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Svampa cuadros, reliquia cipoleña: de la tragedia a otra bella historia de amor

Uno de los últimos comercios de ese rubro en la región. La emocionante historia detrás del emblemático y exitoso negocio. El amor después del amor y el dolor.

“¿Quien no tiene un cuadro de Svampa?”, se pregunta en voz alta Viviana San Martín en el histórico local de Alem 525. Su marido, Orlando Horacio Svampa asiente con la cabeza, porque más allá de algún achaque de salud apenas oye hablar de su querido negocio para las antenas e infla el pecho emocionado.

No sólo es el orgullo familiar sino de una ciudad entera que lo considera parte de sí al comercio y resultó fundamental para que no cerrara sus puertas en el momento más crítico.

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“En el 2000 resulta que pusimos un cartel en la puerta: ‘liquidación por cierre’. No sabés lo que fue la reacción popular, los clientes nos pedían que no cerremos y gracias a eso nos levantamos. Ahora también es un momento complicado, estoy bastante sola en el local y no voy a negar que a veces pienso si continuar o no. Pero por lo pronto vamos para adelante”, admite esta guerrera de mil batallas llena de gratitud.

Drama e historia de amor

El es de Allen, ella oriunda de Chile y vino por primera vez a la región en el 87. Allí nació una linda historia de amor. “Lo conocí a Orlando y me fue a buscar del otro lado de la cordillera, a mi país. Yo era mucho menor, tenía 23 y él 55. Pero a mi familia no le quedó otra que aceptar que me fuera y me radiqué acá, como me pedía mi corazón”, revela sin arrepentirse de la elección.

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El matrimonio, feliz en su hábitat natural. Foto Antonio Spagnuolo.

El matrimonio, feliz en su hábitat natural. Foto Antonio Spagnuolo.

“Nos casamos en el 91, lamentablemente no pude tener hijos. El tiene 4 hijas maravillosas, su primera esposa falleció”, agrega quien se hace querer por su amabilidad. Esa desgracia de la que habla conmocionó a todo Cipolletti. El comerciante se salvó de milagro pero perdió a su pareja en el luctuoso siniestro. Logró rehacer su vida con la persona indicada. El amor después del amor y el dolor...

Les han pedido enmarcar desde camisetas de Cipolletti y los clubes grandes, autógrafos de Messi y Maradona, herramientas de profesionales que se jubilaban, tarjetas de árbitros famosos de la zona, hasta láminas de enorme valor, de artistas de la talla de Quinquela Martín, Castagnino, Molina Campos.

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La vida misma en un cuadrito. Y pocos hubieran apostado por tamaña trayectoria allá por 1958, cuando el “padre de la criatura” se embarcó en un audaz proyecto en la calle Irigoyen, casi Miguel Muñoz.

“Cuatro años más tarde se fueron a la Sarmiento y en el ‘73 a San Martín 670 y luego se mudaron al lado, 680. En el ‘77 quedó viudo de Juanita y en el ‘87 se trasladaron a la ubicación actual”, repasa la mujer la historia del legendario local.

Originalmente se abocaban a “cuadros, vidrios, parabrisas y puertas”, luego la oferta se redujo a “puertas y cuadros” y finalmente entendieron que la clave pasaba por los “cuadros” y se convirtieron en una marca registrada de la marquetería.

“Nos hemos mantenido, hemos construido nuestra casa. Se ha enmarcado de todo acá…”, reflexiona Viviana con nostalgia en un salón lleno de mística que genera un sinfín de sensaciones y recuerdos.

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“Lo nuestro es todo artesanal, se trabaja cuadro por cuadro, varilla por varilla, corte, lijado, se clava… No se engrampan como los de fábrica, se corta el vidrio, se limpia, luego se arma”, explica en cuanto al procedimiento mientras un muchacho le deja una camiseta de Boca firmada por todo el plantel para encuadrar.

La anécdota

Se ríe al recordarla. “Una vez dejaron una pintura, un oleo y no sabemos que pasó que de repente quedó todo chorreada. Como que le cayó agua, así que comencé a tapar, a pintarla pero se cambiaba el color… Tuve que hacer todo el cielo de nuevo con muchos nervios y desesperación. Lo increíble es que la señora cuando vino dijo ‘quedó hermoso…’ y ahí recién respiré aliviada, jaja. Me di cuenta que no lo pintó ella, que no era tan detallista”, evoca el memorable sobresalto.

La clientela es muy amplia, gente de bajo perfil y también muy conocida (“como Tortoriello o Saraco, que le regaló a mi marido una mapuche de yeso) son habitués del lugar. Se los trata a todos por igual. Y con esa fórmula, Svampa hasta llegó a manos del Papa…

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“Trabajamos, más allá de Cipo, con personas de Neuquén, de Roca, de Cinco Saltos, de todas partes. Una vez de España trajeron un abanico y lo armamos, un hombre se llevó una tesis a Grecia y otro le llevó algo al Papa Francisco”, destaca a punto de entregar “siempre puntual” otro trabajito.

Incondicionales

“El año pasado tuvimos un accidente en casa, se quemó parte de dormitorio y la galería. Mi marido no quedó bien desde allí, le declararon una enfermedad. Pero él viene todos los días igual al negocio, se levanta y hay que traerlo así que eso hago”, culmina San Martín.

Viviana y Orlando, los dueños de Svampa Cuadros, un pedazo de historia cipoleña. "Vivi" para contarla...

"Nunca lo vi triste a mi papá"

Rossanna, la hija del apreciado hombre, también accedió gentilmente a brindar su testimonio a LMC.

"Mis viejos vinieron desde Allen buscando un nuevo camino, hicieron de todo hasta que al fin se inclinaron por el rubro de la marquetería. Papá era especialista en vidrios de vehículos ('los levantaba con una mano'), repuestos, parabrisas. Laburaba a destajo los sábados, domingos... Luego se especializaron en cuadros, conocieron a pintores famosos que venían y exponían en el hotel Nogaró", apunta con melancolía sobre la época dorada.

"En el accidente muere mi madre Juanita y luego una hermana mía de cáncer. Papá conoció a Viviana y siempre creímos en la vida. Los más chicos de la familia se criaron con ella, muy lindo como pudo reconstruir su relación sentimental", resalta.

Por último asegura estar "orgullosa de mis padres". "Nunca lo vi triste a mi papá. Tras el accidente siguió trabajando con una pierna herida, no tuvo nunca problema de depresión, se sobrepuso a todas las aversidades. Lo mantuvo vivo estar conectado con el mundo gracias a los cuadros. Un marco hace que tu cabeza funcione y es un gran artesano, ha creado marcos hermosos. Hasta en Caviahue he visto obras suyas, siempre de muy buen gusto, trabajando también con varillas el francés, que tienen varios fondos", culminó con emoción.

¡Grande, Pa! ¡Grande Svampa!

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