Luis Otarola advirtió que la embarcación, depositada en un espacio público, estaba fea y descuidada. Se propuso recuperarla con otros vecinos y los resultados sorprenden.
Hace unos 25 años, cuando habilitaron el tránsito en el puente Miguel Lembeye que conecta Balsa Las Perlas con el territorio neuquino, la antigua embarcación que durante décadas unió ambas orillas fue retirada del cauce y depositada en una especie de plazoleta desértica ubicada en la calle Las Perlas, a pocos metros del montículo donde atracaba con los vehículos y pasajeros que traía del otro lado.
La idea era dejarla en ese lugar a modo de homenaje y agradecimiento por sus fundamentales servicios prestados. Pero pasó el tiempo y la emblemática nave se fue transformando en una enorme estructura metálica cubierta de óxido, que se rodeó de maleza agreste y basura que gente desconsiderada arrojaba en su entorno. De monumento pasó a vestigio abandonado que avanzaba hacia su deterioro.
Sin embargo, apareció alguien que, tras considerar lo útil que fue en otra época y el mal estado en que se encontraba, no se quedó con los brazos cruzados y se propuso recuperarla del olvido.
“Lo tenía en mente hace 3 o 4 cuatro años. No puede ser que esté tan dejado todo. Somos privilegiados. Este es un hermoso lugar, pero hay que cuidarlo”, expresó don Luis Omar Otarola, un jubilado devenido en comerciante que impulsó el proyecto para cambiarle la cara la vieja balsa.
La iniciativa la tiró en la página Soy de Balsa, que él mismo administra y donde cuenta cuestiones de la comunidad, y de inmediato logró el acompañamiento de vecinos que se sumaron a la empresa.
Pero antes de ponerse manos a la obra se contactó con las autoridades del municipio de Cipolletti, a cuyo ejido pertenece el poblado, para transmitirles cuáles eran sus intenciones y lo autorizaran a emprenderla.
Consiguió el número de Julio Dijkstra, el secretario de Gobierno comunal, y le comentó su propuesta. Luego de unos pocos meses de espera le comunicó que estaba habilitado para iniciar los trabajos.
Otarola destacó que fue bien atendido por el funcionario y que hasta lo felicitó por el gesto, contó. Por las dudas, aclaró que también informó el resultado de sus gestiones a la Delegación Municipal y a la Policía. “No quería que vinieran y me dijeran y ´usted que está haciendo acá´”, resaltó.
Con el aval, recorrió los comercios perlenses y consiguió que le donaran pintura, lijas, pinceles y otros elementos necesarios para la primera parte de la tarea.
A principios de marzo, cuando tuvo los materiales indispensables, publicó la convocatoria en el Facebook: “Invito a quienes quieran sumarse para limpiar alrededor de la Balsa ya que se encuentra totalmente abandonada. Primero sería limpiar alrededor para darle un toque de color y pintarla”, expresó.
Como para contagiar su entusiasmo, agregó “es un monumento histórico de nuestra localidad y tenemos que rescatarla y cuidarla”.
El resultado del llamado fue sorprendente, porque varias personas, entre ellos niños e incluso vecinos de Neuquén se acercaron a colaborar.
Arrancaron con la limpieza de los yuyos y la basura acumulada alrededor, y ese solo primer paso mejoró notablemente el aspecto del lugar.
"Lo fuimos haciendo de a poco, en los tiempos libres porque uno también tiene sus cosas de hacer", enfatizó Otarola.
Pero la propuesta es mucho más ambiciosa. Ya le dieron las primeras manos de pintura con los colores de la bandera nacional, pero además la decorarán con dibujos relacionados con el río que surcó.
Pero además incluirán un cartel con el nombre de los 13 “balseros” que pilotearon la embarcación durante todos los años que navegó. Esa fue otra labor que tuvo que realizar, ya que tuvo que averiguar quienes eran y para eso debió realizar varias entrevistas. Hay algunas personas que ya fallecieron, pero hay otros que aún viven en Las perlas. El vecino destacó que contactó a una artista que está elaborando el letrero que será instalado en el terreno.
Otarola está fascinado con Las Perlas, donde vive hace décadas. Repite que es “un lugar hermoso” con una belleza natural extraordinaria. Aunque lamenta que el desarrollo urbanístico no está alineado con ese esplendor original. Asegura que le falta atención estatal y además de los servicios y lo estructural, también puso de relieve el tema de la seguridad.
Pero el vecino no se desanima y quiere hacer lo suyo. Planea, después de embellecer la balsa, acanzará en arreglos de los espacios verdes del poblado cipoleño, y también intervenir el puente Miguel Lambeye. Propone darle “un poco de color”, pintar las barandas y luminarias y limiparlo. También instalar un cartel que recuerde a su gestor, el médico que donó dinero para su construcción. Ya habló con sus familiares y manifestaron que están de acuerdo. Primero tiene que gestionar el pedido a Vialidad Provincial, explicó, pero aseguró que está en eso.
La investigación emprendida por Otarola le permitió llegar a la conclusión que la balsa tuvo 13 conductores, algunos ya fallecidos. Ellos fueron Rodolfo Guiñez, Valentino Munsch, Cecilio Morales, José Chandia, Ovidio Marín, Eduardo Leiva, Curinao, Santiago Martinez; Celso Gutierrez, Valentino Rodríguez, Julio Torres y Pedo Calluqueo. Sus nombres estarán junto a la embarcación para que sean parte del homenaje.