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Las tortas fritas más ricas del río: mamá y papá cocinan, la hija y la nieta las reparten en busca de un sueño

Lorena y Enrique, un camionero que se quedó sin empleo, tienen 6 hijos y varios nietos. Todos colaboran para salir adelante. Qué es lo que tanto anhelan.

Lorena y Enrique elaboran las deliciosas tortas fritas y rosquitas a la vista de todos, refugiándose del sol y del intenso calor debajo de un gacebo azul. La menor de sus 6 hijos, Franchesca (11 años) y una de sus nietas, Julieta (9), las reparten y ofrecen por el balneario municipal en una simpática canastita. El resto también colabora y apoya.

Es una familia muy conocida en la zona de Allen, sumamente trabajadora. El hombre, chofer de camión, se quedó sin ese empleo semanas atrás y más que nunca decidió volcar las energías en los pequeños rebusques y emprendimientos.

Ella está abocada a la crianza de los más pequeños y a los quehaceres de la casa. “Eso de las tortas fritas lo hacen los fines de semana y también aprovechan los fines de semana largos como este que pasó y estuvo re bueno”, comenta Karen, otra de las descendientes del querido matrimonio.

familia torta fritas

Enrique, Lorena, Karen y las más pequeñas de la familia.

“Los 3 más grandes formamos nuestras familias y ya no vivimos con ellos, pero siempre estamos juntos”, resume la muchacha sobre la unión familiar. Si vale como ejemplo, allí están juntos en el atardecer de un lunes por demás caluroso, “ideal para el río, los mates y las cositas ricas que vendemos”, señala con picardía.

Respecto a la logística, asegura: “Mi papá se encarga de amasar, mi mamá lo ayuda a freír y los repartos en el río lo hacen Julieta, mi hija, y Franchesca, mi hermanita. A ellas les encanta vender y la gente las trata muy bien. Obvio que no las dejamos solas y estamos atentas a ellas todo el tiempo”, aclara a la vez que dos amigas se acercan a preguntar en cuánto tiempo sale la próxima tanda de los manjares que comercializan.

El sueño del carrito propio

Claro que siempre se puede soñar, más allá de que el contexto del país no ayuda y a la mayoría le cuesta llegar a fin de mes.

Ellos no son la excepción y aún cuando el escenario resulta poco alentador se animan a proyectar, a pensar en grande.

“El sueño de mis viejos es tener un carrito propio, para poder cocinar y vender en forma permanente. Ellos aparte de las torta fritas y rosquitas siempre venden empanadas. La gente del barrio ya los conoce. Otros recién ahora los están descubriendo ahora y recomiendan sus elaboraciones”, amplía Karen contenta con la aceptación que los productos tienen entre el público.

familia, torta fritas

Enrique le pone el hombro. Un camionero que se las rebusca también con las tortas fritas.

Son del Costa Oeste, donde todos reconocen los valores de esta familia que la lucha con la mejor cara y actitud pese a los obstáculos que puedan presentarse.

Habla de sus padres con orgullo y admiración. “Si hay algo que a ellos los caracteriza es la solidaridad, aunque sea poco ellos siempre dan y ayudan de corazón, porque somos una familia a la que no nos sobra nada pero jamás nos faltó”, recalca con emoción.

tortas fritas

Franchesca, la hija menor del matrimonio, reparte los manjares.

Si serán bondadosos que ante la escasa señal en los celulares, permiten que los veraneantes se lleven los alimentos y luego les envíen el dinero “cuando lleguen a sus casas y vuelvan a tener internet y datos”.

Es decir, le fían a gente que quizá acaban de ver por primera vez en su vida y probablemente no volverán a cruzarse. Sí, como en los viejos tiempos pero una práctica en desuso en la actualidad.

Por último, Karen, una especie de vocera de esta agradable familia, recuerda a los vecinos que “vamos a estar los fines de semana en el río, acá en Allen, en el balneario municipal. Las tortas fritas cuestan 5 mil pesos y las rosquitas 6 mil”, pasa los precios y todo.

La familia que hace las tortas fritas más ricas del río sueña con llegar a buen puerto (¡y con el carrito propio!)…