El hecho ocurrió en un asentamiento de Cipolletti. Tomó trascendencia pública por los serios incidentes ocurridos. Era un vecino que había ganado la confianza de la familia de la víctima.
La madrugada del 24 de septiembre 2022 un grupo de enfurecidos vecinos del barrio La Alameda, aledaño al Parque Industrial de Cipolletti, atacaron a golpes a un hombre de 54 años y le incendiaron la casa y un auto. Tuvo que intervenir la policía para frenar la violencia.
Entonces se supo que la bronca de la gente había estallado porque el dueño del inmueble había sido denunciado horas antes por abusar de tres hermanitas menores de edad que vivían enfrente, en marcada situación de vulnerabilidad, lo que fue aprovechado por el sujeto.
La investigación derivó en que el acusado, identificado como GEP, fuera imputado por el delito de “abuso sexual con acceso carnal” en perjuicio de una de las niñas, de 11 años de edad.
La causa fue a juicio y el abusado fue condenado a 7 años y 2 meses de prisión.
La pena, que aún no lo lleva tras las rejas e incluye medidas cautelares para proteger a la víctima, fue acordada entre la Fiscalía y la Defensa con el aval de la Defensora de Menores, luego de que el tribunal integrado por María Florencia Caruso Martín, Julio Sueldo y Rita Lucía lo declarara culpable en forma unánime.
Según la acusación que en el debate expuso la fiscal Eugenia Vallejos y la adjunta Vanina Bravo, los hechos ocurrieron en una fecha no precisada en el domicilio del hombre, donde las chiquitas iban de visita frecuentemente e incluso las alimentaba, debido al grado confianza que había entre él y los padres.
En esa circunstancias y en al menos tres ocasiones, el hombre la hizo acostar de lado en su cama de dos plazas y se ubicaba detrás de ella. En tal posición la manoseó los pechos y la vajina por debajo de la ropa y la accedió carnalmente con su pene.
GEP estuvo asistido por los abogados particulares Julio Ibrahim y Horacio Briges Doyhenard, quienes pidieron su absolución, dado que negó las agresiones sexuales.
“...Soy inocente de la violación, me golpearon, me quisieron matar, tenía amistad con esta gente, cuando la policía lo alejó de su casa, me robaron, me prendieron fuego la casa. A las nenas no las toqué, es mentira eso... los ayudaba a cortar leña, sacar la suciedad de su terreno, me duele que me prendieron fuego la casa, me tuve que ir a Neuquén, tuve que vender todo para pagar los abogados... soy bueno, me acusaron de algo que no hice…”, declaró el hombre en el debate.
La defensa intentó desvirtuar la hipótesis acusatoria alegando debilidad de pruebas. Sostuvieron que la denuncia había sido presentada dos años después y pusieron en duda el testimonio de la menor.
Además sostuvieron que el abuso pudo haber ocurrido “por ese entorno de vulnerabilidad”.
Pese a la postura de la defensa, el tribunal consideró probada la violación de la chiquita y declaró al acusado culpable en forma unánime. En su voto rector, la jueza Caruso Martín, con la adhesión de Sueldo y Lucía, sostuvieron que la niña “brindó un relato seguro, creíble, sin fisuras, coherente; pudo mencionar hechos de hace dos años atrás, con detalles de la vivienda, la cama; siempre dijo que quien abusó de ella fue G”.
Asimismo destacaron que al testimonio de la víctima se sumó el brindado por un médico que constató una “lesión vaginal compatible con abuso sexual”.
En tanto que un psicólogo del CIF -Cuerpo de Investigación Forense-, describió sobre “aspectos de su personalidad también compatibles con lo relatado por ella” y remarcó que “no puede realizar relatos abstractos” y que “no tiene tendencia a la mendacidad”, por lo que indicó que “no ha inventado nada de lo relatado”.
Dijo que “fue sincera” y que no tuvo intención de perjudicar a G P. “... no había motivos para hacerlo, por el contrario a (la chiquita) y sus hermanas les daba de comer y a ella le daba dinero, todos hablan de lo bueno que era P. con esta familia, los ayudaba de manera recurrente, incluso económicamente”.
Otro aporte valorado por los magistrados fue el de una docente a la que concurría la criatura. Manifestó que no asistía a clases en forma regular y que estuvieron en su casa donde notaron el estado de vulnerabilidad familiar y la precariedad de la vivienda que ocupaban, por lo que pidieron la intervención del SENAF entre los años 2016 y 2018.
La maestra también habló que observaron en ella angustia, y que para ese tiempo se mostraba más callada y decaída.
Tras la declaración de culpabilidad por parte del tribunal, la Fiscalía y la Defensa comunicaron que habían acordado una pena de 7 años y 2 meses de prisión efectiva, monto que se aparta del mínimo y del máximo previsto para el delito.
Como agravante tuvieron en cuenta que el deseo de la víctima era ver a su violador encarcelado y la extensión del daño que sufrió, ya que los ataques provocaron en ella consecuencias “psíquicas, físicas y emocionales”, y que incluso padece insomnio.
En cuanto a los atenuantes, mencionó se mencionó que el hombre carece de antecedentes penales, que es adulto, no tiene hijos tiene capacidad para comprender sus actos, actualmente se encuentra viviendo en Neuquén, no tiene pareja ni hijos.
De todos modos no irá preso en esa instancia, hasta tanto el fallo quede firme. Por ese motivo le impusieron medidas cautelares que deberá cumplir. Entre ellas no deberá acercarse a la niña, como tampoco salir del país. Además tiene que presentarse una vez por semana en la Oficina Judicial. Mientras que para monitorear sus movimientos le colocaron una tobillera electrónica.