El Ruso Homann y su amor por Cipo: "El blanco y negro es todo en mi vida"

El Capataz cumple 100 años y la figura del ídolo es ineludible. De mascota a campeón, un jugadorazo y gran DT.

Cipo tiene miles de hinchas en la ciudad y otros tantos que lo siguen desde lejos y sienten los colores a flor de piel. Sin embargo, cuando se habla de sentido de pertenencia, de amor por la ciudad y por el club, es inevitable que aparezca un nombre. Porque si esas palabras pudieran convertirse en una persona, llevarían el nombre de Henry Héctor “Ruso” Homann.

Su historia con el Albinegro comenzó mucho antes de aprender a caminar. Después de sus primeros llantos en brazos de su madre y antes de pasar por el Registro Civil, primero pasó por el club.

“Como siempre digo, el Club Cipolletti es mi segunda casa. Mi viejo tenía una costumbre, cada vez que nacía un hijo, lo primero que hacía en vez de ir al registro civil a anotarnos, nos hacía socios del club. Éramos primero socios y después nos inscribía en el registro civil”, relató a LM Cipolletti.

Así comenzó a transitar sus primeros años en la institución, de rincón en rincón, siempre dentro del club y sin importar cuántas horas pasaran. Entre los vestuarios, la sede y la cancha fue forjando un camino que lo llevaría hasta la Primera División. “De los cuatro años empecé a estar acá, como mascota. Me la pasaba acá dentro del club todo el día. En la cancha, en el vestuario, en el albergue, en la sede. Estábamos todos los días acá en el club. Ahí empecé, de la escuelita del fútbol hasta pasar por todas las inferiores, y después vino el paso a la primera división”, repasó.

Faltaba mucho para convertirse en futbolista. Sin embargo, en 1973, cuando apenas era un niño, ya estaba junto a los jugadores del equipo que escribiría una de las páginas más gloriosas de la institución. “Cuando ingresamos al primer Nacional, en el 73, yo era la mascota del club. Se pateó en el arco de O'Higgins el famoso final de Omar (Perales), que fue el que nos dio el triunfo y el ascenso”, contó.

El 19 de agosto de 1973, Cipolletti consiguió su primera clasificación al Torneo Nacional. Después de empatar 0-0 frente a All Boys de Santa Rosa, la definición llegó por penales en La Visera. Omar Perales asumió la responsabilidad del último remate y, con un disparo cruzado hacia el arco de O'Higgins, venció al arquero rival. La pelota pegó en el palo izquierdo y entró para desatar la locura del pueblo albinegro.

Entre los protagonistas de aquella celebración también estaba un pequeño Ruso Homann. “Yo estaba ahí en el vértice del área grande y al lado mío el enano Della Ceca. Ahí vino todo el festejo, la alegría de la gente. Si bien era chico, me acuerdo que fuimos todos al centro de caravana con la hinchada. Fue algo histórico para el club, nuestro primer ascenso”, recordó con una sonrisa.

El amor por Cipo y un arraigo más fuerte que las distancias

Los años pasaron y aquel niño que recorría los rincones de La Visera terminó convirtiéndose en futbolista profesional. Su carrera le abrió las puertas del fútbol de Primera División y del exterior. Sin embargo, ni los kilómetros ni las oportunidades pudieron cambiar el lugar que ocupaba Cipolletti en su vida. “A mí siempre me tiró mucho Cipolletti, soy muy cipolleño, me costó mucho irme. La primera vez me fui a Buenos Aires, a Racing y extrañaba mucho. Después mi carrera siguió, estuve en el exterior y así y todo, siempre pensando acá en Cipolletti”, aseguró.

No importaba dónde estuviera jugando. Después de cada partido tenía una costumbre que se repetía: levantar el teléfono para conocer el resultado del Albinegro. “Terminaba el partido en donde estaba y lo primero que hacía era llamar por teléfono a mi vieja para que me dijera cómo había salido. En donde estuve, siempre tenía pensado venirme a jugar a Cipolletti”, insistió.

Racing, Platense, Huracán y distintas experiencias en el exterior formaron parte de su recorrido. Pero para Homann había una sensación que ningún otro lugar podía reemplazar: volver a pisar La Visera con la camiseta blanca y negra. “Para mí lo más lindo era entrar acá a la cancha y ponerme la blanca y negra. Si bien me servía estar afuera, obviamente, por la parte económica, era mi futuro y tenía que aprovecharlo, creo que en eso fui un poco egoísta”, reflexionó.

Con el paso de los años, el Ruso reconoce que los sentimientos tuvieron un peso determinante en las decisiones de su carrera. “Siempre tuve mucho de lado los sentimientos y eso me jugó una mala pasada a la hora de decidir en cuanto a mi futuro. Siempre me quería volver y me volví en el 2000”, continuó.

