Santa Clara es el barrio más antiguo de Cipolletti gracias a unos pocos que creyeron que era el lugar elegido para formar una familia. Con coraje y mucho trabajo: levantaron sus casas pegando ladrillo tras ladrillo, o trabajando el adobe. Solo importaba el sueño que los había traído a ese lugar casi inhóspito sin gas, ni agua potable, con muy poca luz. Barrio de calles empedradas, de mojones y una canilla en la esquina para abastecerse de agua, se formaban largas colas para cargarla.
En 1937, a la salida de Cipolletti se loteaban terrenos a $70 cada uno (en cuotas de $7). A los primeros compradores se les regalaban mil ladrillos: a cargo de la venta estaba el señor Alfredo Kossman. Poca población y viviendas había en esos años, solo estaba la casa del tomero, ubicada al borde de la línea troncal del canal de Crespo y pegada a las compuertas que dividían el sector en dos zonas -sur y norte- en las tierras llamadas Bodegas y Viñedos Santa Clara.
La señalización de las calles del barrio eran mojones de hierro tipo perfil Grey: la superficie de 4 hectáreas estaba distribuida interiormente así: al norte de la bodega había una plantación de manzanas y peras, lugar donde hoy está emplazado el Salón Comunitario (el viejo chalet Piroli Dimas), atrás de la escuela había una plantación de viñas de uva moscatel.
En los lotes de las calles Paso de los Libres y Sargento Cabral hasta calle Maipú había una plantación de alfalfa. El resto del barrio, en bruto con pichana y algunos tamariscos y olivillos. Además, plantaciones de eucaliptus y tamariscos añejos. Por la calle General Paz (ruta chica) había plantaciones de tamariscos, por la calle Paso de los Libres, un desagüe bastante pronunciado con tamariscos. En la esquina de Gral. Paz y Paso de los Libres estaba el letrero de la venta de los terrenos.
Algunos de los vecinos abrieron sus comercios. Don José Olivo, en la esquina de Las Heras y Chacabuco, instaló una despensa y carnicería, don Abraham Romero se ocupó en el mismo rubro, Juan Kenick una despensa y carnicería. En General Paz y Paso de los Libres, el bar de Parra, en la calle Chacabuco, cerca del colegio, el vecino Sandoval tenía una verdulería en el patio de su casa. También, Carnicería y Despensa Cachi, de don Mario Cancio y su esposa Eloísa. Al cerrar el Vasquito se fue un pedazo de historia del barrio.
Don Cebreiro escribió también sus memorias recordando el boxeo del barrio: en las noches calurosas jugaban a la pelota debajo del foco de la esquina cuando eran niños. También a la bolita, al trompo, mientras los padres tomaban fresco sentados en la vereda. Con el tiempo se formarían el grupo de los abuelos Cachi Lahuen con el Sr. Abraham Romero al frente y Juan A. Cifuentes, trabajador joven, abriría una empresa de soldadura.
Este año, en el centenario de la escuela N° 53, don Cebreiro fue invitado por haber trabajado como portero allí. Como por razones de salud no pudo asistir, envió una nota de agradecimiento con sentidas palabras.
Algunas de las primeras familias son: Víctor Romero y su Usberlinda Oviedo, familia Araudo, familia Ménese, Gutiérrez (el Pelado), familia Parra, don Pereyra, Juana Chima y flia, don Alberto Parra, don Alberto Crespo, don Germán Barra y familia, don Vitalicio Pérez, familia Gallardo, don Vallejos, don Ramón Oliva, don Efraín Oliva, don Joselino Oliva, don Quintana y familia, don Bernardo Sánchez y familia, don Jorge Reb, don Cheminchut y familia, don Emeterio Fernández y familia, don Juan Barra Sandoval y familia, don Cayetano Roche y familia, don Gullino y familia, don Esbrola,, flia. Báez, los hermanos Miguel y Manuel Figueroa, don pedro Melín, los Merillan, los hermanos Fonseca, don Nicolás López, los Aguilera, don Juan Kenick, don Ismael Gómez, don Albeal y su señora Guillermina, don Andrónico Bargas (el tonelero) y familia, don Nievas Leiva y su señora Amelia Oñate, familia Cifuentes, familia Valenzuela, familia Ramírez, familia Cebreiro, don Segundo Valenzuela.
El autor de las memorias barriales pide disculpas por si omite alguna familia.
Sin lugar a dudas, y como ya dijimos, este barrio en su momento alejado del centro de la ciudad nació con carencias en servicios públicos. La falta de cloacas obligó a cada vecino realizar un pozo ciego de dos metros al fondo de su casa, de gran circunferencia y metros de profundidad, letrina, excusado, o el nombre más común “El fondo”.
