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Federico, muy popular en su rubro, vive una situación angustiante y lleno de amargura e impotencia la comparte con LM Cipolletti.
“Se llevaron 10 años de laburo”, lamenta Federico Vásquez, con impotencia y amargura. El reconocido DJ local fue blanco en las últimas horas de la delincuencia y le desvalijaron su casa. Entre los objetos que le robaron se encuentran sus valiosas herramientas laborales.
El traumático ilícito ocurrió el viernes entre “las 21 y las 23.30”, cuando amigos de lo ajeno ingresaron a su vivienda en un coqueto barrio cipoleño y le sustrajeron cuantiosos elementos.
Entre ellos su computadora donde tenía sus tarjetas de memoria, con todas sus producciones musicales, además de las bandejas para Dj que solo sirven para pasar música electrónica.
“La música es un trabajo extra, pero me ayuda mucho, aparte de que es mi pasión, es mi vida. Dentro de las cosas que se robaron están mis trabajos desde el día 1, hace 10 años que empecé a descargar música, a comprar y demás. Perdí todo”, lamenta Fede en su charla con LM Cipolletti.
“Por suerte tengo buenos amigos que me están ayudando para recuperar lo que es la música. Pero en realidad esta producción completa no la recupero más. No me voy a poner nunca al día con lo que tenía. Lo que más me duele es que son cosas importantes para mí que no les sirven a nadie, los equipos son para música electrónica, no tienen otra utilidad”, advirtió visiblemente dolido.
“Tendré que ahorrar de vuelta para comprar y recuperar lo que se pueda pero hay que ser honestos, ya no será lo mismo”, se resignó quien es muy estimado por los vecinos.
"Si alguien sabe algo, por favor, comuníquese conmigo. Tengo fe que alguien se apiade y me devuelva mis equipos", expresó Federico Vásquez, quien no pide ayuda económica ni nada que se le parezca.
“Solo que si se enteran de algo den aviso”, culminó.
Una banda compuesta por al menos cuatro delincuentes perfectamente organizados y llamativamente amables sorprendió a una vecina de Cipolletti mientras descansaba y le robaron una enorme caja fuerte con documentos, alhajas y recuerdos familiares.
El nuevo y grave hecho de inseguridad se produjo el martes alrededor de las 7 de la mañana en un domicilio ubicado en la calle Lavalle a pocos metros de 25 de Mayo, en el barrio Almirante Brown.
Vecinos contaron con asombro a LMCipolletti que se desplegó un notable operativo policial con el correr de las horas, con la presencia de móviles y efectivos de la Comisaría 32, que interviene por jurisdicción, y también del Gabinete de Criminalística, el equipo que realiza las pericias en incidentes delictivos.
Desde la unidad policial no brindaron información oficial a pesar de las insistentes consultas de este medio.
En el sector comentaron que efectivos de la Brigada de Investigaciones recorrieron viviendas y comercios cercanos en busca de testimonios que aporten información e imágenes de cámaras de seguridad que permitan seguir una pista que los conduzca a los ladrones. Pero hasta el momento no se conocieron novedades.
El golpe delictivo lo sufrió una conocida contadora que tiene el estudio en la planta baja de su domicilio.
Un vecino que le brindó contención contó que los asaltantes la sorprendieron cuando aún estaba acostada.
Dijo que minutos antes de las 7 su pareja se había ido a trabajar como lo hace habitualmente y que ella quedó en la cama esperando que sonara el despertador. Tiene un perro que conoce su rutina, que se había echado a su lado en el piso, esperando que su ama se levantara.
Un ruido la sorprendió, como un golpe, en algún lado de la casa. Pero no le prestó importancia. Pensó que había sido la mascota.
Entre dormida vio cuatro figuras de negro, dos a cada lado de la cama, que la miraban fijamente.
Sin embargo pensó que era una pesadilla y continuó sumida en ese espacio indefinido entre la vigilia y el sueño.
Pero la imagen le pareció tan real que la invadieron las dudas. Entonces abrió los ojos y se aterró al comprobar que efectivamente, había cuatro hombres vestidos con ropas oscuras que la observaban fijamente.
Uno le dijo que no los mirara. Del susto se tapó la cara con las sábanas y solo atinó a esperar. No supo si estaban encapuchados o portaban armas. Solo escuchó que le pedían plata, y que comenzaron a revisar la habitación, mientras que otros deambulaban por la casa en la misma operación.
En un momento encontraron una caja fuerte antigua y enorme, donde guardaban certificados de propiedades, cartas y documentos ancestrales de la familia, pasaportes, fotos de hechos históricos de la región, títulos académicos de distintas etapas de su vida, cadenitas, medallas y anillos con un gran valor sentimental y algo de dinero.
Sospechan que entre los cuatro la cargaron en un vehículo que los esperaba afuera con otro cómplice. Creen que tuvieron que hacer un esfuerzo notable, pues se trata de un cofre antiguo, del siglo XIX, hecho de hierro forjado que pesa más de cien kilos de peso.
Con ese botín escaparon unos 40 minutos después de haber irrumpido.
Según lo que aseguró la fuente, los maleantes no fueron agresivos, sino todo lo contrario. Le hablaron con un tono cálido, sin ningún insulto, ni mostraron signos de estar bajos los efectos de drogas.
Uno de ellos hasta le preguntó si tomaba alguna medicación, que se la acercaba. Aunque les dijo que no, de todos modos le alcanzó un vaso de agua