El Municipio contrató los servicios de la firma Crexell para las tareas, que se desarrollaron sin inconvenientes. Para el caso de que la inspección determine que la balsa puede seguir operando, la grúa, capaz de elevar 150 toneladas, tendrá que concretar también el trabajo de botadura otra vez al curso del río Negro.
Por ahora, no se efectuará ningún trabajo de índole alguna hasta que no se determine si pueden realizarse refacciones.
En la Secretaría de Servicios Públicos son conscientes además en cuanto a que otro escollo puede representarlo el monto de lo que haya que erogar en caso de que se habilite la reparación.
En este sentido, la última palabra la tendrá siempre el intendente Aníbal Tortoriello, quien tendrá que sopesar si la suma requerida es demasiado abultada para el agobiado erario municipal.
Es que la comuna deberá cargar durante un buen tiempo con una deuda heredada de la pasada gestión y que asciende, hasta ahora, a unos 40 millones de pesos, pero que podría elevarse a 50 millones cuando se termine de procesar toda la documentación financiera que quedó del año pasado.
Es posible que los gastos que se necesite efectuar sean muy significativos. Entre otras razones, porque Prefectura no permite parches en las fisuras y perforaciones si no el cambio completo de las planchas metálicas comprometidas. Junto con el material, la contratación de un soldador matriculado para las labores podría insumir una buena cantidad de pesos.
Por todo ello, la presencia de los responsables de la inspección se aguarda con mucha expectativa. Su visita podría concretarse hoy o mañana, o bien podría postergarse algo más. El futuro de la balsa está en sus manos. La posibilidad que quede en tierra varada para la historia es muy alta.