Desde el Instituto Nacional de Escuelas Técnicas se definió el peso y las dimensiones que debía respetar el rodado, como así también las características del sistema eléctrico y el motor.
Los jóvenes pusieron manos a la obra a principios de año, asistiendo a los talleres en sus ratos libres. Según explicó Albani, a cargo del área de herrería y soldadura, el rodado fue construido en base a tres baterías eléctricas de 12 voltios cada una, que conectadas en serie consiguen triplicar la energía. Al motor sumaron un sistema de transmisión en cadena con el cual se logró conseguir una velocidad máxima de 40 kilómetros por ahora, el doble de la obtenida el año pasado.
La competencia, realizada en la ciudad bonaerense de Balcarce, reunió a 120 escuelas de todo el país, delegaciones de América Latina, y un grupo de estudiantes invitados especialmente desde la Guayana Francesa, quienes obtuvieron el primer puesto.
La carrera consistía en dar la mayor cantidad de vueltas en 2 horas, premiando al mayor rendimiento y la mejor velocidad. La delegación cipoleña debió abandonar la carrera antes del primer cambio de piloto, que se realiza a la hora de comenzada la competencia. "Tuvimos un problema eléctrico y las baterías se nos descargaron", explicó Albani.
Sin embargo, la construcción de autos eléctricos se va convirtiendo en una tradición del industrial del barrio San Lorenzo, y el modelo 2016 podría ser más veloz y confiable que el karting azul que representó a la ciudad en Balcarce.
Al verse impedidos de continuar, los estudiantes del CET 22 ofrecieron sus ruedas a la delegación de Viedma, que necesitaba un cambio para poder completar la carrera.
El equipo estuvo conformado por los estudiantes Fabián Melo, Bruno Valdebenito, Luciano Mesa, Alberto Riquelme, Abraham Contreras y Gonzalo Uribe, y los docentes Gonzalo Olguín y Darío Albani.