Municipio anticipó que trabaja junto a la provincia en un relevamiento integral de los trámites pendientes, con el objetivo de destrabar las obras en los barrios que todavía aguardan la llegada del gas natural a sus calles.
La meta declarada por la gestión municipal es que todos los sectores de la ciudad cuenten, con el tiempo, con los mismos servicios básicos: agua, luz, cloaca y gas. Es la misma lógica que impulsó, en su momento, la obra que hoy se inauguró en Puente 83.
En el barrio, mientras tanto, el clima es de celebración, aunque con los pies sobre el barro. La obra troncal ya es un hecho, pero la tarea no concluye ahí: la conexión domiciliaria, el trámite que separa a cada familia de dejar atrás la leña y la garrafa, queda ahora en manos de los propios vecinos.