Se cumplen 31 años de un hecho trágico para el fútbol regional. Luego de tres décadas, la efeméride es un llamado a recordar lo sucedido y a demostrar el amor por el club.
El 9 de julio de 1995, Cipo tenía un partido difícil en la provincia de San Juan. Es sabido que el sol de la región cuyana es intenso; pero si a eso se le suma el viento zonda, se sabe de antemano que la jornada podría complicarse. Sin embargo, el clima no sería el único factor de día que marcaría la historia. De manera arbitraria se decidió que unas dos mil personas seguidoras de Cipolletti, no serían gratas ni bienvenidas.
Por ese motivo le habían dejado apenas algunos escalones de una tambaleante tribuna que una pertrechada cantidad de uniformados intentaba acomodar a los golpes. Sin mucha paciencia, optaron porque no entre más nadie. Quedaron cerca de mil cipoleños en los alrededores y fue necesario que interceda - de manera diplomática- "Quity" García y el ''Tigre'' Ancao para lograr convencerlos por ambas vías que quienes viajaron tantos kilómetros estaban dispuestos a entrar a como dé lugar.
Cipolletti llegaba apenas un punto por detrás de San Martín de San Juan en un cuadrangular final para el ascenso a la Primera B Nacional y, aunque el albinegro no tuviese otra manera de ascender que, ganando, lo que estaba en juego era más que suficiente para que la convocatoria fuese masiva como en otras muchas oportunidades.
Todo salió de acuerdo a los planes del equipo local, algo que en el fútbol, puede pasar. Lo difícil de comprender es la violencia ejercida para con quienes viajaron 900 kilómetros con el sueño de ver ascender al club de sus amores y terminaron saliendo del partido entre medio de los palos de la Policía y las piedras que llovieron desde todos los rincones.
Una desconcentración lenta y peligrosa que tuvo como consecuencia varias víctimas que fueron agredidas ya dentro de los colectivos. Se supo incluso que debieron transitar varios kilómetros en micros que tenían ventanillas rotas, chapas afectadas y otras “marcas” de la odisea de salir de allí.
Cerca de la medianoche sucedió lo peor. Uno de los colectivos chocó contra un camión sin luces, dejando el trágico saldo de dos muertos y varios heridos. Las víctimas fatales fueron Roberto “Tito” Hevia y Marcelo “Ñato” Salinas, dos seguidores permanentes de las campañas albinegras quienes pagaron con sus vidas el precio de la pasión futbolera.
Un “silencio sepulcral” envolvió el viaje de vuelta del plantel. No había ánimo ni siquiera para prender la radio. Del accidente en el que murieron dos hinchas que regresaban de San Juan, los jugadores se enteraron recién cuando llegaban a Cipolletti el lunes al mediodía. Al parar en el semáforo de la calle Mariano Moreno, pusieron LU19 y allí se anoticiaron, al menos, de lo que se sabía hasta ese momento.
En el colectivo de los simpatizantes viajaban dos jóvenes de la barra de amigos de Juani y Gastón: Gerardo Papazian y Gabriel Flores, quienes estuvieron entre los heridos de mayor consideración.
Para los futbolistas, la derrota deportiva terminó siendo una anécdota después de la tragedia. Confiesan que en un principio tuvieron un sentimiento de culpa porque los que perdieron la vida estaban en ese lugar por haber ido a alentarlos. Entre todos los integrantes del equipo charlaron el tema como una forma de sobrellevar la angustia y el dolor.
Fue por eso que el 9 de julio de 1996, en vísperas de otro partido bisagra como lo fue ante Juventud Antoniana, “Charly” Quintana y un grupo de hinchas, propusieron a los dirigentes Jorge Galavanessky y Héctor “Lalo” Frías, colocar una plaqueta en la entrada a la popular y convenir en conmemorar todos los 9 de julio, el Día del Hincha de Cipolletti.
Por ese motivo, por los nombres de “Tito” Hevia, Ñato Salinas, “Talo” Soulés, Oscar Scianca y tantos otros que se fueron quedando en el camino.
Existe una mística que hace que uno permanezca en la ilusión. Ser futbolero es, tal vez, la resistencia a no sentirse vacío. En esa búsqueda pasan los días y volver a recordar lo que ha marcado la historia de club -más allá de triunfos y derrotas- no es un capricho que parte de la nostalgia, si no, un refugio necesario. Es allí donde yace el combustible para redoblar esfuerzos en busca de tiempos mejores.
Este 9 de julio, mientras el país celebra la Independencia, en el Alto Valle se festeja otra identidad igual de fuerte: el Día del Hincha de Cipolletti. Como ya es una marca registrada de cada año, las redes sociales se transformaron en una tribuna virtual donde los fanáticos compartieron su amor incondicional por la camiseta.