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El rugby valletano, historia de una pasión

Don Juan Nahuel Adolfo “Pato” Pagano. Sus asombrosos recuerdos, el nacimiento y consolidación del Club Marabunta.

Una vez más las historias cipoleñas nos atrapan. Nos hacen tomar contacto con mundos inimaginables, en este caso con el rugby, deporte que allegados míos como mi esposo, mi hermano y mi cuñado, han practicado. En este relato de Juan Nahuel Adolfo “Pato” Pagano conocemos sus pormenores.

En nuestra visita a su casa todo es emoción, todo es relato de aquellos tiempos: él fue un histórico jugador, presidente de Marabunta, dirigente de la Unión de Rugby del Alto Valle, árbitro, propulsor del rugby zonal y fundamentalmente, “maestro desarrollador del juego”, como escribió su amigo Jorge “Vasco” Izaguirre en el prólogo de la Segunda edición.

Su historia familiar la desarrollaremos en la segunda publicación de esta historia.

En el libro “Rugby, historia de una pasión” podemos leer: “El rugby, como todo deporte, debe ser un medio importante para que el individuo logre y desarrolle su equilibrio físico, mental y espiritual, para vivir en armonía con los demás. El individuo ha de iniciarse en el juego y en el deporte formativo y desarrollarse en el competitivo, practicado siempre por decisión propia y alejada de las presiones y conveniencias ajenas a su personalidad e imposiciones del deporte espectáculo".

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Rubgy, historia de una pasión. Foto: familia Pagano.

En el libro “Rugby, historia de una pasión” podemos leer: “El rugby, como todo deporte, debe ser un medio importante para que el individuo logre y desarrolle su equilibrio físico, mental y espiritual, para vivir en armonía con los demás. El individuo ha de iniciarse en el juego y en el deporte formativo y desarrollarse en el competitivo, practicado siempre por decisión propia y alejada de las presiones y conveniencias ajenas a su personalidad e imposiciones del deporte espectáculo".

“La persona que juega tiene que ser LIBRE para desahogar toda su exuberancia natural y poder desarrollar su capacidad creadora. Jugando rugby el niño y el adolescente desarrollan su propio juicio en beneficio del conjunto. Jugando con libertad serán jóvenes que piensen y adultos que sabrán elegir”.

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Juan Pagano con dirigentes del deporte, entre ellos el señor Coronato. Foto: familia Pagano.

Marabunta Rugby Club

En su primer capítulo, Pagano resalta “la estructura del Club Marabunta basada en los conceptos filosóficos del rugby. Todos bajo el paraguas de la palabra RESPETO, con la que se transmiten valores irrenunciables: humildad, solidaridad, esfuerzo, pasión, amistad”.

Todos valores que una sociedad necesita para ser cada día mejor.

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Presidentes de Marabunta. Foto: libro Rubgy, historia de una pasión.

Desde sus comienzos, el Club Marabunta rompió con el mito de que no se podía presidir un club de rugby sin haber sido jugador. El libro ejemplifica con el caso de Daniel Feijóo, que logró un muy buen desempeño en el ordenamiento del club. Otro ejemplo fue Adrián Garnero, que tuvo una buena gestión.

Facundo Báncora invitó a todas las personas que se habían alejado del club para que se vuelvan a incorporar. Prueba de ello es que de los catorce presidentes que tuvo, siempre asisten entre 8 a 10 de ellos a compartir la mesa de los sábados. Es digno de resaltar la atención que le ponen esos veteranos en preparar el almuerzo previo a los partidos de las divisiones juveniles y primera.

El camino se ensanchó y reforzó con la integración definitiva del hockey femenino y masculino como así también el rugby femenino. Tomó fuerza el grupo de “hormigas classics” (veteranos en actividad) que silenciosamente colaboran con el club.

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Presidentes de Marabunta. Foto: libro Rubgy, historia de una pasión.

Mariano Santos tomó la conducción del plantel y logró la participación en el torneo Super 8 en Mendoza. Esto se gestionó con “Kiti” Cerri del Neuquén Rugby Club y la Unión.

Entre las fotos de los recuerdos encontramos muchos jugadores neuquinos que participaban como lo fue el equipo El Trébol: Gómez, Duffi, Celatta, Domínguez, Rodríguez Segat, Pelliza, Malcotti, Gil, entre otros.

50 años de Marabunta Rugby Club

En 1957 el ingeniero Lalo Bellino invitó a un grupo de jóvenes a jugar al rugby: nos comentó que era un deporte maravilloso en el que prevalecían los valores filosóficos del juego. Comenzaron las prácticas y los entrenamientos en el Club Cipolletti: conformaron un equipo que nunca llegaban a completar. No obstante, jugaban partidos con equipos de General Roca, Allen y Neuquén. Representando a Cipolletti jugaban en la antigua cancha de fútbol.

