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El taller de costura que resurgió en pandemia

Patricia Guzmán, la reconocida costurera del barrio San Lorenzo, tuvo un aluvión de trabajo en plena pandemia. Fue la primera que se animó a ponerle onda a los barbijos y el resultado fue todo un éxito.

“Es un poco egoísta decir esto, pero en pandemia fue el momento en el que más trabajo tuve. Es triste, porque mientras a la gran mayoría les iba mal, yo tenía más pedidos que nunca”, comentó Patricia Guzmán, más conocida como Betty, la modista del barrio San Lorenzo.

La mujer tiene toda una vida dedicada a la costura y ya es reconocida en toda la ciudad por sus trabajos de calidad y diseños originales, pero en pandemia la venta de barbijos le trajo una popularidad inesperada y debió poner a trabajar a toda la familia para llegar en tiempo y forma con los pedidos.

Patricia cumplió 60 años en julio pasado. Nació en Santiago de Chile y a los 13 años llegó a Cipolletti junto con su mamá y su hermano escapando de la sangrienta dictadura de Pinochet. En el Alto Valle forjó su familia, se casó con su actual esposo Simón Cabrera y tuvieron tres hijos: Hugo, Bruno y Victoria.

“Nos fuimos de Chile porque esos años fueron muy complicados. Además de la situación política, no había trabajo. Argentina fue nuestra esperanza y se convirtió en nuestro hogar”, comentó.

Hace 34 años logró acceder a una casa del barrio San Lorenzo que habita hasta la actualidad. Por varios años trabajo en diversos talleres como costurera, pero una mala experiencia la animó a emprender con su propio taller.

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“Me pagaban muy poco, un 30 por ciento de cada pedido, y en el último trabajo además recibí maltratos. Me dije a mí misma ´yo puedo emprender sola´, y me animé. Empecé en una pequeña pieza de casa con máquinas pequeñas. Mi esposo me ayudó en la parte económica y de a poco adquiriendo más herramientas y capacitándome. Apenas pudimos, amplié el dormitorio para trabajar más cómoda y todo empezó mejorar”, recordó.

Hace siete años que tiene su propio taller en la casa, el conocido Patri Creaciones.

“Un día me animé, puse un cartelito en la ventana de casa y arranqué. De a poco empecé a forjar mi clientela, desde cero, porque no me parecía moral traerme clientes de los talleres donde había trabajado”, relató.

Su primer gran trabajo fue un pedido para diseñar las camperas y pulóveres de todo el personal de Tránsito Municipal, cerca de 80 prendas en total.

“Me acuerdo que fueron camperas forradas bien abrigadas y pulóveres. Eso fue todo un desafío, y salió muy bien. Luego fui la diseñadora de una reconocida escuela de danza donde hacía los trajes para las presentaciones de fin de año: llegué a coser 200 trajes para una presentación, un trabajo que me llevó casi medio año”, contó.

Las fechas fuertes del taller de Betty suelen ser los inicios de los ciclos lectivos, con la confección de las pecheras para los colegios y los uniformes. Patri Creaciones es uno de los dos talleres oficiales para coser los uniformes del colegio Pablo Besson, y además llegan docena de docentes y estudiantes para tener su guardapolvo.

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“La mejor publicidad que tengo es el boca a boca. De rede sociales solo tengo Facebook y lo maneja mi hijo. Los que llegan son siempre por algún conocido. La gente sabe que trabajamos bien y con mucho respeto, por eso nos elige”, indicó.

Con pesar, Patricia comentó que mientras a la gran mayoría les iba mal en pandemia, ella disfrutó de un resurgir del taller.

“En pandemia, y puede sonar mal, fue mi mejor momento. Nunca trabajé tanto como en esta época. Tuvimos muchos pedidos de pijamas y ropa para niños, y el boom fue la venta de barbijos con diseños. Luego de la nota de LM Cipolletti tuvimos una lluvia de pedidos, hasta nos pidieron de Plottier y Centenario”, contó con felicidad.

Dijo que llegaron a entregar en una semana, cerca de 200 barbijos por día.

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Betty junto a su esposo y su hija en el taller del barrio San Lorenzo.

Hizo que los barbijos se pongan de moda

“Tuve que contratar a una chica que me ayude con las entregas y poner a trabajar a mi esposo y mi hija, porque no llegaba con las entregas. Además, había un cadete que los llevaba a domicilio. ¡Fue una locura!”, expresó. Es que el boca a boca de los barbijos cómodos, protectores y a la moda empezó a circular en toda la región, y los pedidos se multiplicaron.

Betty se convirtió en 2020 en una de las primeras en diseñar "barbijos con onda" en toda la región, para que la gente se pueda proteger, pero marcando su propio estilo. Los pedidos comenzaron a llover y el taller de Patri se revolucionó.

“Tengo mucha colaboración de mi familia, siempre; sola no podría. Ellos son mi gran sostén. Y también la gente, que en su mayoría son vecinos del barrio, que confían y vuelven. A todos ellos les estoy muy agradecida”, finalizó la reconocida costurera del San Lorenzo.