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Volver al nido: la historia del fabricante de escobillones

Se quedó sin trabajo y decidió retornar al oficio que le enseñó su padre.

Guadalupe Maqueda

maquedag@lmneuquen.com.ar

En diciembre de 2016, Gabriel Azcurra (39) perdió su empleo. No fue algo inesperado, porque el ajuste ya asomaba la cabeza desde hacía un tiempo y no era el primero ni el último petrolero desvinculado. La temida crisis había llegado también para él, pero le quiso dar otro significado. En pocos meses convirtió la dificultad en oportunidad y comenzó a escribir otro capítulo de su historia.

Luego de trabajar 14 años en el campo como petrolero, regresó a su casa y pudo compartir con su familia algo tan sencillo como la comida de todos los días, llevar a su pequeña de 5 años al jardín y asistir a los actos escolares. Volvió a estar cerca de lo que más quiere y recuperó el viejo oficio de escobero que su padre le enseñó cuando era un pibe. Hoy su emprendimiento tiene nombre: Cepillera del Valle.

Su padre marcó la huella cuando en 1982 comenzó a fabricar escobas de guinea. Luego se asoció con Olivetto Hermanos y forjaron una relación comercial que lleva 35 años. “Yo siempre le ayudé y cuando me quedé sin trabajo supe que iba a terminar haciendo esto”, contó Gabriel.

Con el dinero de la indemnización, compró máquinas, materiales y empezó a fabricar escobillones en el garage de su casa del barrio San Lorenzo, en calle Resistencia 136.

El 2 de enero adquirió una insertadora. También compró una plumadora manual que terminó de armar él y comenzó a hacer escobillones de plástico, dos modelos; aunque variando la base y la fibra puede fabricar hasta cinco prototipos distintos. “Es una máquina versátil que produce 120 escobillones por hora”, destacó Azcurra.

El proceso siguiente será automatizarla y computarizarla, pero por lo pronto puede hacer hasta dos escobillones por minuto, los que luego pasan por la plumadora para el acabado final.

Además, este emprendedor cipoleño fabrica a pedido escobillones a mano que se hacen con cerda natural (cola de caballo). Azcurra está esperando que llegue la madera que encargó para fabricar el cabo de los escobillones. También tiene en mente poner en funcionamiento otras máquinas paradas de su papá, quien en la actualidad se dedica a la fabricación de lampazos y plumeros. Ese es su fuerte.

“Siempre estuvo en mi cabeza hacer algo con esto y cuando empezó la debacle que ya veíamos venir, de varias opciones me decidí por volver al rubro de mi viejo. Yo crecí entre escobas, es algo que conozco desde que soy chico y con esto pude salir adelante. El problema que tengo ahora es que me limita el lugar”, expresó Gabriel.

Luego de fabricar los escobillones, Azcurra les hace un control de calidad, empareja las fibras, los pasa por la plumadora, arma las cajas, les coloca las etiquetas con código de barra y los empaqueta.

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Gabriel se equipó y compró materiales con la indemnización y arrancó la fábrica de escobillones en el garage.

“A la crisis que atravesé yo la veo como una oportunidad, porque algo nuevo se quiere generar y falta ese quiebre para que pueda surgir”.Gabriel Azcurra. Fabrica escobillones en el garage de su casa.

Necesita más lugar para producir

El garage le queda muy chico. Por eso, Gabriel pelea para conseguir un espacio para las pymes, de 300 a 900 metros cuadrados, en el parque industrial. “Es algo que ya hemos hablado, cuando todo el mundo está cerrando, yo tengo máquinas paradas de mi viejo, quiero producir más e invertir en una inyectora, pero no lo puedo hacer porque no tengo más lugar”, lamentó. El quincho de su casa también se convirtió en un depósito donde guarda toda la materia prima, las cajas y las bases de los escobillones.