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Se separó, puso su propia panadería y a los 79 sigue firme detrás del mostrador: "Cumplí el sueño de mi vida"

En el día del panadero, la historia de Nely, una de las más queridas de la zona. "Se puede sola, las mujeres somos luchadoras", dice esta audaz emprendedora que "siempre estoy cuando me necesita la gente".

Nadie que entra, sale rápido de su panadería. Haya gente o no en el local, la amabilidad de Nely (Nélida Ponce) invita a quedarse unos minutos conversando con ella. Cualquier excusa viene bien: el clima, la situación económica, las últimas novedades del pueblo. Se llevan la flauta, el felipe y también el cariño o algún consejo de la dueña. Al fin y al cabo, "los clientes son una compañía para mí y saben que cuando me necesitan siempre estoy", admite la emblemática panadera de Fernández Oro.

Persona que se entera que es su día (este 4 de agosto se celebra el Día del Panadero/a), no se queda con el simple saludo formal sino que se le acerca, traspasa el mostrador y le da un beso o se extrechan en un abrazo, en una clara muestra del grado de confianza y el aprecio muturo que existe entre la propietaria de 79 años y los habitué del histórico comercio. "Gracias, de corazón. ¿Qué andas buscando querido?", devuelve ella con gratitud y la sonrisa de siempre.

"Tengo una relación muy buena con ellos, siento aprecio por los clientes de toda la vida. Me valoran mucho, saben que he ayudado cada vez que pude dentro de mis posibilidades", agrega esta incansable y ejemplar mujer.

Que se agiorno a la tecnología a la hora de atender y cobrar pero a la vez conserva las viejas costumbres: por ejemplo, el cuadernito en el que anota todos los detalles del negocio rebalsa de información...

La historia de una luchadora

"A las 4 de la mañana ya estoy despierta, empiezan a trabajar los muchachos en el horno y me quedo atenta. Cuando entran a esa hora los ayudantes, les entrego las llaves. Le meto hasta la 13.30 y luego viene la empleada a las 16 y siempre estoy cerca de ella, vengo a verla por si necesita algo, voy al otro local", comenta a LM Cipolletti cómo es su día quien se mantiene súper activa y al frente, nada menos, que de un popular negocio.

Hubo un antes y un después de su seperación, promediando los '80. Hasta allí "me dedicaba a hacer tortas para cumpleaños y casamientos, fiestas de 15, porque soy profesora en cocina, repostería y decoración. Daba cursos en mi casa, etc", explica la mujer que transmite calma. Habla pausado en el interior del pequeño recinto de Roca 423 y le ofrece un bizcochito a un muchacho que devolverá gentilezas: "una genia Nely, me hace acordar a mi abuela".

El Rulo, un popular vecino y cliente, la saludó este martes a Nely en el Día del Panadero.

"Me separé y dije 'tengo que salir adelante sola'. Con la mano de Dios, puse mi propia panadería y no la cerré más. Empecé con la reventa de pan de La Vieja, de Cipolletti, después abrimos la otra sucursal de Mariano Moreno 435... Con el apoyo de mis hijas Débora, Paola y mi yerno Hugo, cumplí mi gran sueño", repasa su arduo recorrido y le brillan los ojos de la emoción.

De hecho, confiesa que "no pensé que iba a llegar a tanto". "Cuando ya pisaba los 60 años me animé, dije 'voy a hacer un local', tenía el terreno... Gracias a Dios con mucho esfuerzo, solita con el apoyo de mis hijas, tengo mi propia panadería, mis máquinas...", celebra las metas y conquistas a puro sudor tras 23 anos de intachable trayectoria. Porque como ella recalca, "nadie me regaló nada ni le debo a nadie".

"Fueron noches sin dormir, trabajando, cerraba a las 22 y seguía en mi casa elaborando los dulces. Dormía 1 ó 2 horas. Por eso la panadería es un logro, un sueño que se me cumplió. Siempre soñé con ser independiente y hacer algo yo. Las mujeres somos muy luchadoras y trabajadoras", reinvindica al género.

A propósito de mujeres, las mejores tardes las pasa en familia con "ellas". "Tengo dos hijas mujeres y dos nietas mujeres, Guadalupe y Thais, así que imaginate lo que es eso, cinco mujeres cuando nos juntamos la pasamos lindo y por suerte se da bastante seguido", cuenta entre risas.

Luego lamenta el duro contexto social y la realidad que se palpa en la calle. "Pasa mucha gente a pedir, está difícil para todos y para mí también", dice, y reconoce que "cuando se puede siempre estoy para dar una mano. La gente sabe que cuando me necesitan estoy", indica.

Nely con Oscar, otro fiel cliente.

Recomienda a la juventud que "estudien y trabajen, es la única manera de salir adelante". ¿Y hasta cuando trabajará ella? "Hasta los 80 me propuse pero faltan pocos meses, el 23 de febrero los cumplo. Vamos a ver hasta donde Dios me diga... Por lo pronto, voy a seguir llevando el pan de cada día a casa".

"Una luchachora incansable"

Su hija Débora siguió sus pasos y además de la docencia atiende con su marido la otra sucursal de panadería Canela. Supo ser reconocida entre las mujeres emprendedoras de Río Negro, tambipen como panadera. Y así define a la pionera de la familia, a su gran espejo. "Mamá es una luchadora incansable, una mujer sensible, una emprendedora sin temores. Una gran persona, llena de cualidades, un ejemplo a seguir. Gracias por todo mamita".