El domingo se cerró la circulación de agua por el canal principal, a la altura del Dique Ingeniero Ballester, y se dio por concluida la temporada de riego en el Alto Valle. Poco antes, se había terminado de levantar lo que quedaba de la cosecha. Ahora, ya está en marcha la postemporada de la fruticultura y, al efecto, se empezaron las tareas de podas imprescindibles para la actividad.
Con la finalización del riego y la cosecha, se imponen los balances. En materia de agua para la irrigación de las chacras, lo que se afirma es que, pese a pronósticos agoreros, no faltó agua y la sequía hídrica y pluviométrica no se ha verificado en la práctica, por lo menos, en lo que hace a las necesidades agrícolas de la región.
Y, en cuanto a los resultados de la producción, se ha comprobado una reducción muy significativa de los volúmenes de fruta que se han obtenido, lo que viene a corroborar la tendencia a un achicamiento cada vez más notorio de la actividad frutícola del Valle.
El dirigente Eduardo Artero, referente de regantes y productores cipoleños y de la región, indicó que el servicio de riego ha funcionado sin inconvenientes durante la temporada, en la que no faltó en absoluto la abundante agua que requiere la explotación intensiva de las tierras valletanas.
En su opinión, el recurso hídrico seguirá siendo poderoso para la temporada que se viene, puesto que se están observando nevadas y lluvias intensas en la zona cordillerana. No hay indicios de que las tan mentadas sequías puedan afectar, al menos hasta donde se puede prever, la labor en las chacras.
"El que decide que llueva y haya agua es Tata Dios, es una decisión de arriba, no de abajo, de los hombres", manifestó, con ironía pero también con seriedad el productor cipoleño. Que en palabras más ecuménicas y prosaicas agregó: "Es la Naturaleza la que dispone y, por fortuna, en Río Negro contamos con recursos hídricos impresionantes, a los que tendríamos que valorar mucho más".
La única gran dificultad que viene enfrentando el canal principal y los canales de las redes locales es la presencia creciente de algas y vegetación acuática en los cauces. Extraer la "lama" se vuelve todo un reto, ya que hay que acudir a pesadas cadenas que, arrastradas, arrancan los vegetales y permiten quitarlos y garantizar así que el agua circule sin inconvenientes.
Menos tierras irrigadas
Por otra parte, siempre en relación al riego, se vuelve cada vez más profunda la preocupación por la pérdida de tierras irrigadas, por el avance de las urbanizaciones y por el abandono de la labor frutícola por parte de productores cansados de pelearla o por parte de sus descendientes, que se desentienden de la fruticultura y buscan otras opciones económicas.
Artero indicó que en la actualidad la cantidad de tierra irrigada y en producción no llega en el Valle a las 40.000 hectáreas, habiéndose perdido para el sector frutícola no menos de 20.000 hectáreas en los últimos 30 años. El gran Valle lo es cada vez menos, al menos, en cuanto a superficie.
Pero también en materia de volumen de producción hay serias alarmas encendidas. Este año, según el dirigente, hubo una significativa disminución de lo cosechado en relación a la temporada pasada.
La estimación calza, además, en la tendencia que se viene observando hace 30 años de un descenso en los guarismos de producción. Y es que hoy lo que se produce en materia de fruta en el Valle no representa más del 20 por ciento de lo que se llegó a cosechar otrora, en tiempos mejores para el sector.