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El Concejo Deliberante cipoleño se encamina a aprobar una ordenanza para designar a una plaza o espacio verde de la ciudad el nombre de Juan Carlos de Rioja, popularmente conocido como “el Gallego”, un vecino que supo ganarse el corazón de muchos por su forma de ser sencilla y su vocación por ayudar a los demás.
Precisamente, ese fue el fundamento central de la iniciativa que presentó Lorena Yensen, presidenta del bloque de Juntos Somos Río Negro, y que contó el acompañamiento de decenas de vecinos que firmaron el reconocimiento.
“Ser solidario no cuesta nada. Cualquiera que tenga un poquito de ganas y un teléfono a mano lo puede hacer. Hay que interesarse de los problemas de la gente, ayudar a solucionarlos. Total, que nos vamos a llevar de acá”, sostiene.
Admite que la distinción le genera orgullo, “no por mí, por mis cuatro hijos, mis cuatro nietos”, aclara con su tono campechano.
Actualmente empleado municipal, desde donde sigue colaborando con la comunidad, de Rioja tuvo una activa participación en la gesta del Cipolletazo, y es un fiel cronista de aquellos días gracias a su memoria que le permite recordar nombres, anéctodas y otros detalles.
También fue un reconocido corredor de rally junto a Osvaldo Lovagnini, con quien logró coronarse en la Vuelta de la Manzana a principio de los 90 primero con el recordado Volkswagen Gacel y luego con un Gol.
“Le corrimos de igual a igual a los cordobeses, que eran los mostros de entonces”, evoca.
Si bien nació en Plaza Huincul en 1945, se radicó con su familia en Cipolletti cuando aún era un nene y selló un amor enterno por la ciudad.
Hincha fanático del Albinegro, jugó en sus equipos de básquet y también supo ligar la institución con su pasión fierrera, al integrar la Subomision de Automovilismo que logró construir el autodromo ubicado en la Isla Jordán.
De hecho aún sigue poniendose al frente de la organziacion del certamen del Rally Regional que cada año pasa por caminos de la ciudad.
Según afirma él mismo, su vocación solidaria y hombría de bien la heredó de su familia y de los docente que tuvo cuando cursó el colegio secundario, en el Manuel Belgrano.
“El profe Salvador Antivero, la señora de Turrín; de Alonso que daba Historia), Torre Gomez en contabilidad; Pelletier” y tantos otros que nos enseñaron los valores de la vida”, recuerda De Rioja con un dejo de nostalgia.
Su gran mano en aquellos días tristes
Uno de los grandes gestos que se le recuerda a De Rioja fue el compromiso asumido en los años 2000-2001, cuando el país estalló política y socialmente, y la crisis arreció a buena parte de la población. Pero él se puso manos a la obra y creó la Mutual Rucalaf que asistió con alimentos, ropa, materiales de ortopedia y artículos necesarios a distintos barrios y vecinos más necesitados de la ciudad. “Son innumerables las acciones que ha llevado adelante y sigue realizando aún con el paso de los años, lo cual habla de su humanidad”, destaca la norma en aprobada en su homenaje.