La vuelta del tren sumará otro atractivo cuando el museo Cabus Trenes salga del polvo y comparta nuevamente la cultura ferroviaria que hoy atesora sobre tablones de madera desvencijados y puertas y ventanas que son restauradas, en la vieja estación cipoleña que cambia su fachada para volver a brillar.
Aunque hay mucho trabajo por hacer todavía para que abra sus puertas al público, ya convive con la boletería, a la que cedió una oficina para que pueda funcionar. “Estamos en el mejor lugar donde podemos estar”, dijo el presidente de la Fundación Cabus Trenes, Carlos Marandolo.
Avanzan a paso lento porque la empresa contratada para restaurar el museo por etapas ahora se aboca de lleno a los exteriores de la estación. Cuando termine con la fachada, retomará su trabajo puertas adentro.
Hay marcos, postigos, puertas y ventanas que ya fueron reparados o cerraduras que repusieron en su estado original, pero queda mucho por hacer todavía para que el museo pueda culminar con la primera etapa, que incluye tres arcadas para comunicar todas las instalaciones.
“Estamos muy atrasados porque se afectaron esfuerzos para la puesta en marcha del ferrocarril. La misma empresa que hizo la restauración externa trabaja en los interiores de la estación”, explicó. Calculó que el avance de obra ronda el 30 por ciento y anticipó que tienen por delante entre tres y cuatro meses más de trabajo para inaugurar parte de las instalaciones.
Cuando esto sea posible, la gente que vaya por el tren podrá disfrutar de la exhibición de una maqueta que recrea un tendido americano de 10 metros de largo, de la época comprendida por el centenario 1840-1940; otra pieza de 2,40 metros que reproduce la estación cipoleña de 1930 a 1960; y materiales que forman parte de la cultura ferroviaria.
En principio, Marandolo aclaró que las instalaciones que sean abiertas al público no estarán comunicadas directamente con el andén por temor al vandalismo. “Ya nos pasó una vez en la calle Mengelle. Hay que tener cuidado, porque después los errores cuestan caro”, recordó.
Los beneficios del tren
Marandolo siempre estuvo cerca de los trenes y con la fundación que preside procura difundir la cultura ferroviaria, sus materiales y el porqué del tren. Esto es, ilustrar su desarrollo territorial e inmobiliario y la comunicación de otra época.
“La gente del valle se formó con el tren”, sostuvo; y advirtió que su regreso a la región conlleva un esfuerzo muy grande para que pueda funcionar, ya que la herencia prácticamente se ha extinguido. “Se perdieron tres generaciones de cultura relacionadas con el tren que no se recuperan y son muy pocos los ferroviarios que quedan”, explicó.
No obstante, es optimista y recibe a las nuevas formaciones con los brazos abiertos. Con el tren, indicó, “se ahorra tiempo, es más económico y desarrolla el sentido de pertenencia”. Confió, además, en que la vuelta del Tren por el valle “genere una vena de cultura y comunicación importante”. Sobre todo, si logra llegar a Buenos Aires.