De acuerdo con lo escrito por Juan: “No nos veían con buena cara los dirigentes del club, diciendo que esto no era deporte, que era un juego de animales y que nunca iba a progresar, quitándonos el apoyo y sacándonos la cancha donde jugábamos. Con mucha frustración y bronca sacamos los arcos y nos fuimos al lugar que hoy es el Parque Rosauer, prestado por la Municipalidad, y allí armamos la cancha”.

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Equipo el Trébol. Foto: familia Pagano.

Una anécdota dice que uno de los arcos daba a los fondos de la casa de Agua y Energía de la Nación, donde vivía el que iba a ser famoso escritor, Osvaldo Soriano, que tenía la edad de ellos pero que no se entusiasmó porque era muy fanático del fútbol. Allí jugaron hasta 1958 cuando la municipalidad les pidió el terreno. Fueron pasando por diferentes lugares como nómades del rugby: predio del Barrio Don Bosco (municipal), terreno en Santa Marta en dos esquinas (familia Marasciuolo), terreno en Barrio Pilotto (municipal), terreno en calle Naciones Unidas y en la cancha del Club Cuatro esquinas. Por último, el paraje Pichi Ruca, donde se encuentra actualmente el club.

Fue creciendo el número de jugadores. Jugaron la temporada 1964-65 con el nombre del Club San Martín, con el que participaban en los torneos de la Unión. En esos años el doctor Julio Dante Salto los orientó para que solicitaran tierras a la provincia. Terminada la década del sesenta, eligieron el nombre de Marabunta Rugby Club. A pesar de no tener todavía la cancha decidieron fundar oficialmente el club el 3 de octubre de 1970 y con esa acta lograron la documentación oficial de personería jurídica. Por decreto provincial les adjudicaron cinco hectáreas en el barrio IPPV. Y allí comenzaron a trabajar a acondicionar el terreno, pero al poco tiempo les vuelven a sacar las tierras.

Nuevamente realizaron gestiones ante la municipalidad y con el apoyo incondicional del concejal Néstor García se firmó un convenio por la sesión de las tierras en el paraje Pichi Ruca por el término de veinte años renovables, con una superficie de tres hectáreas. Toda la comunidad cipoleña los apoyó mientras hacían sus trámites para conseguir fondos para seguir creciendo.

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Camisetas de los clubs fundadores de la Unión Rugby del Alto Valle. Foto: familia Pagano.

“En la actualidad —es decir, al momento de escribir el libro— Marabunta Rugby Club es el espacio en donde 1200 deportistas de entre 6 y 17 años, todas las semanas, aprenden y practican, los fundamentos del Rugby y el Hockey, deportes amateurs caracterizados por el compromiso grupal el esfuerzo y la camaradería”.

Enumeró los nombres de personas significativas para la formación del Club Marabunta como Daniel Feijoo y Adrián Garnero, entre otras muchas personas que homenajea por el apoyo incondicional al naciente club.

Recuerda también a las personas que partieron a otra vida demasiado pronto pero que contribuyeron al crecimiento del club: Alberto Vilanova, Luis Franco, Roy Hood, Luis Ferracutti, Héctor García, Rubén E. Dreossi, Horacio Manson, José Morales, José López Reale, Carlos Santos, Daniel Lomazzi, Joaquín Vines (juvenil menores 18 años). Dragutin Klein.

Canción de Marabunta

Es la fuerza de tu ser,

Siéntelo,

Ven, únete a los demás,

por el deporte, por la integridad.

Honor como virtud,

Marabunta Rugby Club

Estribillo

Con pasión, con valor y con fervor,

sentimos siempre que podemos perder,

que podemos ganar.

pero la esencia del espíritu quedará.

Letra y música: Eduardo Gabriel Barcos.

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Equipo de Rugby en 1970. Foto: familia Pagano.

Recuerdo y agradecimiento a sus amigos que lo acompañaron en toda su tarea

“Esta historia no estaría completa si no nombrara a tres amigos entrañables que en más de 50 años me acompañaron en las etapas más duras construyendo el sueño de hacer un club de rugby. Muchos son los que ayudaron en forma intermitente, que iban y venían, pero ellos tres con su pasión, estuvieron al lado mío en forma incondicional y la prueba de ello, de su pasión, es que siguen aportando lo suyo en el club. El tiempo, que es duro fiscal de nuestro accionar, me ha hecho ver que nada es en vano, el club es una realidad y las nuevas generaciones lo han ordenado, lo han modernizado y han reafirmado los valores de este juego, siendo un orgullo para la ciudad. Final: mi cuerpo cansado, pero con mi mente lúcida, recorro estos años junto a estos amigos: Jorge Izaguirre, Diego Segovia y Rubén Quadrini, recordando las vivencias, con nuestras familias, viajando, juntos con el equipo en las distintas giras. Conclusión, fueron años maravillosos. Gracias Jorge, Diego y Rubén”.

La historia increíble de un club de rugby lleno de recuerdos y de vivencias, no solo del autor sino de muchos de sus jugadores. Leyendo el libro, conociendo el legado de su gente, entendemos que esto no terminó, que cada día, cada domingo, cada partido es un nuevo capítulo de esta historia de pasión y amor por este noble deporte.