Una publicación en redes bastó para que el servicio de Dámaris se hiciera conocido en la ciudad. A medida que llegan las consultas, surgen más ideas para seguir profesionalizando su servicio. Conocé su historia.
Dámaris es una cipoleña con dos hijos que se encuentra abocada a maternar. Sin embargo, el presente laboral hace que necesite de un mayor ingreso. Por una cuestión de tiempo y habilidades artísticas, se ha dedicado a decorar y pintar mates grabados. Además, realizó trabajos en pirograbado pero los tiempos cambiaron y las ideas se renuevan. Una experiencia familiary un servicio innovador en la ciudad de Cipolletti que se da a conocer en esta nota.
En diálogo con LM Cipolletti, Dámaris cuenta que -como casi todo en esta vida- lo que hoy es su emprendimiento tiene un origen más profundo.
De chica, tenía el pelo largo y se contagiaba de piojos con facilidad. Su papá se los sacaba siempre "con mucho amor y paciencia" pero a los 8 años él murió en un accidente laboral, y su mamá, atravesando ese duelo, no estaba en condiciones de hacerse cargo de esa tarea cotidiana.
Fue una tía quien un día se sentó con ella, le sacó todos los piojos y le enseñó a hacerlo sola, para no sumarle esa carga a su madre. Desde entonces Dámaris no paró: se los sacaba a sí misma, después a su hermano menor, más tarde a los chicos que cuidaba como niñera y a los hijos de sus amigas. Una costumbre familiar que, sin saberlo, se estaba convirtiendo en un oficio.
El emprendimiento nació de la manera más inesperada. Mientras cuidaba a los hijos de un familiar muy cercano —cuyos padres trabajan todo el día y llegan agotados a casa— la mujer no dudó en sentarse a sacarles los piojos. Su cuñado le confesó que a él le daba asco hacerlo. Ahí surgió la idea.
Se animó a publicarlo en redes después de dudarlo durante una semana, con miedo a las burlas o a que la criticaran por "hacer algo que les corresponde a los padres". Sin embargo, la respuesta fue el efecto contrario: felicitaciones, consejos útiles —como pegar carteles en jardines y escuelas— y hasta algún que otro chiste bien intencionado.
Entre los comentarios también hubo alguno fuera de lugar, acusando a "las madres de ahora" de vagas. Dámaris no se quedó callada: recordó que sacar piojos es tarea de ambos padres, y que muchas veces no es cuestión de pereza sino de asco, de cansancio extremo o de contextos mucho más difíciles: duelos como el que vivió su propia familia, posparto en soledad, depresión posparto, crianzas sin red de apoyo o jornadas laborales que no dejan tiempo para nada más que comer, bañarse y dormir.
Durante la visita retira los piojos y la mayor cantidad posible de liendres con peine fino y afirma: ''trabajo con paciencia, respeto y discreción''.
La extracción ayuda a eliminar los piojos que están presentes en ese momento, pero es importante entender que ningún tratamiento garantiza que un niño no vuelva a contagiarse.
En sí, el servicio consiste en una revisión minuciosa del cabello con peine fino, retirando piojos y la mayor cantidad posible de liendres, con paciencia, respeto y discreción. Dámaris aclara que ningún tratamiento garantiza que un chico no vuelva a contagiarse —dado el contacto permanente entre niños— por lo que recomienda un nuevo control entre 7 y 10 días después de la primera visita.
Precios:
Atiende en Cipolletti y zonas cercanas; para distancias mayores aplica un recargo según el costo del traslado. Las consultas y reservas de citas se pueden hacer al: 2995 21-3912.
Lo que empezó como una changa terminó convirtiéndose en un servicio con demanda real, sostenido en una historia de vida marcada por la pérdida, el amor familiar y la empatía hacia otras familias que, como la suya, no siempre tienen todo bajo control.
Desde la Sociedad Argentina de Dermatología, señalan que el piojo no salta y el contagio se da a través del contacto cabeza a cabeza, como el que tienen los niños en algunos juegos o cuando comparten un mismo sillón o una cama.
Para prevenirlos se recomienda evitar el contacto directo de cabeza a cabeza y no compartir objetos personales como peines, gorros o broches.
Eliminar los piojos del cuero cabelludo de los niños es una preocupación común entre los padres durante la época escolar. Y aunque en Latinoamérica se trata de una tarea que se realiza de manera doméstica, en Estados Unidos es algo que se puede tercerizar en personas discretas que van a tu hogar.
Un ejemplo de que se puede vivir de este trabajo es la historia de la ecuatoriana Eliana Ortega. Al mudarse de Ecuador a Estados Unidos, esta emprendedora detectó el potencial del negocio de sacar piojos y logró generar hasta 3000 dólares al día. Así nació Larger Than Lice, una empresa dedicada a eliminar piojos de manera efectiva, utilizando solo productos naturales.
Su servicio cubre los cinco distritos de Nueva York—Manhattan, Queens, Brooklyn, el Bronx y Staten Island—y también se extiende a los condados de Nassau, Suffolk y Westchester, además de algunas zonas de Nueva Jersey y Connecticut.