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"Miguelón" Carrasco, el histórico utilero de Cipolletti que trabaja en La Amistad

Trabajó tres décadas en el Capataz hasta que fue relegado en su cargo y el club de la periferia de la ciudad le abrió las puertas para seguir trabajando.

La Amistad hoy cuenta con un refuerzo de jerarquía puertas adentro. La utilería del Celeste está a cargo del histórico "Miguelón" Carrasco, que luego de su sorpresiva salida del Club Cipolletti y tras un paso fugaz por Patagonia de Neuquén, llegó a las instalaciones celestes. “Me recibieron muy bien, me encontré con chicos que han estado en el Club Cipolletti. Es un club más chico, pero con un buen proyecto para seguir adelante y tratar de hacer las cosas bien para llegar a lo más alto que se pueda”, dijo a LM.

Miguelón fue por 26 años el utilero del Capataz. Llegó desde Regina a finales de los 90', trabajó como sodero un tiempo hasta que un camillero del Albinegro le comentó que la institución necesitaba una persona para la utilería. Allí comenzó a escribir su historia como utilero. “Con el Club Cipolletti la verdad que estoy muy agradecido porque he conocido mucha gente, muchos colegas de otras provincias y eso es impagable”, sintetizó.

Verlo hoy con otra indumentaria se hace hasta extraño, pero llena de felicidad a sus conocidos saber que está en un buen lugar. “Acá estamos, más tranquilos, trabajando, porque es lo único que uno tiene que hacer y tratando de hacer lo mejor de parte de uno para que le vaya bien al club. Uno pone su granito de arena como lo he tratado de hacer en otros lugares”, declaró.

En Cipo dejó una gran huella, pero desde hace un mes luce los colores celeste y blanco en el club del norte de la ciudad. Sin embargo, todavía cuesta acostumbrarse a un nuevo hogar. “No sé si es lo más difícil la tarea, lo más difícil es acostumbrarse a un club nuevo. De pasar tantas cosas buenas y malas, el trabajo sigue siendo el mismo, siempre encontrándote con buena gente como jugadores, cuerpo técnico, conociendo gente nueva. Cada vez tenés una experiencia nueva”, contó con cierta congoja.

Como durante 26 años en Cipo, Miguelón es el primero en arribar al vestuario, para que cuando lleguen los muchachos la indumentaria esté lista. Además, es el último en irse. “Vengo todos los días de lunes a sábados, ahora cambiamos los horarios así que arrancamos a las ocho y me quedo hasta las 11:30 o 12, como siempre, el primero en llegar y el último en irme. Es parte del trabajo de uno”, sostuvo.

En La Amistad se encontró con amigos, eso hizo que fuese un poco más fácil establecerse en el club. “Al Pulpo (Lencina, DT) ya lo conocía, era amigo de antes, con Carlos y Hugo Rojas nos criamos juntos, somos del mismo pueblo, Mainqué, así que se me hizo un poco más fácil llegar acá a la institución. Somos nacidos y criados en el mismo pueblito, la verdad que es muy lindo encontrarse con amigos”, contó sobre los viejos conocidos.

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32 años tenía Miguelón cuando comenzó a vestir los colores del Capataz. Vivió las mil y una. Fue así hasta mayo del 2023, cuando el Club anunció su desvinculación. Esto para nada significó su alejamiento de La Visera, en partidos de Liga o Federal, se lo podía ver a Miguelón en la cancha .“Siempre fui a verlo a Cipolletti, no voy a dejar de ir a verlo, mientras los horarios y los días me combinen voy a ir a verlo porque soy hincha de Cipolletti, no lo voy a dejar de ser. Hoy me debo a esta institución por trabajo y quiero que le vaya bien, pero Cipolletti para mi fue mi casa”, dijo con lágrimas en los ojos.

Un luchador de la vida

Miguel afrontó dos trasplantes de riñón. “Acá en la zona no sé si muchos se trasplantaron dos veces, la verdad que tuve la suerte y la bendición de poder hacerlo. La primera vez fue en el año 2000 y la segunda en 2014”, relató.

