La bella historia de Irma y Carlos, contada en primera persona. El consejo a quienes se reprimen o no se la juegan y cómo se ama después de los 70 y 80.
En la zona campestre donde viven a puro mimo, la señal va y viene y dificulta la comunicación. Entonces ella propone aguantar la nota hasta su regreso al Alto Valle para contar en primera persona una atrapante y bella El Hoyo .
Y así sucede. Irma tiene 72 años y Carlos 85. Hace un par de meses resolvieron dejarse llevar por sus sentimientos sin hacerle caso a los prejuicios ni a las barreras históricas, formaron pareja y conviven en El Hoyo. “Somos felices”, asegura la encantadora mujer. Y por su rostro radiante hay que creerle.
No es que acaban de conocerse ni fue un flechazo que los acercó. Todo lo contrario, eran amigos en otros tiempos y al parecer se gustaban desde chicos -si bien juran que nunca antes hubo nada entre ellos-. Pero tuvieron que pasar varias décadas para volver a verse y darse ese soñado primer beso. Parece una novela o un cuento romántico, pero es la pura realidad. De locos.
“Yo era pequeña cuando lo vi por primera vez, en paraje Los Repollos, llegando a El Bolsón. Carlos era camionero e iba a mi casa a comprarle leña a mi papá y se hizo amigo de uno de mis hermanos. Recuerdo que iba al colegio en el campo caminando acompañada de familiares y él pasaba con el camión, nos levantaba y nos llevaba”, contextualiza Irma mientras convida un mate.
Anda de paso por Fernández Oro, la ciudad en la que se afincó en 1976 y ahora concreta una fugaz visita para realizarse chequeos médicos en Cipolletti y saludar a hijas y nietos. Calienta la pava y prosigue con su formidable relato.
“El estaba casado, entonces, nunca pasó nada. Yo incluso conocí a su primera esposa. Cuando Carlos viajaba, ella quedaba sola en el campo y más de una vez me tocó ir a darle una mano en la casa, a cuidarla. Es decir, cada uno por su lado a nivel sentimental y con absoluto respeto por la pareja del otro. Hasta que uno de mis hermanos vendió el campo de mi papá, lo trajo al viejo una chacrita en Oro y nos vinimos todos para acá”, repasa la mujer que tuvo 3 hijas con otro hombre y quedó viuda.
Jamás pensó al venirse a estos lares que el destino volvería a cruzarlos. Y mucho menos que sería tanto tiempo después y para empezar una relación. “Mi vida fue complicada pero siempre sale el sol para todos”, reflexiona al confiar sus vaivenes amorosos y vaya paradoja, el cielo despeja un poco entre tantos nubarrones.
“En el 2000 muere mi marido. En 2012 él -por Carlos, su actual novio- encuentra a una prima mía en Esquel. Le pidió mi número de teléfono y solo consiguió el de mi hermano… Un día me llama mi hermano y me dice ‘hermanita te van a llamar, hasta ahí nomás te digo, después arréglate vos sola…”, comenta cómo se concretó el impensado acercamiento con la persona a la que en el fondo siempre quiso.
“Me llama y reconocí su voz… ‘Con la señora Carrasco’, me dijo… Fue muy linda esa primera charla, me sorprendió. Pero Carlitos empezó a viajar a Córdoba y perdimos contacto. En una nueva conversación me confesó: ‘Me enteré que quedaste viuda, yo también en 2007. Aunque jamás tuvimos nada, nunca me olvidé de vos’… ‘Yo tampoco de vos’, le contesté, me salió del corazón, me había enamorado de él en silencio…”, revela Irma y suspira hondo como una quinceañera perdidamente enamorada.
Ya en ese entonces, don Carlos se tiró un primer lance. “Me pidió que me fuera con él pero yo estaba criando a mis nietos. Insistía, ‘venite, te va a hacer bien, vamos a reencontrarnos, vamos a vivir lo que no pudimos…”, cuenta los pormenores de esas charlas íntimas.
Con fama de seductor en el pueblo, desde allí insistió durante 13 años. Y el laburo fino, a la larga, dio resultado. “Me llamaba siempre, hasta que en Julio de 2025 vuelve a comunicarse. Fue exactamente un 30/7, nos reímos mucho. Le comenté a mi hija mayor lo que estaba pasando, la proposición que me hacía y ella me preguntó: ¿vos lo querés? ‘Lo adoro’ le contesté. ‘Entonces, inténtalo Ma, jugátela”, me recomendó ella…
El esperado romance estaba al caer. “Acepté ir a pasear a El Hoyo, donde ahora vivimos y me dijo, ‘no te dejo volver’. Regresé y en abril le pedí que me dejara pensarlo unos meses más -risas- ‘Hace 75 años que vas a pensarlo...’, me respondió. Y al final me decidí a comenzar esto”, indica y sonríe.
El 4 de mayo de 2026 fue el día del volver a empezar formalmente, en términos sentimentales, para ambos. Y por ahora, todo marcha de la mejor manera. “De diez, estamos como recuperando el tiempo tras 65 años... El es un hombre fuerte, campesino, cría animales, ha trabajado mucho. Pero conmigo es muy cariñoso. Y yo estoy feliz, es el amor de mi vida, siempre estaba en mi corazón y en mi mente”, reconoce Irma a pura ternura.
La charla va llegando a su fin pero hay tiempo para un consejo valioso de la protagonista de un capítulo amoroso único. “Mucha gente vive mal, por costumbre junto a otra persona que quizá no es la que realmente ama. ¿Qué les digo? Qué no se repriman, que la vida pasa rápido, que no hay que forzar nada. Y que si realmente encuentran al amor de su vida y es correspondido, que se tiren a la pileta. Ojo siempre con respeto, sin herir a nadie y siendo claros. No se trata de traicionar a nadie, solo de ir de frente y si algo no funciona, cortar por lo sano. Y otra cosa, nunca es tarde, se puede amar a los 70 u 80 con la misma pasión que a los 20”, redondea.
Tras unas jornadas en por Oro y Cipolletti, Irma regresa en colectivo rumbo a su nidito de amor. Allí la espera Carlos para continuar viviendo acaramelados y concretando, al fin, aquella eterna fantasía. Son 13 horas de viaje. No es nada para alguien que esperó 65 años por el amor de su vida…