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Cinco claves para evitar una adicción que genera desde ansiedad y aislamiento hasta graves malestares por no tener el celular “pegado a la mano”.
En la actualidad, los teléfonos inteligentes se han convertido en una extensión del cuerpo humano. Cada vez más y cada vez más chicos, usan el celular a cada minuto y tanto de día como de noche. “Es increíble. Hay papás que me quieren dejar a su bebé de dos años o a los chiquitos de sala de 4 con un celular ‘para que no lloren’”, contó Carolina G., maestra de nivel inicial de una guardería del Alto Valle.
“Obviamente no permitimos el uso de pantallas en las salas, pero notamos que cada vez son más chiquitos y ‘están adictos’ a los videos, los jueguitos… y, quizá esto influye, en que pierden la capacidad de atención en un minuto”, advirtió Cecilia, docente de un Jardin Independiente de Roca.
Pero la problemática no reconoce fronteras etáreas. Adultos, adolescentes y niños pueden sucumbir ante la adicción a los celulares y los riesgos que pueden ir mucho más allá. “El terror, el miedo irracional a no tener el celular en la mano en todo momento o no poder estar en línea”. Se trata de la nomofobia.
Según los datos correspondientes a 2023 de la Unión Internacional de Telecomunicaciones el 78% de la población mundial de 10 años en adelante tiene un teléfono celular y el 67% tiene acceso a internet.
El trastorno, definido como el miedo irracional a estar sin un teléfono móvil o sin conexión a internet, se estima, de acuerdo con un estudio realizado por el Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad (CEETA), que afecta al 60% de la población mundial, lo que la convierte en una de las principales preocupaciones de salud mental de esta era.
“La nomofobia va más allá de una simple adicción al teléfono móvil. Mientras que la adicción al móvil se caracteriza por el uso excesivo del dispositivo, la nomofobia implica una respuesta psicológica intensa ante la posibilidad de estar desconectado. Los síntomas de esta condición incluyen ansiedad, depresión, aislamiento, dolores de cabeza y malestar emocional cuando la persona no puede acceder a su teléfono. Este trastorno puede afectar a cualquier persona, pero es especialmente prevalente entre los adolescentes, quienes son más susceptibles debido a su necesidad de aceptación social y su familiaridad con las nuevas tecnologías.” señaló la psicóloga Liliana Acuña (MP 4379).
El impacto negativo de la nomofobia se extiende a múltiples áreas de la vida diaria. Interfiere con los ritmos biológicos y las rutinas cotidianas, causando interrupciones en el sueño debido a la necesidad de revisar el teléfono durante la noche. Esta interrupción del sueño puede llevar a un bajo rendimiento académico y laboral, afectando directamente la capacidad de concentración y atención. Además, la dependencia al teléfono móvil limita las interacciones sociales cara a cara, conduciendo a un aislamiento social que puede dificultar la formación de relaciones genuinas y duraderas.
En este sentido, para reducir el riesgo de desarrollar nomofobia o gestionarla si ya se padece, se recomiendan las siguientes medidas diarias:
“Las causas de la nomofobia están profundamente arraigadas en factores psicológicos como la baja autoestima, la falta de autoconfianza y una necesidad intensa de perfección", sostuvo la especialista.
El tratamiento adecuado de la nomofobia puede transformar significativamente la vida de las personas. Al adoptar hábitos saludables y reducir la dependencia al teléfono móvil, se pueden mejorar las relaciones personales, aumentar el rendimiento académico y profesional, y fomentar un bienestar general. Cambiar esta práctica permite a las personas recuperar el control sobre sus vidas, reduciendo el aislamiento social y mejorando la salud mental y emocional.