ver más

Grooming: las escuelas de Fernández Oro concientizan a sus estudiantes

Estudiantes de Fernández Oro participan de charlas de prevención de grooming a cargo de Rosa Castro para detectar riesgos en entornos digitales.

En las escuelas primarias de Fernández Oro, estudiantes de 4° a 7° grado participan de charlas de prevención sobre grooming a cargo de Rosa Castro, referente en la lucha contra este delito. La propuesta busca acercar herramientas concretas a chicos, familias y docentes, pero también abrir un espacio para hablar, preguntar y pedir ayuda.

A la hora del mediodía, una escuela primaria puede ser un lugar difícil para conseguir atención plena. Hay chicos que se mueven, conversan entre ellos, se distraen. Pero algo cambia cuando Rosa Castro empieza a hablarles de lo que puede ocurrir del otro lado de una pantalla.

Las miradas se concentran. Aparecen preguntas. Algunas respuestas son reformuladas. Y cuando Rosa explica que detrás de un perfil, una foto o una identidad aparentemente infantil puede esconderse una persona adulta, las expresiones cambian. Hay sorpresa, pero también curiosidad.

Ese momento es, en definitiva, el objetivo de las charlas: que una conversación pueda convertirse en una herramienta de prevención.

La iniciativa forma parte de un proyecto impulsado por el Área de Juventud Municipal de Fernández Oro, con el objetivo de abordar el grooming en las escuelas y brindar herramientas para que niños, niñas y adolescentes puedan reconocer situaciones de riesgo en los entornos digitales.

La propuesta alcanza a estudiantes de 4°, 5°, 6° y 7° grado e incluye a las escuelas N° 102, 287, 314, 40, 137 y Virgen de Lourdes. También contempla encuentros destinados a familias y a la comunidad educativa, con información sobre riesgos digitales, señales de alerta y formas de acompañamiento.

Pero Rosa sabe que una charla sobre grooming no puede ser solamente una clase teórica.

“Cuando vos les vas a hablar desde este lugar de mamá, abuela, los chicos se enganchan”, explica. Y agrega que cuando comenzó a hablar públicamente sobre esta problemática lo hacía desde su lugar de madre. Hoy lo hace también como abuela.

Su experiencia personal atraviesa esa manera de encontrarse con las infancias. Rosa Castro se convirtió en una referente de la prevención del grooming a partir de una situación que afectó a su propia familia y desde entonces transformó esa experiencia en militancia, información y acompañamiento.

Por eso, cuando entra a una escuela, no busca solamente transmitir conceptos. Busca generar confianza.

“Nosotros queremos que sepas que esto se puede solucionar”, es uno de los mensajes que intenta transmitirles. Porque para Rosa, además de información, los chicos necesitan saber que existe un lugar donde pueden hablar.

Y muchas veces aprovechan ese espacio.

No alcanza con saber usar un celular

La tecnología cambió profundamente desde que Rosa y otras personas comenzaron a hablar públicamente sobre los riesgos de internet, alrededor de 2009 y 2010. En aquel momento se hablaba de redes y de peligros que hoy parecen lejanos frente a la velocidad con la que aparecieron nuevas aplicaciones, juegos, plataformas y formas de vincularse.

Por eso, también cambió la manera de pensar la prevención.

“Muchas veces creemos que tenemos que aprender a usar la tecnología y que esa es la manera, y la realidad es que no”, plantea Rosa.

Los chicos saben usar un teléfono. Saben descargar aplicaciones, manejar juegos, crear perfiles y moverse dentro de las plataformas. El desafío, explica, es otro: comprender qué puede suceder dentro de esos espacios y qué información, vínculos o situaciones pueden aparecer detrás de ellos.

Una aplicación puede ser una herramienta de entretenimiento, pero también puede abrir puertas hacia otros mundos. Algunos son seguros; otros pueden implicar riesgos.

La prevención, entonces, no consiste solamente en enseñarles a los chicos cómo utilizar una tecnología. También implica que los adultos aprendan a estar presentes.

“Así como los cuidamos cuando cruzan la calle o cuando van a la escuela, los vamos a estar cuidando y los vamos a escuchar ante cualquier situación que puedan vivir en este mundo”, sostiene Rosa.

Porque internet ya no es un mundo separado. Es parte de la vida cotidiana de las infancias.

Hablar antes

Para Rosa, la prevención del grooming debería ocupar un lugar central. La penalización de un delito es necesaria, pero llega después de que una situación ocurrió.

“Cuando vos llegás a penalizar un delito es porque ya el daño está hecho”, plantea.

Por eso celebra que desde los municipios, las escuelas y otros espacios comiencen a generarse recursos para trabajar antes: acercarse a las instituciones, llegar a las familias y construir herramientas que permitan detectar situaciones de riesgo.

También señala una deuda: muchas veces la prevención continúa realizándose “a pulmón”, a partir del trabajo de personas y organizaciones que sostienen estas iniciativas con sus propios recursos.

En ese sentido, valora especialmente que existan proyectos que permitan que quienes trabajan en prevención puedan llegar a las escuelas, establecer vínculos con docentes y estudiantes y sostener las charlas en el tiempo.

El proyecto de Fernández Oro plantea justamente esa posibilidad: generar un espacio de confianza, con un lenguaje adaptado a cada edad, ejemplos cotidianos y participación activa.

Porque una pregunta puede ser el comienzo de una conversación. Una conversación puede permitir que un chico cuente algo que le preocupa. Y que alguien lo escuche a tiempo puede cambiar el rumbo de una situación.

La tecnología va a seguir cambiando. Las aplicaciones, los juegos y las formas de vincularse también. Nadie sabe todavía cuáles serán las herramientas que utilizarán las infancias dentro de algunos años.

La prevención, en cambio, puede empezar con algo mucho más sencillo: estar, escuchar y hablar a tiempo.