En los primeros tiempos ningún vecino tenía cercado el lote con paredes, a lo sumo estaban posteados con alambre.
En sus inicios no tenían agua potable, en épocas de primavera y verano el canal de Crespo les brindaba el agua para lavar, cocinar, higienizarse: en invierno era más complicado el tema.
Los administradores del ferrocarril tenían sus chalets pegados al barrio: tenían agua corriente potable que llevaban de la estación. Se conversó con uno de ellos y les permitió sacar agua en baldes, latas o damajuanas en un determinado horario. Más adelante se permitió que conectasen dos cañerías de su ramal: una en la esquina de Paso de los Libres y Sargento Cabral y la otra en la esquina de Las Heras.
Cuando no había agua recorría el barrio don Andrés Fuentes con su carrito y un tanque galvanizado con agua que vendía a $1 la lata de 10 litros: el que podía la compraba de acuerdo con el dinero que contaba, no siempre estaba al alcance de todos.
A través de los años se fueron asentando familias: desde la zona de El 30 llegaron don Agustín Arzuaga y su señora Aída Duca, que abrieron el almacén El Vasquito.
En marzo de 1960, luego de una importante tramitación, se inauguraron las obras del tendido de la red de agua corriente. Más adelante las cloacas y la escuela primaria 165 doctor Luis Agote, levantada gracias al esfuerzo de los vecinos del barrio, a pulmón.
Entre los años 39 y 40 se fundó el Club Atlético Deportivo Santa Clara, más conocido como el Ciclón, que sirvió para la unión del barrio: gracias a don Leiva y su camioncito concurría todo el barrio a las canchas donde el Ciclón jugaba.
Un álbum de fotos que atesora el señor Cebreiro es un fiel testigo de la vida del barrio pionero y su historia, narrada por los propios vecinos. Las actividades deportivas desarrolladas en él son de gran magnitud como lo muestran las fotografías que atestiguan la tarea. “Equipo con camiseta de Chacarita” está escrito en el epígrafe de un grupo de jugadores. Además, fotos del equipo representativo del barrio Santa Clara, fotos con la “Barra brava del barrio año 1968”. El equipo de 1977.
Momentos históricos de la escuela primaria 165, fotos de las fiestas de la escuela. Maestros y alumnos de la escuela. Foto de un equipo del barrio que ganó varios torneos: el premio era una vaquillona. Numerosas imágenes que fueron publicadas con la intención de demostrar el poderío del equipo de Santa Clara en fútbol y la importancia de sus integrantes, hombres de bien que han hecho historia en el deporte barrial.
En 2002 se consiguió una casona histórica cedida por el municipio de Cipolletti a la vecinal del barrio Santa Clara. Se obtuvo el comodato de una casa antigua y de grandes dimensiones, que debió ser refaccionado. Esta casa se usó y se usa para desarrollar diversas actividades, casamientos hasta celebraciones de cumpleaños, requerimientos sociales que demande la población de la barriada. El intendente comprometió el apoyo para acompañar las necesidades de refacción que requiere el antiguo edificio. La recibió en nombre de la comisión el Sr. Juan Cebreiro.
En 2006 se reinauguró el salón comunitario con grandes festejos. Don Abraham Romero, hijo de un primer poblador del barrio, evocó la historia del barrio.
También se dictaron numerosos talleres: murga, peluquería, telar, dibujo, pintura, cocina, macramé, carpintería, pintura en tela, yoga, gimnasia para adultos, salsa, tango, apoyo escolar primaria e informática.
En 2003 la Escuela de Medicina de la Universidad Nacioal del Comahue puso en marcha un plan de prevención en el barrio. Se hicieron acuerdos entre el hospital y el Colegio de Bioquímicos para realizar análisis clínicos a la población barrial. Para “mejorar la calidad de vida de la gente” estableció el doctor Hernán Calvo, a la sazón director de la mencionada Escuela de Salud.
El barrio debió sufrir grandes problemas con el tema de inundaciones en los días de lluvia con el agua que suele entrar en las viviendas. Un tema que produjo gran preocupación fue la noticia del cierre de los comedores escolares.
En 2007 el Salón Comunitario del barrio firmó un convenio para que ahí funcione un dispensario del hospital local para el barrio, Villa Alicia, Colonia Ferroviaria y sector chacras. La escuela de folclore Jaime Dávalos fue creada por la profesora Nelly Gauna, y funciona en la Escuela 165.
En 2014 cerró sus puertas El Vasquito, el negocio emblema del barrio.
Una historia barrial, pionera, muy arraigada en el corazón de los descendientes de aquellos primeros pobladores que se animaron a todo en pos de cumplir el sueño de la vivienda propia para ellos y todas sus familias.