Fue jugador, entrenador y protagonista de campañas inolvidables. De los más queridos por la gente.
En Cipo hay historias que no pueden dejar de contarse y nombres que forman parte de la identidad del Albinegro. Domingo Luis “Mingo” Perilli es uno de ellos. Su vínculo con la institución comenzó mucho antes de ponerse la camiseta del primer equipo y se extendió durante décadas, primero como jugador y después desde el banco de suplentes.
En el día de los 100 años del club, su historia tiene un significado especial. Antes de convertirse en entrenador, disputar finales o celebrar victorias, Mingo fue un chico que encontró en las instalaciones de Cipolletti un segundo hogar. “Son muchos recuerdos, mucha nostalgia, más allá de haber jugado y después de haber dirigido el primer equipo y las inferiores, tengo un montón de recuerdos porque me he criado acá”, expresó a LM Cipolletti.
Su familia llegó desde La Plata y se instaló en el Alto Valle. Durante sus primeros años vivieron en Ferri y Mingo asistía a la Escuela 53. Su recorrido diario tenía una parada que se convirtió en una costumbre: el Club Cipolletti.
“Cuando llegué vivíamos en Ferri, iba a la Escuela 53. De ahí volvía a las 5:30 de la tarde, dejaba mi portafolio en la cancha de pelota paleta y me quedaba todo el día, hasta las 8, 9 de la noche, que mi viejo me pasaba a buscar cuando terminaba su jornada laboral y nos volvíamos para casa”, recordó.
Fueron años en los que el club se convirtió en el escenario de su infancia. No era solo fútbol: hubo tardes interminables, amigos, juegos y rincones que terminaron siendo tan familiares como los de su propia casa. “No solo conozco los pasillos del club, sino que conozco los techos, todos los rincones. La verdad que es bastante la nostalgia también, pero siempre me siento un privilegiado porque no solamente me ha tocado jugar, después también me tocó dirigir mucho tiempo”, sostuvo.
Con el paso de los años, aquella relación se transformó en algo todavía más especial. El chico que recorría las instalaciones terminó convirtiendo su pasión en una profesión, sin alejarse del sitio ni de los colores que lo vieron crecer. “Se prolongó mi infancia en mi trabajo, que es una cosa bastante difícil de conseguir. Por eso tengo los mejores recuerdos y la verdad que es mucha felicidad de ser parte en estos 100 años”, aseguró.
Mingo no solamente aprendió a jugar al fútbol en Cipolletti. Su vida deportiva y social también transcurrió entre las distintas actividades de la institución. “Recuerdos hay un montón, tanto como jugador y como entrenador. Representar, dirigir o jugar para el equipo del que uno es hincha, en el caso mío no solamente era hincha, sino que me había criado en el club”, explicó.
El fútbol terminó siendo su camino, pero durante su infancia hubo otras disciplinas que lo tuvieron como protagonista. También aparecieron amistades que aún conserva. “Jugué tres campeonatos argentinos de pelota paleta, aprendí a nadar. Hice toda mi vida en el club, tengo mis amigos, a muchos de ellos los conocí ahí y hoy sigue la amistad. Así que los recuerdos son los mejores”, contó.
Después de su etapa como futbolista, Perilli encontró otra manera de representar a Cipolletti. Desde el banco de suplentes condujo al primer equipo durante diferentes temporadas y atravesó momentos que quedaron en la memoria de los hinchas.
Entre ellos, las finales frente a Bella Vista y San Martín de Tucumán, en la temporada 2001/02, en una etapa en la que el Albinegro peleó para no descender. “Nos tocó el inicio en un momento difícil del club y pudimos sacarlo adelante en esas dos finales, con Bellavista y San Martín de Tucumán. Después vivimos momentos mucho más favorables que desfavorables, más allá de algunos cachetazos que nos dieron en los tramos finales, pero la verdad que los años que me tocó dirigir lo pasé muy bien”, repasó.
Su ciclo también quedó marcado por el trabajo con futbolistas de la región en 2007, cuando armó un equipo que se ganó el corazón y el respeto del hincha. Muchos todavía recuerdan con emoción y orgullo a aquel plantel que consiguió el ascenso al Argentino A. “Dirigí a un grupo de jugadores, la mayoría de los pibes de acá, que se brindaban al 100% y de los cuales estoy muy agradecido, así que son los mejores recuerdos para mí”, expresó.
Entre tantos nombres que atravesaron su carrera, hay uno que ocupa un lugar especial: Henry Héctor “Ruso” Homann. Ambos construyeron una relación que fue mucho más allá del fútbol. Compartieron el campo de juego y, posteriormente, Perilli tuvo la oportunidad de dirigirlo, en una historia que reunió a dos grandes referentes del club.
“Con él tuve la posibilidad de jugar juntos y después de dirigirlo. Creo que él es el fiel reflejo del hincha de Cipolletti. Nació acá, se crio acá y aparte, cuando él no estaba acá, yo siempre tenía contacto. Él estaba jugando Copa Libertadores, terminaba y te preguntaba cómo había salido Cipolletti en la liga. El ADN de Cipolletti futbol se llama Ruso Homman”, afirmó sin dudarlo.
Cada vez que Cipolletti necesita un técnico, en las calles de la ciudad vuelve a sonar el nombre de Mingo. No importa el contexto: en la voz de algún hincha siempre aparece su nombre. “Es una etapa que ya pasó, hoy tengo otras prioridades. Obviamente que a uno le encanta que le valoren su trabajo y el reconocimiento. Hoy mi vida está enfocada en otra cosa, no dirijo, pero estoy muy ligado a todo lo que es fútbol”, sostuvo.
“Tengo una relación muy buena con Marcelo (Bastías), Luca (Mancini), con todos los chicos de la comisión. Siempre que me requieren, estoy para cualquier cosita”, agregó.
Después de tantos momentos vividos, es difícil alejarse de la realidad del club. Y el contexto actual tiene a todos en vilo: después de nueve años, Cipo está otra vez en semifinales. “Estoy contento también por este presente, porque hace mucho tiempo, en la época que estuvo el Ruso, quedamos afuera con Gimnasia de Mendoza. Es un momento muy lindo que hay que disfrutarlo porque no se da seguido y esperemos que tengamos un final feliz”, expresó.
Después de tantos años, Mingo encuentra una definición que resume su relación con Cipolletti y sus colores. No necesita hablar de campeonatos, finales o resultados. Para él, el vínculo comenzó mucho antes. “Es mi casa, el Club lo fue verdaderamente, fue una realidad, no una frase. Imaginate, que de chico estaba desde las 5 y media de la tarde a las 9 y media de la noche, de lunes a viernes, sábado y domingo me la pasaba acá”, recordó.
Las calles que rodean La Visera también forman parte de su memoria, sobre todo desde que se mudó al centro, más cerca del club. El recorrido que hizo durante décadas, primero como chico y después como futbolista y entrenador, podría hacerlo con los ojos cerrados. “Después jugué un montón de tiempo, dirigí un montón de tiempo, viví acá a tres cuadras. El camino este de Belgrano hacia Irigoyen, de Irigoyen hasta Mengelle, y de Mengelle por O´Higgins, conocí hasta las piedras. Así que estuve más tiempo acá que en mi casa”, concluyó.