Su mamá comparte también una grata noticia reciente que alivia a toda la familia. Además, el otro y triste costado de la discriminación.
El interés por conocerlo es tan grande como su altura. Cada vez más curiosos se acercan a su casa para ver en persona al joven rionegrino del que habla el país. Así comprueban en vivo que detrás de su impactante físico de 2,30 metros de altura se esconde un pibe que despierta tanto asombro como una profunda ternura en la localidad. El Pequeño Gigante ya es de todos y su sorprendente caso sigue dando qué hablar.
A sus 21 años, Yamir, el "pequeño gigante" del barrio Unión de Río Colorado, se ha transformado en el centro de atención de una ciudad que oscila entre la fascinación de sus vecinos y los desafíos diarios de convivir con una patología extremadamente poco frecuente y compleja: el síndrome de Weaver.
En una charla íntima y reveladora, su madre Soledad Ruppel confió a LM Cipolletti que su casa se ha convertido, de forma espontánea, en un punto de encuentro de los lugareños, que entran y salen por la intriga que les despierta Yamir..
"Ha venido muchísima gente a conocerlo. Varios, la verdad, se impresionan porque es grandote, de pies grandes y manos gigantes. Imaginate calza 40, solo su pie mide 60 centímetros", relata mamá coraje con una mezcla de orgullo y naturalidad.
El fenómeno es tal que, por jornada decenas de personas se acercan hasta su casa movilizadas por la curiosidad de ver de cerca al joven cuyas dimensiones desafían cualquier estándar del Valle Medio, al límite con La Pampa.
A pesar de su imponente físico, Yamir es definido por su entorno como un chico de una gran sensibilidad. "Es un dulce de leche", resume su madre con afecto, describiendo cómo busca en público el contacto físico y el cariño de sus seres queridos "apoyando su cabeza en mis hombros". Seguramente, más allá de la alegría, tantas visitas le provocan un poco de tímidez.
Claramente, la exposición pública no siempre es fácil de procesar para él, por lo que su entorno busca un equilibrio y no exponerlo tanto.
"Saluda de puño, le gustan que lo visiten. Eso sí, por ahí había 10 o 15 personas, se ponía nervioso o se largaba a llorar o a querer llamar la atención. Ese es el límite, ahí pedimos disculpas a la gente y se retiran", confiesa sobre su mamá el impacto que le genera el asedio de los lugareños.
Se trata de una condición médica caracterizada por un crecimiento acelerado y severas alteraciones óseas, neurológicas y craneales. Esta realidad médica lo expone a una doble vulnerabilidad: la de su propia salud y la de los prejuicios sociales.
Su madre recuerda con dolor los episodios de discriminación que han tenido que padecer en los espacios públicos de Río Colorado. "Hay también gente a la que le choca verlo. De hecho, lo llevaba a la plaza con las hermanas y había nenes que le gritaban cosas feas. Tenés que educar a tus hijos, me parece, ¿no?", reflexiona con firmeza.
"Muchos nenes se asustaban y lloraban al verlo", añade sobre una cruda situación, aunque aclara que el temor inicial se disipa rápido al conocer su esencia, ya que a Yamir "le encantan los chicos".
Y siguen las confesiones de la querida Sol, un ejemplo de madre luchadora. Las hermanas me dicen: 'Ay mamá, nosotras porque lo vemos normal, pero es extremadamente grande".
Pese a los tragos amargos, Yamir ha logrado construir una red afectiva sólida. "Con los amigos míos y de las hermanas se lleva bien con todo el mundo. En verano lo saco a la vereda, saluda a los autos y todo el mundo lo conoce. Él es 'el Yami'", detalla su mamá sobre las tardes donde el barrio Unión se rinde ante su carisma.
La fisonomía de Yamir requiere una logística completamente adaptada que excede los recursos de cualquier familia trabajadora. Con un pie que mide 40 centímetros de largo, el joven calza número 60, una medida imposible de conseguir en los comercios tradicionales. Ante esto, la solidaridad regional se activó de inmediato: un zapatero de la localidad de Luis Beltrán se encargó de confeccionarle calzado especial, mientras que un grupo de costureras de Río Colorado diseña y cose toda su ropa a medida.
La red de contención comunitaria también llegó desde el ámbito educativo, ya que desde su escuela técnica se comprometieron a construirle y agrandarle la cama para que alcance los 2,70 metros de longitud.
A la par de la respuesta social, en las últimas semanas llegaron definiciones fundamentales desde el sector público para garantizar su calidad de vida. La madre de Yamir confirmó a LMC el otorgamiento de un subsidio clave por parte del área de Discapacidad de provincia de Río Negro.
Este beneficio económico estará destinado a solventar los gastos de una acompañante terapéutica hasta fin de año, una prestación vital que la obra social no le cubría. "Tengo cubierto al menos la mitad, pero ya son varios los aportes que vamos consiguiendo. Está bueno y hay que destacar el apoyo de la provincia y del municipio", remarcó.
Los avances institucionales también impactarán de forma directa en la infraestructura de su vivienda. El intendente local visitó el hogar, interiorizándose en la situación, y cumplió con el compromiso de entregar los materiales de construcción necesarios para edificar una habitación completamente adaptada a las necesidades de Yamir, obra que como anticipamos la familia ya ha comenzado a levantar.
A este esquema de asistencia se suma la gestión en curso ante Incluir Salud para la entrega de una silla especial, diseñada para soportar sus dimensiones y peso, lo que parece inminente. Mientras las paredes de su nueva habitación comienzan a tomar forma, Yamir, el Pequeño Gigante, sigue demostrando que su verdadera grandeza no reside en los dos metros y medio de altura que rozan el techo de su casa, sino en la capacidad de movilizar a toda una comunidad detrás de su bienestar y mejor calidad de vida.
¡Qué grande sos, pibe!