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Recuerdos de uno de los últimos balseros de Las Perlas que desembarcó cuando habilitaron el puente Lembeye

Julio César Torres condujo años la embarcación. Tiene un montón de historia que evocó con LMCipolletti: "Nos pasaron cosas de las buenas y de las malas".

Cuando a principios de 2002 vio pasar los primeros vehículos sobre el puente que cruza el río Limay y une Neuquén con Las Perlas, Julio César Torres asumió que terminaba para siempre una etapa especial de su vida.

Es que esa obra que soñó y concretó con fondos propios el médico Miguel Lembeye, dueño de las tierras del lado rionegrino, hizo innecesaria la balsa que durante décadas unió las vidas de ambas orillas, y que él condujo hasta el día en que encalló definitivamente.

A casi un cuarto de siglo del trascendental acontecimiento y a sus 80 años de edad, con dos hijas y varios nietos, don Julio evoca aquel tiempo con un dejo de nostalgia en su voz, pero con un entusiasmo que refleja en los detalles su anhelo para que aquel oficio, su oficio, no quede perdido en la historia chica del lugar.

Basta una breve charla con él para que desgrane hechos, anécdotas y sensaciones que experimentó en aquellos innumerables cruces que no siempre eran sencillos y dependían del comportamiento del cauce y del clima, lo que siempre involucraba una dosis de riesgo.

La balsa de Las Perlas 3

La balsa de Las Perlas, en uno de los tantos cruces del río Limay. En primer plano un antiguo R6.

Había llegado a ocupar el puesto en 1982, como empleado de Dirección de Vialidad de Neuquén, y la balsa era el único medio de transporte para atravesar el río, por lo que fue vital para los escasos habitantes que había entonces en la margen sur, y para los puesteros que debían trasladarse hacia la zona urbana, y luego volver a los campos.

La Gallega y "Mirtha Legrand"

“Nos pasaron muchas cosas, de las buenas y de las no tan buenas. Era bravo. Se pasaba calor y frío”, le contó Torres a LMCipolletti. Pero en sus palabras refleja que no desdeñaba su trabajo, al contrario. Fue parte de su vida durante muchos años.

Como los camioneros o colectiveros que aman a la máquina que los transporta y hasta las bautizan, él fue quien le puso el nombre La Gallega a la balsa de Las Perlas. Pero no solo eso, sino que antes había otra embarcación que cruzaba el río y que él también condujo, y le había puesto Mirtha Legrand, en homenaje a la emblemática actriz y conductora de TV que está por cumplir 100 años de edad.

"¿Sabrá la señora Legrand que le pusieron su nombre a la balsa?", le preguntó este diario. "No lo sé, pero capaz que ahora se entere", sostuvo con tono jocoso.

Un trabajo que tenía sus riesgos

Era un trabajo que implicaba peligros el suyo. Torres recuerda la vez que se cortó el cable maroma, que atravesaba el río y guía la embarcación, y milagrosamente no hirió a nadie, porque si el chicotazo agarraba a una persona hubiera sido fatal.

Sin embargo, la balsa siguió navegando a la deriva río abajo, hasta que encalló en la costa del lado sur, cerca de la casa del doctor Miguel Lembeye, dueño de las tierras donde se encuentra el actual poblado perlense.

Lo complicado fue después volverla a su lugar para que siguiera cumpliendo su importante misión. Tuvieron que utilizar un poderoso camión y una grúa, con la que la sujetaron a un cable y la arrastraron hasta acomodarla de nuevo.

Otra vez una camioneta cayó al río y sus ocupantes, vecinos que aún viven en Las Perlas, se salvaron de milagro. Del mismo modo se requirió de un arduo operativo para retirar el vehículo del interior del cauce.

Pero si de algo no olvida don Torres es cuando el río venía crecido, que antiguamente era más habitual. “Arrastraba árboles enteros, troncos, ramas, de todo. Eso era peligroso. Una vez nos quedamos en medio del río y nos tuvo que rescatar la gente de Prefectura y Bomberos de Plottier”, evocó.

Mientras que cuando el nivel bajaba se complicaba para acercarse a las orillas, porque quedaba encallada y luego debían empujar la balsa con puntales hasta que volvía a liberarse y se impulsaba con la correntada.

Un paraje bellísimo y solitario

Don Torres formó su familia y se radicó en su casa del barrio Bouquet Roldán, de la capital neuquina, donde aún reside. Tuvo dos hijas, que le dieron 8 nietos y cuatro bisnietos. Gabriela, una de sus hijas, recuerda que antes de la construcción del puente, Las Perlas era un caserío reducido, pero con un paisaje bellísimo, tranquilo y solitario.

Su papá viajaba periódicamente a tomar su puesto laboral, y en algunas oportunidades se quedaban en una casilla que tenían los balseros en el lado rionegrino. Era una especie de base de operaciones y albergue. Incluso ellos también solían quedarse para hacerle compañía.

“Estaban las casillas donde nos quedábamos nosotros, otras dos casitas más y despensa que se llamaba Marita”, afirmó. En aquel momento no consideraban que el trabajo que hacía el padre era particular. Por la habitualidad, para ellos era uno más. Hoy saben que es un oficio que requería pericia y atención, y que son pocos los operarios que siguen cumpliendo esa labor en la actualidad.

En este caso, cuando el puente Lembeye quedó habilitado, la balsa quedó obsoleta y la sacaron de circulación. Literalmente la sacaron y la dejaron en un espacio público del lado rionegrino.

Pero Torres no se quedó sin trabajo, porque Vialidad lo designó como sereno en una dependencia de la capital neuquina, donde alcanzó la jubilación.

El inspirador que rescata la historia

Mucho para recuperar la balsa del olvido hizo Luis Otarola, un vecino del poblado que pertenece al ejido de Cipolletti, quien sembró la idea de rescatar “La Gallega”, dejada en un espacio público a modo de homenaje, pero había quedado rodeada de maleza y basura que tiraban desaprensivos. Otarola impulsó no solo sacarla del abandono, sino también distinguir a los balseros, tanto a los que están como a los que no.

La propuesta fue bien aceptada por la comunidad perlense. Comerciantes aportaron materiales y muchos vecinos se acercaron a colaborar con la restauración de la antigua estructura de acero, y también limpiar su entorno tan descuidado. En un par de meses quedó con un aspecto mucho más aceptable, pintada con los colores de la bandera nacional y el terreno impecable.

Julio César Torres balsero 4

Don Torres fue informado del trabajo y se acercó al lugar donde quedó encallada la nave que él condujo durante tantos años. No estuvo solo, porque también concurrió un grupo de chicos de la Escuela Primaria 247, con quienes charló y les contó anécdotas de lo que era su trabajo y cómo era Las Perlas en aquel entonces. Fue un momento especial, en el que Torres recorrió una y otra vez la vieja estructura, y no ocultó su emoción.

La obra inspirada por Otarola incluye además la instalación de un cartel con el nombre de todos los balseros que la condujeron. Pero la idea no queda ahí, porque también proyectan realizar un acto para reconocer la labor desarrollada por aquellos trabajadores.