A los 32 años, mientras todavía tenía posibilidades de continuar jugando en Uruguay, eligió regresar a su ciudad. Esta vez, para quedarse. “Ya me quedé acá pudiendo seguir jugando, en esa época estaba en Uruguay, podía haber seguido allá, pero no, me vine. Después nació mi segundo hijo y ya me quedé definitivamente acá en la ciudad”, sostuvo.

De futbolista internacional a hincha en la tribuna

Hay una historia que resume como pocas la relación del Ruso con Cipolletti. El 9 de julio de 1995, el Albinegro disputó en San Juan la final del Torneo del Interior frente a San Martín. Homann estaba de vacaciones en la ciudad, después de haber jugado la Copa Libertadores con Cerro de Uruguay. Apenas se enteró del partido, comenzó a organizar el viaje.

“Vine a pasear acá para las vacaciones de invierno, había terminado el torneo en Uruguay, ese año jugué la Copa Libertadores con Cerro. Nos había tocado en la zona con River, Independiente de Avellaneda y Peñarol. Venía de jugar la Copa, llegué acá y a los días salió el partido en San Juan”, repasó.

De disputar una competencia internacional pasó a viajar como un hincha más. Junto a su hermano y su primo se mezcló entre los simpatizantes que acompañaron al equipo. “Nos fuimos con mi hermano y mi primo a ver el partido y obviamente con la hinchada. ¿Dónde íbamos a estar? Me dieron un redoblante ahí, y después salieron los videos, todavía andan dando vueltas por ahí, tocando el redoblante y alentando a Cipo”, dijo entre risas.

Pero aquel viaje quedó marcado por una profunda tristeza. Cipolletti perdió la final y, durante el regreso, un siniestro vial se cobró las vidas de Marcelo Salinas y Roberto Hevia, dos hinchas que habían viajado para acompañar al equipo. “Desgraciadamente, íbamos ganando en primer tiempo 2 a 1, subíamos al Nacional B ese año. Lo dieron vuelta, perdimos 3 a 2, y no solo fue la tristeza del partido, sino que tuvimos el accidente de los chicos que dejaron su vida ahí por seguir al Albinegro”, recordó.

Su época con Mingo Perilli y el retiro soñado

El regreso a Cipolletti también le permitió compartir una etapa importante con otro de los grandes referentes de la institución, Domingo “Mingo” Perilli. Bajo su conducción, el Ruso disputó campañas que todavía permanecen en la memoria de los hinchas, entre ellas aquella final del Argentino A frente a Racing de Córdoba.

“Fue una época muy linda con Mingo cuando estaba de técnico. Si bien yo ya era un poco grande, hicimos una campaña muy linda. Primero, cuando estábamos en el Argentino A, peleamos torneos, tuvimos la final con Racing de Córdoba, que daba 25% para el Nacional B. La habíamos ganado 3 a 1 acá, después fuimos y perdimos 3 a 0 allá”, repasó.

En 2003, Cipolletti volvió a movilizar a cientos de simpatizantes que acompañaron al equipo hasta Córdoba. “También la gente nos acompañó muchísimo, como locos, fue un partido lamentablemente para nosotros muy duro porque perdimos. Pero, la gente nos siguió, fueron como 800 personas a Córdoba”, reconoció.

“La gente de Racing de Córdoba siempre decía lo mismo, que nunca había ido un equipo visitante que llevara a tanta gente como Cipolletti”, agregó.

Cuatro años después llegaría la revancha deportiva y uno de los momentos más felices de su carrera. En 2007, Cipolletti consiguió el ascenso del Argentino B al Argentino A con un plantel integrado mayoritariamente por futbolistas de la región.

Homann, convertido en referente y capitán de aquella ilusión, decidió que era el momento de ponerle punto final a su trayectoria como jugador. “Después tuvimos el ascenso del Argentino B al Argentino A. Ahí, ese año me retiré, decidí no jugar más, ya tenía 39 años también, creo que la carrera estaba terminada para mí. Y qué mejor con ese logro del ascenso, ese torneo también fue muy lindo porque ganamos de visitante, ganamos acá de local”, afirmó.

El 3 de junio de 2007, La Visera fue escenario de otra celebración histórica. Cipolletti venció 2-0 a Racing de Olavarría y se consagró campeón ante su gente. “Se hizo un grupo muy lindo, muy unido, todos chicos acá de la zona, lo disfrutamos mucho. Fue un lindo torneo, y se coronó cuando le ganamos acá a Racing de Olavarría, con la cancha llena, y logramos el ascenso al Argentino A”, sostuvo.

