Los clavados son la mayor preocupación: los vecinos se tiran desde cinco metros de altura, muy cerca del lugar donde hay mayor presión y dificultades para salir a flote, por eso se esperaba que el Municipio cerrara la zona para alejar a los bañistas del sector en el que se produce turbulencia bajo la superficie por la fuerza con la que el agua cae desde los saltos.
Los vecinos se quejan
Tras la advertencia oficial del Municipio, muchos vecinos utilizaron las redes sociales para mostrar su descontento. Es que en la ciudad ya no hay lugares públicos en los cuales pasar el
verano, con la chance de darse un chapuzón. Las piletas públicas cuestan $15 por día y las privadas arrancan en $80.
Con ese panorama, muchas familias optan por ir al lago Pellegrini o al Dique Ballester y otras pidieron que El 30 vuelva a ser un balneario, al menos en los tramos del canal que se consideran menos peligrosos. Ayer, muchos se tiraron al agua y dejaron claro que no acatarán las restricciones mientras se limiten a pedidos verbales de los funcionarios.