El ejemplar no se inquietó ante la presencia de la gente, ni siquiera cuando se le acercaron para tomarle fotografías. Se pudo observar que presentaba pequeñas plumas que se le desprendía y unas garras vigorosas con las que se aferraba a las tablas del respaldar del asiento cercano a la esquina de Irigoyen y Miguel Muñoz.
Otra curiosidad fue que desde las copas de los árboles se escuchaba un fuerte chillido, y un hombre mayor dijo que podría ser su madre.
La presencia del ave fue comunicada al área de Guardafaunas de la provincia.
Fabián Llanos, coordinador del organismo, explicó que individuos de esta especie suelen anidar en los edificios más altos, presumen tentados por la gran cantidad de palomas que abundan en esta parte de la ciudad, pues forman parte de su menú alimentario.
“Sus dietas son 100% aves, por eso cazan muchas palomas”, explicó.
De hecho, vecinos de un edificio aledaño notaron que desde hace algunos días se percibe que las palomas andan inquietas, y ahora deducen que podría ser por los ataques de la familia de halcones.
En este caso, Llanos expresó que se trata de un juvenil, y que habitualmente bajan para realizar prácticas de vuelo, por lo que posiblemente se hubiera detenido allí para descansar. Algo de eso pudo haber sucedido, porque poco después no se lo vio más.