Gran profesional del volante, murió ayer, a los 61 años, el taxista Rubén Galván, referente desde hace muchos años de la Asociación Civil de Titulares de Taxis y Afines de Cipolletti (Acttya). Sus colegas hicieron una caravana de taxis para acompañar el féretro hasta el cementerio.
Rubén murió alrededor de las 2 de la madrugada en su domicilio, que compartía con su mujer y el menor de sus tres hijos, José Manuel. Fue este quien se percató de la trágica circunstancia y de inmediato llamó a profesionales de la salud para que se hicieran presentes. Se cree que fue por un infarto.
Muchos años atrás, protagonizó un encadenamiento en el hospital para que le efectuaran una cirugía en el aparato digestivo para enfrentar su obesidad. Tuvo repercusión, logró que se la hicieran y salió adelante. Con el tiempo, volvió a engordar.
Fue una persona solidaria que asumió con pasión la defensa de los intereses de sus colegas y llegó a ser el referente indiscutido de la Acttya, una de las dos organizaciones que nuclea a los taxistas locales.
Siempre estuvo atento para la reunión y el diálogo con las autoridades del Municipio y tampoco dudó a la hora del reclamo y la lucha.
Amable y predispuesto a conversar con el periodismo, se lo recordará siempre por su buen trato y su generosidad.
En los últimos tiempos, estaba preocupado por los efectos de la pandemia del coronavirus y la cuarentena sobre su sector. La caída en la cantidad de usuarios ha dejado al borde del desastre a la actividad. También le inquietaban los altos costos de los insumos y la necesidad de una mejor ordenanza para el rubro.
Ceremonia breve
Ayer, por las restricciones vigentes a raíz de la pandemia, se llevó a cabo una breve ceremonia fúnebre, reservada a sus familiares y amigos.
Al mediodía, partió el féretro. Sus compañeros taxistas se juntaron en una caravana y acompañaron a Rubén en su último viaje por las calles cipoleñas.
Galván fue dirigente de los titulares de taxis durante varios años.
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