Entre las familias de inmigrantes asentados en la Norpatagonia encontramos testimonios de pioneros que se asentaron en localidades cercanas a Cipolletti y pertenecían a la camada de trabajadores de tierras, del riego, de los tambos, entre tantas otras tareas.
Este es el caso de Miguel Quijano, un español nacido en Cornon, provincia de Palencia, en el norte de España cercana a Santander, el 3 de mayo de 1868; se casó en la misma localidad con Martina Terceño que había nacido el 11 de noviembre de 1870.
El matrimonio tuvo en Cornon a Constancio Quijano el 18 de septiembre de 1897 y fallecido en San Luis en 1961; Manuel nació el 31 de diciembre de 1901 y falleció en Cinco Saltos el 27 de marzo de 1955; María nació el 2 de julio de 1903; Aurea, nació el 19 de julio de 1905; Margarita, nacida el 22 de febrero de 1907; Iluminada nacida el 18 de enero de 1910 y Casimira, el 4 de marzo de 1913.
La historia cuenta la vida de Miguel y su hijo Constancio, quienes llegaron a Argentina en 1912 para reconstruir su casa que se había quemado. Durante su tiempo en Argentina, trabajaron en la construcción del canal principal de riego. Sin embargo, en 1915, decidieron regresar a España.
Constancio regresó a Argentina en 1920, junto con su hermano Manuel, a bordo del barco "Highand Pride". Constancio trabajó como tomero de irrigación en Cinco Saltos, y Manuel se convirtió en su socio. Sin embargo, debido a problemas familiares, Manuel se separó y se fue a San Luis, lo que puso fin a su sociedad con Constancio.
Manuel trabajó como ayudante de José Sevila en la construcción de la Bodega La Mayorina, una bodega famosa en Cipolletti. Durante su tiempo en Cinco Saltos en 1921, conoció a la familia Fernández de la Chacra 57, quienes lo invitaron a una carneada de cerdos. Fue en este evento donde conoció a su futura esposa, María Rosario García, una mujer de origen brasileño nacida en Villa Cortina, Estado de San Pablo, el 18 de noviembre de 1903. Manuel y María Rosario se casaron el 5 de agosto de 1922.
Después de que Constancio renunciara a su puesto de tomero, Manuel ocupó su lugar hasta 1927, cuando también renunció para aceptar una oferta como medianero en la Chacra 58, propiedad de un señor de General Roca. Permaneció en esa chacra hasta que el dueño se la vendió a Pedro Illera en 1932.
La historia retrata la vida de migrantes que dejaron su lugar de origen en busca de oportunidades en Argentina, enfrentaron dificultades familiares y laborales, pero finalmente encontraron un camino en la vida, formaron familias y se asentaron en diferentes lugares del país.
Con los ahorros, compró en ese mismo año el lote ubicado en la calle San Martín esquina 25 de Mayo y construyó el edificio que existe en la actualidad. En ese lugar, estableció su comercio de Ramos Generales llamado "El Sol", utilizando parte de la mercadería que le regaló Nodin de su negocio incendiado. Además, complementó su inventario con adquisiciones de proveedores de Buenos Aires. También, Manuel recibió la transferencia de clientes, incluyendo a los obreros de la Yesera, quienes mensualmente compraban a crédito y él se encargaba de pagar a la empresa.
A los chacareros y algunos conocidos les permitía realizar el pago anual al terminar la cosecha, una forma comercial que Manuel mantuvo hasta su muerte.
Del matrimonio de Manuel Quijano y María Rosario García nacieron varios hijos en Cinco Saltos, quienes tuvieron diferentes ocupaciones y contribuyeron a la comunidad local:
Estos hijos de Manuel y María Rosario dejaron su huella en la comunidad de Cinco S y del valle, contribuyendo en diferentes sectores como la fruticultura, el comercio y el servicio a la comunidad. Aunque algunos ya han fallecido, su legado perdura en la memoria de sus seres queridos y en la historia de la localidad.
Alberto Quijano trabajaba la chacra de su padre “Manuel” llamada “Flor del Aire “y tenía vacas que ordeñaba par el consumo del hogar. Al fallecer su padre (1955), Alberto heredó una parte de la chacra la cual no estaba en producción y siguiendo el consejo de “Paco” Fernández, de Roca, instaló un tambo allí.
Comenzó con dos jaulas de vacas que el mismo Fernández le proveyó. El tambo se inicia en forma muy precaria y con mucho esfuerzo se consigue instalar un ordeñe mecánico, que ordeñaba 4 vacas a la vez.
También se instaló una picadora de pasto. El primer tambero fue Guillermo Arias, luego le sucedieron Antonio Martínez y Julio Sosa. El tambo en su mejor momento llegó a producir 1.000 litros de leche diarios. La historia de "Pirucha" Lledó y su familia es una muestra de trabajo arduo y dedicado, donde todos estaban comprometidos en el negocio familiar.
"Pirucha" estuvo al frente del negocio de venta de leche y, para evitar desperdicios, se encargaba personalmente de extraer la crema de la leche no vendida utilizando una desnatadora manual, una tarea que también realizaba su suegra María en ocasiones.
El reparto a domicilio se hacía a través de dos carritos lecheros, y personas como "Juancito" Figueroa, Julio Vázquez, Juan Membrives, Gervasio Jara y Adolfo Zúñiga participaban en el proceso.
El tambo surtía a diario a varias instituciones locales, como Indupa (personal), Empresa Carlos Shur, Hospital Cinco Saltos, La Yesera, Hogar de Ancianos y el Sanatorio Cinco Saltos. También proporcionaban leche al Club que funcionaba en el Tiro Federal, llegando a hervir hasta 30 litros diarios para dicho club.
Sin embargo, con el tiempo, la competencia de la Pampa Húmeda y la falta de rentabilidad llevaron a la alimentación de las vacas con orujo, lo que provocó problemas de olor y condujo al traslado del tambo a Campo Grande en 1975. A pesar de estos desafíos, el tambo siguió siendo proveedor de leche para la empresa láctea regional "Raquelec" en la década de 1970.
Tras el fallecimiento de Alberto en 1985, su hijo Carlos se hizo cargo del tambo. Sin embargo, la situación empeoró cuando empezaron a robar y faenar las vacas en el campo, lo que finalmente llevó al cierre del tambo y a la venta de las restantes vacas.
Esta historia refleja el espíritu pionero e inmigrante de la familia, dedicada al trabajo incansable y al esfuerzo conjunto por alcanzar un mismo objetivo. A través de generaciones, dejaron una huella en la comunidad, enfrentando desafíos y adversidades propias del desarrollo económico y social, pero manteniendo siempre el valor del trabajo en familia.