La desaparición del policía Lucas Muñoz, en Bariloche, es un misterio cada vez más grande y todos los caminos para esclarecerlo parecen conducir a la Policía. Ayer, una vez más, el gobernador Alberto Weretilneck habló públicamente de sus dudas respecto de la investigación y los esfuerzos de autoridades y agentes por encontrarlo. “Algo no está cerrando, porque muchos se negaron a declarar. Falta colaboración”, cuestionó el mandatario.
En línea con las denuncias de la familia y la opinión de muchos vecinos, Weretilneck marcó el contraste del caso Muñoz con lo que suele ocurrir. “Cada vez que le pasa algo” a un uniformado, la Policía “se une y reacciona y hasta realiza acciones excesivas”, manifestó. Por eso, se mostró “sorprendido” ante la “pasividad” de la Policía tras la desaparición de Muñoz.
En diálogo con la prensa, el gobernador reconoció que “nadie niega de que un sector de la Policía de Bariloche esté bajo sospecha”. Mencionó “la adulteración del libro de guardia” en la Comisaría 42 y la presunta compra de un chip por parte de Néstor Meyreles. “Es grave que en democracia no se sepa qué pasó con una persona desaparecida y es más dramático aún que esa persona sea policía”, sostuvo en su paso por Bariloche.
En cuanto al desempeño de los efectivos policiales, el mandatario dijo que “hay personas que cumplen sus funciones adecuadamente y con creces y hay otras que deshonran su actividad”.
Weretilneck confió que todavía no hay una clara hipótesis con respecto a la desaparición de Muñoz, ocurrida hace más de 20 días. No descartó que el caso tenga vinculación a una red de drogas en el interior de la Policía o a la muerte de Micaela Bravo todavía impune, dos de las teorías instaladas en la comunidad. “Puede haber sido por cualquier motivo. Esperemos que Muñoz esté con vida. Es una situación muy grave”, resaltó Weretilneck tras dejar en evidencia que la Policía no lo busca con el esfuerzo esperado.