En Allen, un grupo de amigos y coleccionistas organizó una nueva edición de la Feria del Androide, que deslumbra por la variedad y los tesoros del pasado.
Un viaje por los recuerdos. Por ese pasado no tan lejano que todavía te eriza la piel cuando con apenas 64 bits un video juego podía sacudirte la cabeza, cuando un par de auriculares y un walkman te daban un empujón de música y libertad o cuando un mazo de naipes de Invasión Extraterrestre te trasladaba a los confines más increíbles de la ciencia ficción. Sin internet, sin datos, sin WhatsApp, sin tanto vértigo y locura.
Todo eso y mucho más pudo verse hoy en el salón de Unter Allen, en la Feria del Androide, una actividad que encontró entre el coleccionismo y la variedad, un espacio distinto para aquellos que añoran eso que ya no está en el día a día pero que lo tenemos siempre presente porque forma parte de algún recuerdo, de algún momento feliz de la vida.
“¡Un Fiat 600 de Duravit! ¿Sabés lo que era eso?”, exclama un papá que promedia los 40 a su hijo, de no más de 10, que lo mira sorprendido. El pibe busca lo más actual, un puesto de figuritas que tienen las que le faltan del mundial pasado pero el cuarentón no puede sacar sus ojos del Duravit, porque en ese juguete un poco descascarado está un pedazo de su infancia, del momento de libertad que llegaba después de la tarea para jugar y soñar. Hay puestos y más puestos con mucha variedad.
En otro rincón hay tres televisores conectados a consolas de Family Game y Sega. El "Adventure Island" muestra todo su color y su inconfundible musiquita en una de las pantallas mientras una chica, jostick bien apretado con sus dos manos, aparece como testimonio fiel de que en los 90 no le faltó destreza para ser la mejor de ese clásico video juego de hachazos y palmeras.
Un "muchacho" con melena, que también va camino los 50, saca chapa de que fue campeón del Mortal Kombat y deja a todos perplejos porque recuerda cada truco. Tiene superpoderes que están en el ADN de sus dedos. En la agonía de la pelea "clava" una fatality impecable pulsando los botones, casi como escondiendo el joystick entre los antebrazos y su sobresaliente panza, y gana la lucha sin ninguna discusión. Se siente Liu Kang. Da la vuelta para dejar el asiento a otro jugador y un suspiro de ganador recorre las fibras mas interiores de su pasado.
Hay compras, ventas, intercambios de objetos coleccionables de todo tipo. Los precios son accesibles al bolsillo, en medio de la compleja situación económica. A Gerardo, una feriante le obsequió un juego de llaves de un Renault 12. Es un manojo cargado de historia que, en algún momento, promete contar a través de alguna de sus crónicas allenses.
La Feria del Androide en Allen fue un exitazo en la tarde del domingo. Los organizadores lamentaron que muchos androides de ciudades vecinas no pudieron asistir por el paro de los colectivos KoKo. Pero saben que más temprano que tarde habrá una nueva oportunidad para compartir con amigos, abrir el hobby por el coleccionismo al resto de los mortales y pasar un buen momento, rodeados de eso que les sigue haciendo muy bien.