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Capilla Histórica de Cipolletti, monumento de los años 1920 y 1930

Se construyó sobre terreno donado por el general Manuel Fernández Oro, fundador de la ciudad.

La capilla La sagrada Familia de Cipolletti es uno de los monumentos más antiguos que posee la ciudad: está ubicada en la esquina de Yrigoyen y Sarmiento. En 1922 se formó la comisión “Pro templo” presidida por la esposa de Fernández Oro, doña Lucinda González Larrosa. Al año siguiente se colocó la piedra fundamental en Yrigoyen y Miguel Muñoz. Debido a que el terreno era de pocas dimensiones, José B. de Lasa y su suegro, José Joaquín Esandi –hermano del primer obispo de Río Negro-, compraron y donaron toda la manzana donde se construyó.

El historiador Dehais da cuenta de que Guillermo Sbrolla, entre 1928 y 1932, trabajó con su suegro Del Ben en la construcción de la iglesia.

Según relato del libro Cipolletti, calles y espacios verdes realizado con el auspicio del intendente de la ciudad, del Concejo Deliberante, de supervisoras de Enseñanza media, profesoras, alumnos y a muchos vecinos que colaboraron para que se editara esta valiosa obra, se vendió el primer terreno para obtener fondos para la construcción de la Capilla.

Se terminó de construir en 1931: tiene un armonio del siglo XVIII. Dijimos que la edificación fue realizada por Jacinto Del Ben, con planos del ingeniero Federico Bence, quien envió desde Buenos Aires obreros para realizar la bóveda y loza del Coro.

Es importante destacar la presencia del Padre José María Brentana por su labor en esta capilla, párroco. Recordemos lo expuesto en otros escritos sobre el padre Brentana:

La vida del Padre José María frente a los indigentes y necesitados es un acto constante de amor de Dios. El Padre José María es el buen pastor del Río Negro y Neuquén. Todos, en la cabal extensión de esta palabra, recurrían a él en las necesidades y en las circunstancias difíciles más inverosímiles y encontradas, Le escribían desde los más encumbrados y linajudos personajes, hasta los más humildes desheredados, y hasta los más abyectos.

Su cuerpo era chiquito, su tez blanca, y era casi calvo: los pocos cabellos que tenía eran blancos y parecía muy viejito, pero era fuerte y firme. Sus ojos eran vivaces, pero de un mirar piadoso. Cuando hablaba parecía que lo hacía riendo. Nunca estaba enojado, siempre alegre como para infundir ánimo a los demás. Cuando caminaba era casi veloz, se deslizaba como un viento por todos los lados.(…)

Su presencia era requerida en todos lados: en el pueblo, en las chacras, en la campaña, de día y de noche, él no tenía horario para nada y no sentía cansancio jamás. Disponía de un sulky chiquito, con un caballito zaino. Nunca hizo excepciones con nadie. Para él valía la persona, no la vestimenta. Celebró el primer matrimonio de gala en esta iglesia parroquial en 1931: Antonio Turrín y María Manara.

Dos años después se comenzó con la casa habitación para el Párroco, anexada al Templo. En 1961 se dejó de usar como capilla. Fue refaccionada en varias oportunidades. En la década del 80 el municipio arregló las paredes exteriores e interiores, la torre, los pisos, el cielorraso de la nave y el ábside del altar. Además, se refaccionó el presbiterio y se construyeron las bases del nuevo altar y ambón.

Destacados profesionales trabajaron ad honorem como la arquitecta Adriana Alvaro. Se colocó calefacción central y revestimiento de paredes y columnas. Se reparó por zonas las filtraciones de salitre del piso, realizado por el Sr. De Genaro. La arquitecta Norma Moguillansky terminó con el laqueado. Los vitrales fueron creados por la señora Vilma Chiorini de Neuquén con lineamientos del padre Jorge Fernández Pazos.

Cuando se realizó la pintura final se logró una importante renovación, con lo que se concluyó con revivir la historia para misas diarias y distintas actividades del culto.

Esta es la breve historia de una Capilla que acompañó el crecimiento de una ciudad y que está en el corazón de los cipoleños que transcurrieron su vida religiosa en ella. Hoy los sigue acompañando como testigo de aquel incipiente poblado de los orígenes. Sus autores ya no están entre nosotros, pero su legado, firme y creativo, continúa.