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Las mejores fotos, emoción y perlitas del ritual de la caña con ruda en Cipolletti

Como cada año, Uberlinda esperó a los vecinos en Mengelle y Santa Cruz. "Vinieron más de 200 personas, hasta la pareja que se comprometió acá".

Cada 1 de agosto, el Alto Valle se detiene para honrar a la Madre Tierra. En Cipolletti, el corazón de esta celebración late con fuerza en la intersección de Mengelle y Santa Cruz, donde Uberlinda mantiene viva una tradición ancestral. Desde hace 14 años, sin faltar a una sola cita, instala una pequeña pero colorida mesa en la vereda para brindar un trago de caña con ruda a todos los vecinos que se acercan a cumplir con el clásico ritual.

“A las 9 vine, ya estoy terminando a las 15.30, mi amiga Patricia me trajo una vez más, la quiero y agradezco tanto”, comentó a LM Cipolletti con una sonrisa y la satisfacción de la tarea cumplida, mientras repasaba una jornada que superó todas las expectativas.

Este año, la convocatoria batió récords. Cerca de 200 personas se acercaron a la esquina cipoleña para compartir el trago protector, el que ahuyenta los males del invierno y las malas vibras. La demanda fue tal que casi agota su stock de bebida: “Traje como 40 botellas, quedan 5 ó 6. Algunos otros años llevaban botellas chicas para compartir, me quedé sin envases esta vuelta. Varios se la llevaron para su casa por los controles de tránsito”, detalló Uberlinda sobre el movimiento que generó el evento y los recaudos de la gente más precavida.

Uberlinda, por 14 año consecutivo, instaló su puestito de caña con ruda en Mengelle y Santa Cruz.

Entre charlas, abrazos y buenos augurios, los pedidos de los asistentes se repitieron como un eco necesario en tiempos complejos: salud, trabajo y dinero, los tres pilares que más escasean y que la Pachamama recibe en cada ofrenda.

Historias de amor y el cariño de todo un vecindario

La calidez del encuentro no solo convoca a quienes buscan protección, sino también a aquellos que guardan recuerdos imborrables en este rincón de la ciudad. Uberlinda recordó emocionada una anécdota que demuestra la magia del lugar: “Vino una pareja mayor, el año pasado se comprometieron acá, luego se casaron, volvieron hoy. Vamos a ver qué deseo piden ahora les decíamos...”.

El camino de Uberlinda hasta convertirse en el alma mater de esta celebración comunitaria estuvo marcado por el esfuerzo diario. Atrás quedaron los tiempos en los que se ganaba la vida con un pequeño puesto vendiendo medias, cremas y agujas. Hoy, su presencia es esperada y celebrada por todo el vecindario.

“Me voy contenta, feliz, creo que se merecen todo su respeto los vecinos. Se quedan felices al verme”, expresó con gratitud. Con la calidez que la caracteriza, la mujer ya palpita el reencuentro: “Hasta el otro año me despedían, acá estaré si Dios quiere sirviendo la caña con ruda y me colaboran a voluntad. Felicidades para todos”.

Las fotos de Toti Spagnuolo