Desde la Municipalidad confirmaron que buscan una solución junto a los huerteros y los nuevos propietarios para garantizar la continuidad del proyecto social y ambiental.
La histórica huerta comunitaria de La Falda, en Cipolletti, atraviesa un momento de extrema incertidumbre luego de que se confirmara que el predio donde funciona desde hace casi 25 años fue vendido a un privado y que el contrato de comodato con el Municipio no será renovado.
Según pudo saber LMCipolletti, el vínculo vence en noviembre, y 49 titulares de parcelas —junto con sus familias— podrían verse forzados a abandonar el lugar si no se encuentra una alternativa. Desde la municipalidad trataron de transmitir tranquilidad y que se está trabajando en encontrar una solución que garantice "previsibilidad".
El proyecto nació en los años ‘90, en plena crisis social y económica, como una iniciativa de contención y autogestión productiva para personas en situación de vulnerabilidad. A lo largo de los años, la huerta se transformó en un verdadero espacio comunitario que promueve la salud, la cultura del trabajo, el cuidado ambiental y la soberanía alimentaria. Su trayectoria fue incluso replicada como modelo en otras localidades de la región.
Ante la preocupación de los huerteros, el secretario de Gobierno de la Municipalidad de Cipolletti, Julio Dijkstra, aseguró que desde el Ejecutivo local están trabajando para garantizar la continuidad del programa, aunque reconoció que la situación actual impone límites y los tomó por sorpresa.
“Es un programa municipal, promueve la salud, el cuidado del medioambiente. Esto genera un tejido social entre vecinos y generaciones que aprenden y comparten”, señaló Dijkstra en diálogo con LMCipolletti. “Para nosotros es una política de valor”, sostuvo.
El funcionario explicó que el predio siempre fue privado y que el Municipio lo utilizó bajo un convenio de comodato, que fue renovado durante años con el propietario original. “Nos sorprendió a todos. Nos enteramos con el hecho consumado de la venta, de un privado a otro privado”, explicó.
“El contrato vence en noviembre y no tenemos otra que ajustarnos. Vamos a hacer ´el caminito´ para darle una solución de acá a esa fecha”, agregó Dijkstra, quien también indicó que ya hubo reuniones con los huerteros y que están en proceso de diálogo con los nuevos propietarios del terreno.
En ese sentido, desde la Municipalidad aseguraron que están relevando tierras fiscales para trasladar la huerta y garantizar su funcionamiento en el largo plazo. Una de las opciones que se analiza es un sector con tierra fértil en Isla Jordán. “Es una zona muy linda y de calidad, pero seguimos relevando junto a Desarrollo Urbano otras posibilidades”, dijo el secretario de Gobierno.
Dijkstra también remarcó que buscarán una transición ordenada, sin afectar a las familias que dependen de la producción. “Lo que queremos es que los nuevos propietarios sean contemplativos para hacer una mudanza planificada y correcta. No queremos que esto se muera”, afirmó.
“Estamos construyendo una solución. Después de esto, volveremos a reunirnos con los huerteros. Buscamos un lugar accesible, con tierras fértiles, para que el programa pueda proyectarse a largo plazo”, concluyó.
Mientras tanto, los productores de la huerta comunitaria de La Falda continúan esperando definiciones que les permitan mantener viva una experiencia que lleva casi 25 años de trabajo colectivo y compromiso con la comunidad.
Para muchas personas, La Falda fue más que un terreno con cultivos. Representó un refugio emocional, una salida a la depresión, una forma de sanar después de la pandemia. “El lugar dio sentido y vida a muchas personas. Algunos vienen con sus nietos, otros con sus hijos. No es sólo una parcela de 10 por 10. Es comunidad. Es cultura del trabajo. Es salud y alimento”, detalló María Alegría, huertera del espacio desde hace 21 años días atrás a este medio.
Además, los productos de la huerta son buscados por vecinos que eligen lo orgánico y agroecológico. “La gente viene a buscar nuestras verduras, nuestras plantas. Y no sólo eso: enseñamos a cultivar, compartimos saberes, asesoramos. Esto no es sólo producción, es formación”.
Los huerteros aseguraron que esperan un llamado para conocer los destinos de la huerta. “Nos duele, porque cuidamos esto con amor y esfuerzo. No queremos que el ímpetu inmobiliario arrase con lo que fue, y puede seguir siendo, un ejemplo para toda la región. Queremos seguir siendo útiles”.
Mientras tanto, quienes mantienen viva la huerta siguen haciendo lo que saben: cortar el pasto, limpiar los canales, regar. “Porque eso es lo que aprendimos y es lo que queremos seguir haciendo. Este espacio es parte de la historia viva de Cipolletti, y no puede desaparecer sin más”.