Los kiosqueros no despegan. En el último año, enfrentan caídas de ventas que rondan el 50 por ciento, mientras que sus gastos operativos han subido un 900%.
Desde hace un año a esta parte, los kiosqueros calculan que sus ventas han caído no menos de un 50 por ciento, lo que complica cada vez más las posibilidades de salir adelante, en un panorama que dista de mejorar. Además, en los últimos dos años los costos operativos han subido alrededor de un 900%.
Atravesar enero, para el comercio cipoleño en general, implica todos los años un esfuerzo enorme y sostenido, incluso, una proeza, un asunto de supervivencia.
En el sector de los kiosqueros, no solo que no se escapa a esta realidad, sino que se la vive con hasta más riesgos e inquietudes.
Los gastos que implican las fiestas de fin de año y el ahorro para vacacionar que hace la gente que aún puede permitírselo hacen que los comerciantes de todos los rubros tengan en el primer mes del año una suerte de desierto ardiente, donde la clientela y el nivel de consumo se desploman.
Con el agravante para los kiosqueros de las muchas limitaciones que sufren. Así, el Municipio no les permitió y no les permite hasta ahora la venta de bebidas alcohólicas, pese a los reclamos que se efectuaron en su momento por conseguir esa alternativa. En cambio, como repiten los kiosqueros, en la actualidad "hasta las verdulerías" tendrían esa posibilidad, al reconvertirse en mercados o mercaditos.
Por su parte, los propietarios de kioscos siguen teniendo vedada la posibilidad de vender medicamentos de consumo popular masivo, incluidos los analgésicos más básicos y elementales, al igual que los más habituales y comunes remedios para los malestares digestivos más leves.
Años atrás, algunos locales tenían a disposición de su clientela este tipo de fármacos, pero desde entonces en el sector no tienen habilitada la alternativa.
En cambio, los kiosqueros se quejan de que hoy prácticamente cualquier tipo de comercio puede vender cigarrillos, producto clave para el sustento de los kioscos, y unas cuantas farmacias ofrecen hace ya tiempo diversas golosinas y otros artículos que solían ser característicos de los kioscos.
En medio de estas restricciones y con una competencia mercantil creciente, lo peor es que la gente común no tiene casi plata, por los acotados salarios de amplias franjas de trabajadores. Por lo que las familias destinan sus menguados ingresos a productos de primera necesidad, como la nutrición, el alquiler o el pago de servicios.
La mercadería de los kioscos no se considera de primera necesidad y se da de baja o se disminuye su adquisición a la primera de cambio cuando la economía que se aplica en el país privilegia el ajuste y el recorte.
Todos estos elementos explican que las ventas sectoriales hayan caído alrededor de un 50 por ciento en el último año.
Para aclarar mejor el desplome se debe conocer, por ejemplo, que es bastante reducida la cantidad de clientes que, al efectuar una carga virtual, por la tarjeta SUBE o para el uso del celular, compran además algún producto.
En general, sostienen los kiosqueros, el ofrecer un servicio como la carga virtual no asegura mayores ventas. Y lo peor es que, operativamente, el gasto que requiere mantener la prestación se puede volver tan oneroso que terminará por hacerse insostenible. Y hay propietarios de kioscos que, por eso, no lo brindan más.
Además, parejo a la caída de las ventas, se da el fenómeno del cambio que han hecho muchos consumidores hacia marcas más baratas. "Se da, por ejemplo, que aquellos que compraban antes Coca-Cola o Pepsi hoy optan por Manaos", se asegura en el sector. "El que busca un helado, elige el más barato, no busca un helado de marca".
A veces, se prefiere un producto que haga de sucedáneo. "El que te compraba chocolate, hoy te compra solo algún caramelo". Y así, se va por lo opcional más barato.
Otro caso llamativo es el de las fotocopias, que constituyen un servicio difícil de mantener. El valor de los insumos y las reparaciones en caso de un desperfecto se tornan prohibitivos para muchos propietarios.
A cada momento, la gente extrema el control de los gastos. Y como cada fotocopia cuesta alrededor de $200 por cada faz del papel, en el caso de los DNI u otra documentación de reducidas proporciones, el pedido habitual es que, en lo posible, todo vaya en una sola faz. O sea, una fotocopia. Todo por $200.
El otro gran dolor de cabeza para los kiosqueros es el incremento inclemente que han sufrido sus costos operativos, en materia de impuestos, servicios básicos, alquileres y demás gastos de rigor para poder trabajar. Para referir la situación, se enfatiza que hace dos años tales costos rondaban, para algunos, en los $300.000, en tanto que en la actualidad rondan los $3.000.000, un 900 por ciento más.
Ni un asunto hay de favorable o que ayude a potenciar al sector. Hasta algunos que no se objetan, como la prohibición de la pirotecnia. Sin embargo, este rubro vedado completamente en Cipolletti supuso en el pasado ingresos significativos en los tiempos de las festividades de fin de año. Hoy, no está disponible.
"Está bien que hayan sacado la pirotecnia", se afirma entre los kiosqueros, pero "podrían haber dejado, por lo menos, que se pudiera vender, ponele, chasquibúm o estrellitas". Y esto porque, al parecer, en caso del chasquibúm "no es ni siquiera pirotecnia, es cotillón".
Frente a realidad tan complicada, cada vez son menos los kioscos que contratan personal y, en cambio, lo típico ha pasado a ser la labor compartida entre familiares, que no perciben un sueldo como tal. Y es que "sinceramente, no se le puede pagar $1.200.000 a un empleado. ¿Con qué?".