El vecino que se destaca en rubros opuestos, apuesta fuerte y sueña en grande. Como si fuera poco tiene un emprendimiento de cocina.
De la obra en Cipolletti al estudio de grabación en Fernández Oro. De supervisar una instalación de gas en un conocido barrio de nuestra ciudad a encerrarse a componer otro tema para uno de sus grupos. Carlos Ceferino Farías (56 años) anda a pleno, alternando su rudimentario oficio histórico con su gran pasión por la que apuesta fuerte.
Se trata del experimentado Maestro Mayor de Obra que a la vez posee una productora musical que, asegura, empieza a despegar a nivel local y nacional. “Nuestros temas por ahora son más escuchados en Buenos Aires, donde hasta fuimos galardonado, que en la región. Pero creemos en lo que hacemos y tarde o temprano nos vamos a imponer aquí también”, reflexiona este multifacético personaje en charla con LM Cipolletti… Nadie es profeta en su tierra pero tampoco se puede quejar.
Es que trabajo no le falta en ninguno de esos rubros al oriundo de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, quien antes de radicarse definitivamente en Cipolletti vivió en “Concordia hasta los 14 años y en Ituzaingó, Corrientes porque mi papá laburaba en la represa de Yacyretá”.
“Me recibí en el colegio Industrial y en agosto de 1997 llegué a Cipo con la esperanza de encontrar un futuro mejor. Soy el mayor de cuatro hermanos”, asegura al repasar si historia.
Nadie le regaló nada. Lleva más de 30 años “trabajando de manera independiente en la construcción a puro esfuerzo y dedicación”.
Enumera, en ese sentido, trabajos importantes que realizó en supermercados de la zona, con “proyecto y ejecución de obras; también instalaciones de gas, agua, cloacas, aire, calefacción”.
Hace algunos años se le despertó nuevamente el “bichito” de la música, hobby que “tenía dormido desde 1995”. Fue su pareja Cecilia que lo impulsó, la que “me hizo comprender la importancia de hacer lo que a uno le gusta; fue el pilar fundamental para que se empiece a crear la productora”.
Se refiere a Kalica récord, aquel sueño que empezó a darle forma en las noches de karaoke y que una vez lograda las metas personales y primordiales como “construirme la casa propia”, logró hacer realidad.
“Es que estuve 14 alejado de la música priorizando otras cosas. Pero hoy sí digo orgulloso que tengo una productora propia, de grupos de cumbia, de cuarteto, de folclore, melódicos. Keuarteto es mío, lo armé, conseguí cantante, fui comprando las cosas. Fuimos galardonados el 9 de junio en Buenos Aires y vamos por más”, avisa con orgullo.
Así, Carlitos retomó de lleno lo que más le apasiona, tras aquel recordado paso por el grupo Chocolate en 1997 (“era la época en la que sonaba el Grupo Almendra. Locuras”). Y si de adolescente tuvo dos bandas, Universal y Fabula, ahora se jacta de ser el mentor del prometedor Keuarteto.
“El grupo es de Fernández Oro, con músicos de Allen, de Cipolletti, de Neuquén. Son músicos independientes, aunque de los 9 que hay 7 son fijos”, destaca mientras se quita el mameluco y se pone la ropa artística, de show.
Valora el apoyo de Pol Guerrero y de Luis Acuña, el Pety que se encarga de los arreglos. “Yo me bajé del escenario, no quería estar en dos lugares distintos y me dediqué 100 % a la producción, a comprar sonidos, instrumentos”, explica mientras se deleita con la prueba de sonidos de Fiorella Páez, la talentosa joven que le pone voz a la banda.
“Apareció después de un casting, tiene 19 años, con presencia, predisposición. Es la voz del grupo. En YouTube aparece un mix con los cover: Imagíname sin Ti, Dejémoslo así y Amigos Simplemente Amigos. Son temas tradicionales transformados en cuartetos. Se buscó la idea de no copiar, de tener nuestro propio estilo y temas nuevos, yo me dedico a componer las letras”, dice y canta el estribillo de un hit.
“Cuesta vivir de esto en la música pero es nuestro objetivo”, admite Carlitos Farías, experto en no bajar los brazos hasta que se presenten las oportunidades y crecer en silencio.
Como si fuera poco, es propietario de un emprendimiento gastronómico. “Se llama Yo Cocino, hago arte con frutas, emprendí en pandemia cuando uno se encuentra solo y empieza a buscar cosas. Un don escondido que tenía, armo bandejas de fiambres, torres de frutas. Nos convocan en casamientos, cumpleaños, acontecimientos empresariales”, concluye un todoterreno incasable e insaciable. Tiene hambre de gloria.