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Un cierre con todo confirmado

Cipolletti completó su semana de trabajo con tareas tácticas y algo de fútbol. Perilli tiene el equipo listo.
9 de Julio trabajó en Roca
El conjunto rafaelino espera en esa localidad por el compromiso ante los cipoleños y luego del arribo más el posterior descanso, fue turno para una práctica liviana y regenerativa en instalaciones del club Deportivo Roca. La principal noticia en «El León» son las ausencias de Cristian Devalis y Máximo Garanzini. Ambos probaron antes del viaje, pero el cuerpo técnico decidió que no viajen. El equipo formaría con Leonardo Corti; Cristian Gómez, Julio Martín Valli, Mario Nieva y César Riberi; Diego Valiente; Sergio Peralta; Maximiliano Zbrum y Pablo Andretich; Walter Ibáñez y Sebastián Alí o Lucas Aramayo.

Opinión


Por: ALFREDO CELANI

Los contactos entre Cipolletti y La Liga de fútbol del Neuquén generaron repercusiones, pero también preguntas.

Bastante revuelo ha generado en algunos sectores del balompié valletano la insinuación de dirigentes del club Cipolletti de emigrar hacia el ámbito de la Liga del Neuquén.
Con el argumento de cierta «incomodidad» por el tratamiento que dicen recibir por parte de la organización que hoy los cobija (Liga Confluencia) y alguna merma en los acompañamientos económicos que desde el Estado ha sabido recibir para solventar parte de los voluminosos costos de campañas en competencias de gran fuste, la dirigencia albinegra pone en el marco de una discusión casi polémica, una cuestión que quizá hasta podría ayudar a destrabar otras facetas que no son ajenas a la gran estructura deportiva de esta región patagónica.
Convendría, primero, volver un poco en el tiempo.
Un cuarto de siglo atrás, ya conformada la Liga Deportiva Confluencia (que integró a todos los clubes del Alto Valle rionegrino), la proyección y desarrollo conjunto que iba adquiriendo la zona misma en diversos rubros  y no sólo deportivos, inducía a imaginar proyectos renovadores y de mejor futuro.
En la década del ochenta, hasta los propios gobernantes provinciales y con «guiños» del área de Deportes de Nación, alentaron la idea de integrar al fútbol zonal. Como pasa con otras actividades deportivas (rugby, hóckey, tenis, básquet, automovilismo, etc.).
Hubo debates a granel y, en la mayoría, con posiciones muy convergentes a esa iniciativa.
Un fútbol de competencia unificada, distribuido en categorías (ascensos y descensos) parecía ser una buena opción. Hasta capitalizando  la simpatía que las comunidades de una amplia región (jurisdicción de ambas ligas) tenían por sus divisas.
En una palabra: un fútbol con más atracción que no se supeditase, exclusivamente, a aquel que podría tener gravitación en épocas de los recordados campeonatos nacionales. Se trataba de una propuesta integradora y con beneficios, si se pudiese, para todos. El plan avanzó bastante. Podría decirse hasta casi el momento de estampar firma y sello.
Sin embargo, hubo una traba, a la postre insalvable: una tan mentada «marca líder».
Por esos tiempos, la cúpula del club albinegro se resistió a «ceder» la sede de esa entonces imaginaria liga única valletana que iba a tener eje en Neuquén.
Fracasado eso, los intentos siguientes de torneos integrados jugando «por la gaseosa y el choripán» no sirvieron. Si no se juega «en serio», por los «puntos gordos», es inútil.
Hoy, el club Cipolletti se abre a una perspectiva diferente, novedosa y no exenta de generosidad. Jugar en la liga con sede en Neuquén. Tanto que hasta contrasta con aquella posición condicionante y rigurosa de hace 25 años.
En vez de reinstalar una nueva polémica y amenazar con cerrojos para que nadie salte el cerco; ¿no habrá llegado acaso el momento de volver a pensar con una visión amplia y productiva como aquella?
Por allí, quizá, comiencen a solucionarse los problemas de un fútbol alicaído y que entusiasma tan poco como sucede con esas competencias en la zona.