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El desafortunado suceso que le arruinó las ventas al pibe choripanero

“Estaba en el mejor momento y…”, contó el nuevo emprendedor de ruta chica este sábado a LM Cipolletti.

Pintaba para ser un sábado perfecto para él. Los clientes se acercaban bastante y les compraban “más de un chori, llevaban de a dos”. Estaba para “hacerse el día”. Sin embargo, Agustín, el joven choripanero emprendedor de la ruta chica sufrió uno de esos contratiempos inexplicables.

O quizá no tanto, porque se sabe que el factor climático y en especial el viento suelen ser traicioneros para la venta ambulante.

Y en ese sentido, en su tercer sábado desde que se inclinó por este prometedor proyecto con el apoyo de toda su familia, el pibe que se recibió en el Industrial y que a la vez domina muy bien el inglés, soportó su primer gran sinsabor.

Se lo contó él mismo a LM Cipolletti, el medio que días pasados dio a conocer su linda historia de superación y ganas de salir adelante.

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Agus, el joven choripanero, junto a su familia.

“Estuve hasta las 14.30 y tuve que irme justo en el momento en que más gente pasa, viste que los sábados casi todo el mundo arranca más tarde. Me estaban comprando re bien…”, lamentó el muchacho que se vio obligado a levantar campamento.

¿Pero qué pasó? “Estaba tranquilo el viento y se levantó de golpe con toda la furia. Con tanta mala suerte que me tiró la criolla que prepara mi mamá Norma para condimentar los choripanes”, explicó este hincha de Boca sobre la mala pasada que le jugó el “innombrable”.

Por esta razón, si bien el saldo fue positivo, el negocio no fue “completo”.

“Me quedaron algunos sin vender pero que va a ser, volveremos por la revancha… Igual siempre para adelante y muy contento e ilusionado”, desdramatizó en su contacto con este portal.

Dónde y cuándo encontrar al pibe choripanero

Seguidamente, comentó que el próximo sábado volverá a estar en el mismo lugar, en la ruta 65 en el acceso al barrio Los Frutales, en Fernández Oro.

“Agradecerle a todos por tanto apoyo, a mi familia y a la gente. Muchos vieron la nota en el diario y me lo hicieron saber”, celebró.

“Son chorizos comunes, los vendo a $4.000 y $300 el vaso de gaseosa. A la gente no le gusta que estén pasados de grasa, ni que tengan huesitos, así que prefiero vender algo clásico y rico. Aunque la clave es la ensalada criolla de mi mamá, bastante rica, acá se la quieren comer a cucharadas”, había comentado en aquella entrevista, resaltando justamente la salsita de su madre.

Con visión de negocio y pensando más allá, Agustín admitió: “Me gusta porque es algo propio, un negocio que recién estoy empezando y pienso en crecer. A futuro quiero hacer algo en mi casa, vivo enfrente del Hospital nuevo -se estima que inaugura a fin de año- y quizá arme algún parador”, adelantó.

“Antes estuve en herrería, en construcción, manejo bien vehículos desde los 12 años. Y actualmente en la semana vendo rosquitas y estoy armando horno industrial para hacer pollo, algo más grande. Lo reparto a domicilio, no cobro el envío”, añadió el joven que este sábado se fue con un sabor amargo pero que sabe que el próximo todo volverá a la normalidad.