Cuando Miguelón ingresó al Capataz, estaba transitando días duros, de diálisis, esperando un riñón que llegó el 9 de mayo del 2000. Rápidamente viajó a Buenos Aires para internarse en el Hospital Argerich y someterse a la operación. “Yo estaba en la lista de espera, entré en el operativo trasplante del Incucai. Había una señora de Cutral Co que era la primera, la segunda era una señora de Bariloche y el tercero era para mí. Hubo un problema de coagulación en la primera y me llaman directamente a mí. Era a la mañana la operación, pero por cabeza hueca, desayuné en el avión y fue a la tarde”, recordó.

Luego de haber sorteado aquella difícil situación, el club lo esperó para que pueda estar bien y retomar sus funciones. Todo estuvo bien por 14 años, pero una neumonía tocó la puerta y complicó todo de nuevo. “Me tomé un año sabático, de descanso. Me llamó Luis Boschi para volver al club, En 2001 arranqué y en 2014 pierdo el riñón y vuelvo a diálisis. En octubre de 2015 me vuelvo a trasplantar. La donante fue mi hermana”, sintetizó.

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Primero la neumonía y luego volver a un proceso difícil, desgastante, de espera y esperanza. “Me agarró neumonía y perdí el riñón. Estuve un mes complicado, pero siempre estuve con las mismas pilas. Nunca bajé los brazos, siempre fui de ir al frente con esas cosas. Teniendo fe, estando tranquilo, confiando y esperando que mi calidad de vida iba a mejorar”, dijo con firmeza.

Su hermana fue la salvadora, eso le dio un nuevo nacimiento a Miguelón quien hoy disfruta plenamente de su salud. “Hoy por suerte de salud estoy muy bien, siempre mirando para adelante, hay piedras en el camino pero hay que seguir. Hay que tratar de estar cada día mejor, pensando en positivo, creo que los problemas son piedras que se cruzan en el camino para ver si estas preparado o no”, comentó.

El significado de ser utilero

Bien lo indica Miguelón, hay que estar antes que todos e irse cuando ya no queda nadie, pero el ser utilero de un equipo va mucho más allá. “Significa mucho. Para uno que no estudió, es una profesión hermosa, conoces mucha gente. Pero lo más lindo que te pasa al ser utilero es que los chicos te quieren, te respetan, te sorprenden con cosas que nadie se imagina. Por eso se viven cosas re lindas en la utilería de un club”, afirmó sobre su tarea.

Su tarea implica pasar más horas con los jugadores y cuerpos técnicos que en su propia casa, por eso mismo la relación con cada uno de los que pasa por el club es muy cercana. “El jugador te cuenta sus secretos, vienen a tomar mates con uno y hablan cosas que a veces no pueden con otras personas. Te sentís como un papá más”, sostuvo.

Cuando Miguelón dice que es como un padre, se le vienen un montón de recuerdos, pero lo más próximo fue lo vivido con Matías Goinhex. “Hace unos días me encontré con Matías, hoy jugador de Catriel. El vino a Cipolletti con su papá que lo acompañó, se quedó en el albergue. Una de las tantas cosas que me pasaron adentro del club, y creo que no lo sabe nadie. Su papá habló conmigo para ver si yo podía ser el tutor de Matías, quería que terminara el colegio así que yo le firmaba los boletines”, recordó emocionado.

Vio pasar una cantidad innumerable de jugadores, cuerpos técnicos, dirigentes, allegados, periodistas y tantas personas en esta historia que escribió con su trabajo. “Es una historia larga, linda, en las buenas y en las malas está el utilero en todas las experiencias. El cariño es lo más grande que te puede pasar, que vengan a la utilería con una torta y te canten el feliz cumpleaños no es normal. Uno no hizo las cosas tan mal, los que eran pibes hoy te siguen saludando”, agregó.

A sus 58 años y después de pelear una y otra vez por la vida contra viento y marea, nunca abandonó su pasión. A Miguelón aún le quedan más vivencias por delante. “Ser utilero te tiene que gustar, tenés que ser un apasionado por lo que haces y hacerte querer por sobre todas las cosas", concluyó.