Arriba: Raúl Ruiz, Jorge Cid, Pablo Pérez, Gastón Ourequi, Julio Ibáñez, Hugo Prieto, Marcos Carrasco, Guillermo Ferreyra y Roberto Muñoz. Abajo: Henry Homann, Adrián Nahuel (capitán), Daniel Carou, Mariano Figueroa, Oscar Padua, Leonardo Larenas, Lean

La última semifinal y una ilusión que vuelve a aparecer

Su retiro como jugador no significó alejarse del fútbol. Homann continuó vinculado al club y también tuvo la oportunidad de conducir al primer equipo desde el banco de suplentes.

En la temporada 2016/17, Cipolletti protagonizó una campaña que lo llevó hasta las semifinales de la Reválida. El Ruso atravesó momentos difíciles e incluso llegó a plantear su salida, pero el respaldo de sus futbolistas le permitió continuar con un recorrido que estuvo cerca de terminar en otra final.

“Tuvimos la suerte también de llegar hasta la semifinal, empatamos acá, fuimos y empatamos en Mendoza 1-1 con Gimnasia y Esgrima. Nos anularon un gol, cuando íbamos ganando 1 a 0, totalmente habilitado, 3 o 4 metros. Era el 2 a 0 y quizá la historia hubiese sido distinta”, mencionó.

Nueve años después, Cipolletti vuelve a encontrarse en una instancia decisiva. La clasificación a semifinales en pleno centenario reavivó una ilusión que el Ruso conoce muy bien. “Estuvimos cerca, y ahora estamos en la misma instancia. Esperemos que este año se nos dé, porque es lo que todos los hinchas de Cipolletti queremos. Queremos ver a Cipo en el Nacional B, así que ojalá que este año se corte esa sequía de no poder ascender y que logremos volver al Nacional, que es lo que todos queremos”, dijo desde el corazón.

El responsable del regreso del césped natural

Su nombre ya había quedado grabado en la historia deportiva del Capataz, pero Homann todavía tenía un sueño pendiente. Quería devolverle a La Visera de Cemento el césped natural, después de nueve años con superficie sintética.

Era una manera de retribuirle algo a la institución que lo había acompañado desde sus primeros días de vida. “Eso para mí era un sueño y era una cosa que quería dejarle yo al club. Siempre digo que el club a mí me dio tanto, me formó, me enseñó como persona, como jugador, tantos años metido acá adentro, en donde tuve un montón de compañeros, dirigentes, gente que me fue enseñando un montón de cosas. No solamente del club, sino de la vida, porque uno se la pasaba horas y horas acá adentro”, afirmó.

La iniciativa encontró respaldo en Roberto Rapazzo Cessio, presidente del club en aquel año. El Ruso se puso al frente de una campaña para reemplazar el sintético.

“Te enseñaban también a tener esta identificación con el club, este sentido de pertenencia que tenemos con la ciudad y con el club. Desde mi lugar quería hacer algo por el club, y en ese momento estaba Bachi Rapazzo Cessio, y me dijo: ‘Mirá Ruso, hacé lo que quieras, tenés las puertas abiertas’”, contó.

El desafío comenzó en plena pandemia de coronavirus, cuando los recursos económicos eran escasos y las dificultades parecían multiplicarse. Sin embargo, con colaboración y trabajo, el proyecto pudo avanzar. “Estábamos en Pandemia, no había un peso, lo hicimos con el corazón. Claudio Di Tella, que en ese momento era el intendente, nos dio una mano muy grande, y sacamos un bono a la venta. Con eso empezamos, y estuve un año metido acá adentro, hasta que se logró volver al césped natural. Así que totalmente orgulloso de poder haber hecho esa campaña”, mencionó.

El blanco y negro, una vida entera

En los 100 años de Cipolletti hay jugadores, entrenadores y dirigentes que dejaron su huella. También hay historias que atraviesan diferentes generaciones y que explican por qué el club ocupa un lugar tan importante en la identidad de la ciudad.

La del Ruso Homann comenzó antes de su inscripción en el Registro Civil. Continuó como mascota, futbolista, hincha, entrenador y uno de los impulsores del regreso del césped natural. Se fue para construir su carrera, recorrió diferentes estadios y países, pero nunca dejó de pensar en volver.

“El Club es mi vida, ¿qué querés que diga? El blanco y negro, para mí significa todo en mi vida. Desearle lo mejor a estos 100 años a todos los hinchas de Cipolletti, que es una gran alegría. Como dije antes, estamos cerca de lograr algo lindo, así que ojalá que se nos dé y que lo merecemos. Lo merecemos porque Cipolletti es un grande de la Patagonia. Se merece volver a la ciudad. Así que ojalá que se nos dé este año”, concluyó.